La Caida de Urblux

13.- El propósito de un héroe

Cuando Cisi abre los ojos en una habitación de la taberna un fuerte dolor le atraviesa la cabeza, se siente agotada, como si en el día anterior lo hubiera pasado a trote. Su último recuerdo es estar curando a Viren cuando fue herido por uno de los gules, la sensación de sentir como su poder salía de su cuerpo, vaciándola y dejándola indefensa.

Su primer instinto es buscar el collar de piedra y lo encuentra de nuevo colgado en su cuello, lo que probablemente signifique que el cazador está vivo y le sorprende la oleada de alivio que siente por su captor.

Siente los músculos agarrotados, como si llevara horas en la misma posición y decide levantarse, algo que lamente al instante porque enseguida su visión se nubla y debe sentarse de nuevo en la cama desvaída cuya madera cruje sonoramente, lo que indica que lleva demasiado tiempo siendo mobiliario de aquel lugar. Sus ojos recorren la habitación, es pequeña y austera pero el sol entra por una bonita vidriera que casi compensa el deplorable aspecto del resto de los muebles.

El olor a comida se cuela por debajo de la puerta y su estómago ruge con ansias por lo que se dispone a salir de aquella habitación cuando la puerta se abre lentamente. Viren se queda en el umbral observándola con lo que parece ser una expresión de sincera preocupación, lleva el pelo negro suelto sobre los hombros, lleva una camisa distinta a la que Cisi le recuerda, está limpia aunque parece tan antigua como el resto del lugar. El cazador acorta la distancia entre ellos y la agarra de los hombros.

  • ¿Cómo estás? Llevas mucho tiempo durmiendo.
  • Ayer estaba cansada, es normal – responde no queriendo decirle que por dentro siente como si le hubieran aplastado todos los huesos y ahora estuvieron creciendo de nuevo en su interior - ¿qué pasó anoche? – Cisi gira hacia un lado suavemente la cabeza de Viren para poder ver el cuello y buscar las cicatrices de las heridas que le provocó los gules, pero no encuentra nada, solo unas leves líneas rosas, lo que provoca que chasquee disgustada – generalmente no dejo ninguna marca, esta cosa que me has puesto en el cuello merma mis poderes incluso aunque no la lleve.

Viren la mira fijamente unos segundos antes de soltarla y poner más distancia entre ellos.

  • Llevas durmiendo día y medio, he intentado despertarse pero nada, solo seguías respirando pero sin conciencia.
  • ¿En serio? Ahora entiendo que me duela todo, esa cama es horrible.
  • Pero ¿te sientes bien?
  • Sí, más o menos, aunque estoy hambrienta.

El rostro sombrío de Viren no cambia y se limita a asentir levemente.

  • Le diré a Daril que te prepare un plato, hay sopa de cebollas, al parecer es el plato que mejor cocina. He probado otros dos – hace una mueca de disgusto – y espero que lo diga en serio.

El estómago le ruge ansioso y Viren emite una pequeña sonrisa al escucharlo. No le extraña tener tanta hambre si lleva más de un día sin comer. El salón de la taberna está abarrotado a diferencia de la primera noche en que estuvieron allí, parece que toda la aldea se ha reunido y cuando sus ojos se posan en Cisi, todos estallan en aplausos y gritos. La sanadora se abruma enseguida cuando una docena de hombres y mujeres se dirigen hacia ella intentando darle las gracias al mismo tiempo, tocándola, tirando de ella y casi gritándole palabras afectuosas.

Viren la empuja de nuevo a la habitación cuando nota el agobio de Cisi y cierra la puerta dejándola de nuevo sola. Minutos después entra con una bandeja llena de comida y una mirada de disculpa.

  • Ya les he dicho que aun estas recuperándote, han prometido irse pero tardaran unos minutos en hacerlo.
  • Viren, ¿Qué ha pasado? ¿por qué está toda esa gente ahí?

El cazador le pida que coma mientras se acomoda a los pies de la cama y Cisi empieza a comer.

  • Fue culpa mía lo de la otra noche. No estuve todo lo atento que debería y esas cosas se acercaron demasiado a la aldea, pensé que se alimentarían del ganado que hay cerca pero me equivoqué. Además solo detecté a uno, el otro me pilló a traición y me hirió, eso ya lo sabes, pudiste curarme pero te agotaste al hacerlo y te desmayaste. Con la ayuda de Daril, el dueño de la taberna, te trajimos aquí y te dejamos descansar. Todos los habitantes de la aldea vieron cómo me salvaste y muchos vieron como maté a esas criaturas, ahora somos una especie de héroes para ello así que estaban deseando darte las gracias.

Cisi asiente mientras devora la sopa y hace una mueca cuando nota el sabor demasiado salado de la sopa, pero aún así sigue comiendo con ansias hasta dejar el cuenco vacío y con la misma hambre que sentía al principio.

  • Nunca me había desmayado por usar mis poderes.
  • No es por la piedra, Cisi, es por haber usado tu magia conmigo. Se necesita mucha magia para curarme. Es algo que no deberías intentar volver a hacer, puede que la próxima vez te ocurra algo malo.
  • ¿Por qué? ¿qué tienes de especial para que mi magia no sea tan efectiva contigo? – inquirió Cisi más molesta que curiosa.
  • Ahora no, quizás en otro momento, pero ahora lo que me preocupa es habernos retrasado tanto.
  • Ah, sí, el secuestro – recuerda en un tono despreocupado-. Creo que deberíamos finalizar esta extraña aventura, yo me siento hueca ahora mismo y muy cansada, no voy a ser una buena compañera de viaje, solo te retrasaría.




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