La cafetería de Elena

Capítulo 51 — Una noticia que hará volar al mundo

El viaje de regreso había sido completamente diferente al que Elena había imaginado.

Ahora caminaba junto a Marcos con una sonrisa que no podía esconder.

Habían pasado unos días lejos de la ciudad, habían hablado de todo lo que había ocurrido y, sobre todo, habían comenzado una nueva etapa.

Elena miró su mano.

El anillo brillaba bajo la luz del sol.

Todavía le parecía increíble.

—¿Todavía no puedes creer que estés comprometida conmigo? —preguntó Marcos mientras conducía.

Elena sonrió.

—No puedo creer que hayas tenido el valor de arrodillarte delante de mí.

Marcos soltó una pequeña risa.

—¿Y por qué?

—Porque eres el hombre más orgulloso que conozco.

—Contigo no puedo ser orgulloso.

Elena lo miró con ternura.

—Eso espero.

Cuando llegaron a la ciudad, Marcos ni siquiera quiso pasar primero por su casa.

—Vamos directamente a la cafetería.

—¿A la cafetería? —preguntó Elena.

—Sí. Quiero ver la cara de Tomás cuando vea tu mano.

Elena comenzó a reír.

—Pobre Tomás.

—Él se ha metido en demasiadas cosas de nuestra relación. Ahora tiene que enterarse de las consecuencias.

—Marcos...

—¿Qué?

—No empieces.

—Yo no he dicho nada.

—Pero ya conozco esa mirada.

Los dos comenzaron a reír.

Pocos minutos después, el automóvil se detuvo frente a la cafetería.

Elena bajó y respiró profundamente.

Había extrañado aquel lugar.

Las plantas, las mesas, el aroma del café...

Era su hogar.

Cuando entraron, Tomás estaba detrás del mostrador.

—¡Por fin! —gritó—. ¡Pensé que se habían ido de vacaciones y habían decidido no volver nunca!

Elena abrazó a Tomás.

—Te extrañé.

—Yo también.

Tomás miró a Marcos.

—A ti no tanto.

Marcos levantó una ceja.

—Qué amable.

—Estoy siendo sincero.

Elena comenzó a reír.

—Tomás, tenemos algo que contarte.

Tomás los miró a ambos.

—¿Qué hicieron ahora?

—Nada malo —respondió Elena.

—Eso dicen siempre antes de que mi vida se complique.

Marcos tomó la mano de Elena.

Entonces la levantó suavemente.

Tomás miró el anillo.

Se quedó completamente quieto.

—No...

Elena sonrió.

—Sí.

Tomás abrió los ojos.

—¡NO!

—Sí —repitió Marcos, divertido.

Tomás salió de detrás del mostrador.

—¡¿SE CASAN?!

Elena se tapó la boca para no reír.

—Estamos comprometidos.

Tomás comenzó a caminar de un lado a otro.

—¡Lo sabía! ¡Yo sabía que esto iba a terminar así!

Marcos sonrió.

—¿Así cómo?

—¡Con ustedes casándose y yo teniendo que escuchar todos los detalles!

Elena se acercó y lo abrazó.

—Te queremos mucho, Tomás.

—Sí, sí... pero primero quiero saber algo.

—¿Qué? —preguntó Elena.

Tomás señaló el anillo.

—¿Cuándo pasó esto?

Elena miró a Marcos.

—En el río.

Tomás abrió la boca.

—¿En el río?

Marcos asintió.

—Preparé una cena.

Tomás lo miró sorprendido.

—¿Tú cocinaste?

Elena soltó una carcajada.

—Sí.

Tomás se llevó una mano al pecho.

—Entonces esto sí es amor verdadero.

Marcos negó con la cabeza.

—Muy gracioso.

Tomás volvió a mirar la mano de Elena.

—Bueno... felicidades.

Los tres se abrazaron.

Durante unos segundos, todo parecía perfecto.

Pero Tomás tomó su teléfono.

Miró la pantalla.

Su expresión cambió.

—Eh...

Elena lo miró.

—¿Qué pasa?

Tomás levantó lentamente la mirada.

—Miren las noticias.

Marcos tomó el teléfono.

En la pantalla aparecía una noticia de última hora.

“MARCOS FERRER SE CASA CON ELENA: EL EMPRESARIO ANUNCIA SU COMPROMISO.”

Elena abrió los ojos.

—¿Qué?

Tomás comenzó a deslizar la pantalla.

—¡Hay otra!

“EL AMOR TRIUNFA: MARCOS FERRER Y ELENA PREPARAN SU BODA.”

—¡No puede ser! —dijo Elena.

Marcos sonrió.

—Parece que alguien nos descubrió.

Tomás soltó una carcajada.

—¡Al otro día van a estar hablando de ustedes en todas partes!

Y así fue.

A la mañana siguiente, la noticia estaba por todos lados.

Revistas.

Programas de televisión.

Redes sociales.

Portales de noticias.

Todos hablaban de la misma pareja.

MARCOS FERRER SE CASA CON ELENA.

Las fotografías de ambos comenzaron a aparecer por todas partes.

Elena miraba su teléfono sin poder creerlo.

—Marcos...

—¿Sí?

—Todo el mundo sabe que vamos a casarnos.

Marcos tomó su mano.

—Entonces ya no tenemos nada que esconder.

Elena sonrió.

Pero mientras ellos disfrutaban de la noticia, en otra parte de la ciudad, Victoria sostenía una revista entre sus manos.

Leyó el titular una vez.

Luego otra.

“MARCOS FERRER Y ELENA: COMPROMETIDOS Y MÁS ENAMORADOS QUE NUNCA.”

Victoria cerró los ojos.

Durante meses había intentado separarlos.

Había usado mentiras.

Había intentado manipular situaciones.

Había permitido que Fernanda se acercara a Marcos.

Había tratado de destruir la reputación de Elena.

Y aun así...

Elena había ganado.

Pero esta vez Victoria no gritó.

No rompió nada.

Simplemente dejó la revista sobre la mesa.

Respiró profundamente y dijo:

—Me rindo.

Por primera vez, Victoria entendió que no podía obligar a su hijo a dejar de amar.

Marcos había elegido a Elena.

Y ahora iba a casarse con ella.

Victoria tomó su teléfono y miró una fotografía de Marcos.

—Hijo... si ella es realmente la mujer que amas... entonces ya no voy a luchar contra ustedes.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Tal vez sea hora de aceptar a Elena.




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