11.- La aldea
Viren empuja con su enorme cuerpo a Cisi fuera del campo de visión de los guardias de palacio, que de todas formas no se les ve por esa zona. Cisi patalea e intenta zafarse mientras intenta recordar alguno de los hechizos defensivos que le enseñó el Alquimista pero su mente se bloquea presa del miedo.
- Deja de moverte – le ordena Viren cuando llega a las cuadras – no te voy a hacer nada, solo necesito salir de aquí.
El cazador parece tranquilo a pesar de todo, los guardias aun no deben haberse dado cuenta de su huida si todo está tan silencioso así que el plan está saliendo mejor de lo pensado. El pelo rubio de la sanadora se le mete en la boca cuando esta intenta darle un cabezazo de espaldas a él, sin mucho éxito.
- ¡Para! Si nos pillan por tu culpa, atente a las consecuencias. – su mano sigue cubriendo la boca de la sanadora – ahora voy a soltarte pero si haces alguna estupidez…bueno, será mejor que no te atrape de nuevo, aprendiz.
Cisi se gira furiosa hacia él mientras que Viren saca un collar de su bolsillo y en un rápido movimiento se lo pasa por el cuello a Cisi que abre los ojos de la sorpresa.
- Esto no era para ti – se aleja un paso y observa la piedra negra sobre la túnica blanca de la sanadora – pero te queda bien. Aunque es mejor ocultarla.
Acaricia la piedra antes de colocarla por dentro del vestido de Cisi con demasiada lentitud rozando la piel del pecho de la joven que se pone roja y furiosa al mismo tiempo que le saca la mano de su escote.
- Atrevido – intenta sacarse el collar pero su mano se detiene cerca de la tela como si una fuerza invisible la detuviera - ¿qué es esto?
- Sanuguita, una piedra que inhibe la magia de su portador.
Los ojos de Cisi se abren horrorizada.
- Lo siento, pero necesito salir de aquí y no puedo arriesgarme a que tu magia nos retrase.
- Quítame esta cosa – le ordena – y no saldrás de aquí con vida, no podrás llegar la salida de la ciudad, hay miles de soldado dispuestos a rebanarte el cuello.
- Eso no es problema, Sici.
- Es Cisi, Lady Cisi para ti. ¿Y cómo pretendes cruzar los patios y jardines hasta la salida de Palacio? Es una zona con mucha vigilancia. Además no tardarán en descubrir que les falta un prisionero.
- No sufras por eso, tengo una vía de escape. Tenemos, quiero decir.
Viren empuja con su pie un montón de heno que tapaba lo que parece ser una trampilla de madera, al abrirla Cisi ve el inicio de una escalera vertical cuyo suelo no alcanza a alumbrar las antorchas de su alrededor.
- No pienso meterme ahí – afirma segura de sí misma cruzando los brazos sobre su pecho -, si es un pasadizo no me necesitas para nada. Puedes salir sin mí.
- Oh, en eso te equivocas, eres la clave de mi plan.
En un movimiento demasiado rápido para los ojos de Cisi, Viren le rodea el torso con un brazo y agarra la tapa de trampilla con la mano libre, para a continuación saltar hacia el interior del pasadizo cerrando la tapa con un golpe seco tras de sí.
Cisi espera chocar contra el suelo y hacerse daño pero solo nota un ligero rebote proveniente del cuerpo de Viren que la deposita con suavidad en el suelo.
- ¿Estás bien? – pregunta soltándola – buscaré una antorcha.
La oscuridad la rodea por completo y empieza a temer que el plan de Viren no sea tan absurdo como pensaba.
- ¿Hacia dónde conduce este pasadizo?
- Espero que hacia el exterior de las murallas de la ciudad – Viren palpa la pared en busca de alguna antorcha – eso o tendremos que improvisar mucho.
- ¿Tendremos? Eso suena a demasiados. No pienso ayudarte en tu absurdo plan. Por cierto, ¿en qué momento me liberarás? Sea lo que sea que te trajo aquí, dudo que yo fuera tu objetivo. No sabías de mi existencia…
- ¿Siempre hablas tanto? – inquiere exasperado.
- Sí, todo el tiempo. Y como iba diciendo, ¿qué es lo que te ha traído aquí? ¿cómo has escapado de la celda? ¿te ha ayudado…- la pregunta queda a la mitad cuando la mano de Viren le cubre la boca.
- Oye, necesito que te quedes callada un rato. Me desconcentra tanto parloteo.
Cisi le aparta la mano y Viren vuelve a su búsqueda.
- Pues lo siento, pero no voy a facilitarte mi propio secuestro. Entonces, ¿qué es lo que te ha traído hasta aquí?
Viren gruñe y sigue palpando la pared encontrando por fin la antorcha, segundos después el pasadizo se ilumina.
- Vamos, no hay tiempo que perder.
El cazador se adelanta por los túneles mientras que Cisi lo sigue a paso ligero, él tiene las piernas mucho más largas por lo que la joven casi tiene que trotar para seguirle el ritmo. Las preguntas no cesan pero Viren las ignora casi todas e intenta concentrarse en encontrar el túnel correcto ya que el pasadizo se bifurca una y otra vez.
- El aire está más limpio por aquí – dice frente a una bifurcación – creo que este camino nos llevará fuera de las murallas.
- No pareces muy seguro – señala Cisi que está sentada en el suelo con la espalda recostada sobre la pared. Viren lleva intentando decidir qué camino coger más de media hora - ¿por dónde entraste la primera vez?
- Llegué por estos túneles, pero desde una entrada distinta, en el interior de la muralla.
- ¿Y cómo sabías que habia un pasadizo?
- Alguien dejó la entrada un poco abierta.
- El príncipe usa los pasadizos.
- Pues sería él. Un poco descuidado tu príncipe. Andando.