12.- Nira
Regis ha esperado a Cisi en la cueva hasta que sentía que la noche se iba acabando y daba paso a un nuevo día, entendiendo que la sanadora ha decidido no acudir a la cita y así poner fin a su breve relación, se encamina cabizbajo a Palacio relamiéndose por la herida del rechazo. No la culpa, él mismo entiende en la difícil posición que la colocaba y estaba casi seguro que el Alquimista lo convertiría en una rana verde y fofa si seguía rondando a su aprendiz; pero era la primera vez que se había interesado realmente por una mujer, la primera vez que había tenido ganas de ver y hablar con una mujer sin querer llegar a la parte sexual y le había gustado esa sensación.
Un revuelo en el patio de armas capta la atención del príncipe y este se encamina para averiguar qué ha ocurrido cuando las voces de Adalis resuena detrás de él.
A pesar de la escasa luz, Regis puede apreciar que Adalis va perfectamente vestido con su uniforme negro de la Guardia Real con el símbolo de un tridente dorado sobre el pecho. El maestro de armas se detiene cuando ve al heredero con ropa informal y con aspecto de no haber dormido en toda la noche.
Adalis intenta replicar pero se detiene cuando un guardia joven se acerca a ellos corriendo.
La zona de calabozos se encuentra tal y como siempre ha estado, no hay nada roto, ni siquiera la puerta de la celda donde se encontraba el prisionero, con la única salvedad de que las llaves de la misma aún se encuentran introducidas en la cerradura. Regis saca las llaves y las examina de cerca.
El heredero se pellizca el puente de la nariz cansado y se toma unos segundos antes de responder.
***
El Alquimista se despertó esa mañana con la sensación de que algo iba mal y no era por la fuga del prisionero que había alertado a la guardia real demasiado cerca de su ventana. Se preguntaba si el Rey no le había asignado la habitación que era más propensa a ser molestada por los entrenamientos matutinos de la guardia real con alguna segunda intención. No había mañana que la voz enfadada de Adalis no le despertase.
Como era ya costumbre miró a través de su espejo y vio que la mujer en la cueva no se movía, no podía verle la cara y la oscuridad le impedía ver la escena con claridad. Quizás debería ir de nuevo a ver que todo iba bien. No le apetecía que su presa fuese devorada por algún otro monstruo. Aún no.
Alguien llamó a la puerta con demasiada urgencia y el mal presentimiento comenzó de nuevo a rondarle la mente. Al otro lado se encontraba un joven guardia ligeramente pálido que parecía llevar corriendo un buen rato.
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Editado: 30.01.2026