La Caida de Urblux

12.- Nira

12.- Nira

Regis ha esperado a Cisi en la cueva hasta que sentía que la noche se iba acabando y daba paso a un nuevo día, entendiendo que la sanadora ha decidido no acudir a la cita y así poner fin a su breve relación, se encamina cabizbajo a Palacio relamiéndose por la herida del rechazo. No la culpa, él mismo entiende en la difícil posición que la colocaba y estaba casi seguro que el Alquimista lo convertiría en una rana verde y fofa si seguía rondando a su aprendiz; pero era la primera vez que se había interesado realmente por una mujer, la primera vez que había tenido ganas de ver y hablar con una mujer sin querer llegar a la parte sexual y le había gustado esa sensación.

Un revuelo en el patio de armas capta la atención del príncipe y este se encamina para averiguar qué ha ocurrido cuando las voces de Adalis resuena detrás de él.

  • ¡Buscad, buscad en todos lados y traedme a los soldados que lo custodiaban!

A pesar de la escasa luz, Regis puede apreciar que Adalis va perfectamente vestido con su uniforme negro de la Guardia Real con el símbolo de un tridente dorado sobre el pecho. El maestro de armas se detiene cuando ve al heredero con ropa informal y con aspecto de no haber dormido en toda la noche.

  • Alteza, ¿se ha enterado?
  • ¿Qué ocurre?
  • El prisionero se ha escapado – hace una pausa – ha debido ser durante la noche, no sabemos cómo lo ha hecho. Cuando el guardia que le tocaba el siguiente turno ha ido al calabozo, se ha encontrado la celda vacía y ha dado el aviso.
  • ¿Y los guardias que debía haber?
  • No sabemos dónde están – da un paso hacia Regis y baja la voz para que el resto de la guardia no los escuche – debe ir a sus aposentos, es peligroso que esté aquí con ese hombre suelto.
  • Soy el príncipe, Adalis, no me esconderé en mi habitación. Participaré en la búsqueda con el resto de la guardia.

Adalis intenta replicar pero se detiene cuando un guardia joven se acerca a ellos corriendo.

  • Señor, según los soldados de la entrada de palacio es imposible que haya cruzado las puertas de los jardines de entrada, han estado toda la noche vigilando. Es posible que siga escondido por aquí.
  • ¡Busquen en todas las salas, en las cuadras, en cualquier rincón donde pueda esconderse una persona! - el guardia se marcha y Adalis decepcionado -. Un prisionero se ha escapado de las celdas de Palacio y nadie ha visto nada.
  • ¿Cree que tiene algún cómplice?
  • ¿No es esa la conclusión más lógica? – pregunta como si no necesitase la respuesta.
  • No sé qué pensar. Desde luego es extraño, de esas celdas no se escapa nadie fácilmente. Creo que nunca ha pasado.
  • Voy a ir a ver la celda, quizás eso nos de una pista de lo que ha pasado.

La zona de calabozos se encuentra tal y como siempre ha estado, no hay nada roto, ni siquiera la puerta de la celda donde se encontraba el prisionero, con la única salvedad de que las llaves de la misma aún se encuentran introducidas en la cerradura. Regis saca las llaves y las examina de cerca.

  • Alguien lo dejó escapar. ¿Qué guardias estaban vigilando?
  • Marwert y Demsel, llegaron de Port Aurora hace unos meses, recomendados por su Rey y entraron en la Guardia Real por méritos en combate – responde en tono sombrío.
  • ¿Y ellos también han desaparecido?
  • Sí, los están buscando pero por el momento no aparecen. ¿Habló algo con él? ¿puede tener relación con la corte de Port Aurora?
  • Me dijo que venía de Iron Forge, no mencionó a ninguna otra ciudad que yo recuerde.
  • Si es lo que me estoy imaginando, hay que avisar al Rey. Debemos enviar un emisario a Port Aurora y solicitar la comparecencia de su rey. Eso o acusarle de traición.

El heredero se pellizca el puente de la nariz cansado y se toma unos segundos antes de responder.

  • No se acusa a un Rey por traición así como así, Adalis y mi padre no es un hombre impulsivo. Iré a hablar con él, cuando encuentren a los guardias desaparecidos deben traerlos ante mí inmediatamente.
  • Por supuesto, alteza.

***

El Alquimista se despertó esa mañana con la sensación de que algo iba mal y no era por la fuga del prisionero que había alertado a la guardia real demasiado cerca de su ventana. Se preguntaba si el Rey no le había asignado la habitación que era más propensa a ser molestada por los entrenamientos matutinos de la guardia real con alguna segunda intención. No había mañana que la voz enfadada de Adalis no le despertase.

Como era ya costumbre miró a través de su espejo y vio que la mujer en la cueva no se movía, no podía verle la cara y la oscuridad le impedía ver la escena con claridad. Quizás debería ir de nuevo a ver que todo iba bien. No le apetecía que su presa fuese devorada por algún otro monstruo. Aún no.

Alguien llamó a la puerta con demasiada urgencia y el mal presentimiento comenzó de nuevo a rondarle la mente. Al otro lado se encontraba un joven guardia ligeramente pálido que parecía llevar corriendo un buen rato.

  • ¿Pasa algo? – inquirió el alquimista terminado de abrocharse su camisa negra.
  • Señor, el Rey quiere verle. Hay un prisionero suelto por los terrenos y es mejor ponerle a salvo. Le espera en el salón.
  • Ah, eso – respondió con tranquilidad -. No me pasará nada, pero dígale al Rey que iré lo más pronto que pueda. ¿Lady Cisi ya se encuentra allí?




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