La Caida de Urblux

15.- La biblioteca del Rey

Ya había pasado más de una semana desde que Adalis y sus hombres marcharon hacia Mirror Lake en busca de Cisi y a pesar de las misivas que enviaba hacia Urblux, Regis no se sentía más aliviado. Mucho menos después de leer que el Alquimista se había marchado sin mirar atrás. El príncipe cada vez confiaba menos en las intenciones del brujo y si ni siquiera era capaz de ayudar en la búsqueda de su aprendiz, lo convertía en un ser miserable.

El Palacio se sentía especialmente silencioso esos días, solo estaban su padre y él, el cual había ordenado que cerraran los túneles dado que su existencia se había propagado como la pólvora y dejaba de ser seguro, por lo que si salía de Palacio debía ser como un príncipe, con escolta y sin nadie con quien poder hablar.

Tampoco es que el Rey fuese una buena compañía esos días, tras la euforia del compromiso con Nira, había vuelto a ser el hombre gruñón y algo taciturno en el que se había convertido desde la muerte de su esposa y madre de Regis. Aun no lo había superado y tampoco sabia como lidiar con el dolor de su ausencia. A Regis también le costaba, seguramente se hubiera emocionado mucho por su próxima boda, estaría de un lado a otro organizando el evento y volviendo loco al servicio, cambiando todo de sitio. La tarea de organizar el evento había recaído en la familia de Nira, que habían albergado la esperanza de que la boda se celebrase en Terassen, a Regis le costó contener la risa al ver la expresión de ultraje de su padre cuando la madre de Nira se lo propuso. Con más tacto del que creía capaz que un Rey poseía, les dijo que no y la negociación terminó en ese instante.

Su futura familia política se trasladaría la próxima semana, incluyendo a su futura esposa que parecía tan entusiasmada con la boda como lo estaba él. Reconocía que la actitud de la hermosa Nira le había herido un poco el ego. Al fin y al cabo, ser la prometida del heredero al trono era algo que todas las jóvenes habían querido y aunque no era tonto y por tanto consciente de que les atraía su título más que él, esas chicas se habían esforzado por hacerle creer lo contrario. En cambio Nira no se había pasado los días adulando su porte, su inteligencia o riendo sus gracias, más bien le había dado una lista detallada de cómo iba a funcionar su matrimonio. Por lo que a ella respectaba, su relación terminaría con el nacimiento de un heredero y así ambos podrían vivir sus vidas habiendo cumplido las expectativas de sus padres. Era una mujer práctica, buena calidad para una futura reina, pero no era la cualidad que él más admiraba en Nira y se reservaba sus pensamientos al respecto.

  • Mi príncipe, ha llegado esto para usted – un guardia extremadamente joven le tendió el pergamino que cada día le llegaba del viaje de Adalis en búsqueda de Cisi.
  • Puede retirarse, soldado…espere, ¿cuántos años tiene?
  • Catorce, alteza. Llevo en la reserva desde los doce, me ofrecieron el puesto en Palacio la semana pasada.
  • No suelen venir tan jóvenes.
  • No, pero…ya sabe, hay muchas bajas, Alteza, incluso en la reserva somos pocos.
  • Entiendo, puede marcharse.

Regis espera que el soldado desaparezca para que la preocupación se apodere de él. Con un mano sobre la barandilla de un balcón se apoya con el deseo de descargar todos los miedos que últimamente le carcomen el sueño.

Las criaturas están lejos de desaparecer y ante un enfrentamiento casi clandestino entre sus soldados y los gules, los suyos no van ganando. Port Aurora apenas envía soldados y Terassen no mandará más hasta que se haya celebrado la boda, y ya no hay forma de calmar al pueblo desmintiendo que el mal no se encuentra tras las murallas. Urblux es la ciudad más antigua del sur, ha resistido guerra de dioses, dragones, humanos y demonios, pero últimamente parece que el paso del tiempo le juega en contra. Se alejaron hace mucho de la magia, la negaron y no se prepararon para los enemigos que de ella surgían. Quizás eso fue un error, quizás sus enemigos actuales aprovecharon para tomarle ventaja.

Esperando mejores noticias que le levanten el ánimo, lee el pergamino escrito por Adalis:

Estimado príncipe, es el séptimo día de viaje, así que tardará otros 7 días en llegarle, espero que para entonces tengamos más suerte. El Alquimista no ha regresado, dudo que lo haga. En realidad agradezco que se haya marchado, ponía a los soldados nerviosos con sus historias sobre demonios y parecía disfrutar con ello.

No hay rastro de Cisi ni la han visto, quizás estén viajando a través del bosque y no por los caminos y posadas, eso hace nuestra misión prácticamente imposible. Somos un grupo reducido, apelo a su comprensión ante mi desánimo. He dado la orden de llegar hasta el puerto de Mirror Lake, si nadie ha visto a Lady Cisi, regresamos a la ciudad.

La noche pasada sufrimos un ataque de los gules, por suerte pudimos matarlos sin bajas, aunque hay un soldado herido. Viaja de regreso a Palacio con un mercader.

Espero que os encontréis bien.

ADALIS.

  • Regis – la voz de su padre suena detrás de él. El Rey tiene una túnica beis algo arrugada, el pelo no luce tan impecable como siempre y su rostro denota cansancio – acompáñame.
  • ¿Te encuentras bien? ¿llamo al médico?
  • No, estoy bien pero necesito enseñarte algo.




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