Cuando Cisi abre los ojos en una habitación de la taberna un fuerte dolor le atraviesa la cabeza, se siente agotada, como si en el día anterior lo hubiera pasado a trote. Su último recuerdo es estar curando a Viren cuando fue herido por uno de los gules, la sensación de sentir como su poder salía de su cuerpo, vaciándola y dejándola indefensa.
Su primer instinto es buscar el collar de piedra y lo encuentra de nuevo colgado en su cuello, lo que probablemente signifique que el cazador está vivo y le sorprende la oleada de alivio que siente por su captor.
Siente los músculos agarrotados, como si llevara horas en la misma posición y decide levantarse, algo que lamente al instante porque enseguida su visión se nubla y debe sentarse de nuevo en la cama desvaída cuya madera cruje sonoramente, lo que indica que lleva demasiado tiempo siendo mobiliario de aquel lugar. Sus ojos recorren la habitación, es pequeña y austera pero el sol entra por una bonita vidriera que casi compensa el deplorable aspecto del resto de los muebles.
El olor a comida se cuela por debajo de la puerta y su estómago ruge con ansias por lo que se dispone a salir de aquella habitación cuando la puerta se abre lentamente. Viren se queda en el umbral observándola con lo que parece ser una expresión de sincera preocupación, lleva el pelo negro suelto sobre los hombros, lleva una camisa distinta a la que Cisi le recuerda, está limpia aunque parece tan antigua como el resto del lugar. El cazador acorta la distancia entre ellos y la agarra de los hombros.
Viren la mira fijamente unos segundos antes de soltarla y poner más distancia entre ellos.
El rostro sombrío de Viren no cambia y se limita a asentir levemente.
El estómago le ruge ansioso y Viren emite una pequeña sonrisa al escucharlo. No le extraña tener tanta hambre si lleva más de un día sin comer. El salón de la taberna está abarrotado a diferencia de la primera noche en que estuvieron allí, parece que toda la aldea se ha reunido y cuando sus ojos se posan en Cisi, todos estallan en aplausos y gritos. La sanadora se abruma enseguida cuando una docena de hombres y mujeres se dirigen hacia ella intentando darle las gracias al mismo tiempo, tocándola, tirando de ella y casi gritándole palabras afectuosas.
Viren la empuja de nuevo a la habitación cuando nota el agobio de Cisi y cierra la puerta dejándola de nuevo sola. Minutos después entra con una bandeja llena de comida y una mirada de disculpa.
El cazador le pida que coma mientras se acomoda a los pies de la cama y Cisi empieza a comer.
Cisi asiente mientras devora la sopa y hace una mueca cuando nota el sabor demasiado salado de la sopa, pero aún así sigue comiendo con ansias hasta dejar el cuenco vacío y con la misma hambre que sentía al principio.
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Editado: 30.01.2026