El sol del amanecer se filtró por la diminuta ventana de la habitación donde dormían Cisi y Viren. Para vergüenza de la joven, se mantenía aferrada al cuerpo de Viren, con el lado derecho de su cuerpo recostado sobre el cazador y un brazo rodeando su torso. Cisi miró por debajo de sus pestañas y, al notar que él ya estaba despierto (demasiado quieto para ser una postura natural y con los brazos tras la cabeza a modo de almohada), deshizo el «abrazo de oso» y se recostó sobre su lado de la cama, murmurando una disculpa que no obtuvo respuesta.
—¿Salimos ya? —preguntó ella minutos después, rompiendo el incómodo silencio.
—Sí, iré a buscar a Sultán —carraspeó Viren, incorporándose en un rápido movimiento. —Pediré que te traigan algo de comer antes de salir; no creo que podamos descansar hasta la noche.
Viren salió de la habitación sin mirarla y Cisi pudo sentir el alivio del joven, que prácticamente había corrido en dirección a la puerta. La parte buena era que él no podía ver el feroz rubor que se había extendido por la piel de la sanadora al recordar la postura que había adoptado durante su sueño. Se prometió a sí misma que la próxima vez optaría por dormir en el suelo o en la cuadra con Sultán.
Tras esperar un buen rato a que el cazador o su desayuno hicieran acto de presencia sin que eso ocurriera, Cisi salió del barracón en busca de su secuestrador, que parecía estar rehuyéndola; no estaba dispuesta a quedarse varada en mitad de la nada con un grupo de hombres poco confiables.
El sonido de una discusión atrajo el interés de Cisi hacia la explanada junto al puente que cruzaba el río. Parecía que todos los mercenarios del fuerte se habían reunido alrededor de Isar y Viren, quienes parecían ser la fuente del estrépito. Isar tenía el rostro lleno de sangre seca y barro, al igual que muchos de los mercenarios que allí se encontraban. El corazón de la sanadora se aceleró ante la visión de tantas heridas sin sanar; llevaba días sin usar su magia y la sentía rebosante en su pecho y en sus manos.
Cuando los mercenarios escucharon el sonido de los pasos de Cisi, sus cabezas se giraron en su dirección como halcones a punto de atrapar a su presa, lo cual alertó a Viren, quien dejó a Isar con la palabra en la boca e intentó, sin éxito, que Cisi regresara al barracón.
—Pero quiero saber qué está pasando —insistió la sanadora, asomándose por el hombro de Viren.
—Te lo contaré luego. —Viren colocó sus manos sobre los hombros de ella y se agachó ligeramente para estar a su altura. —Ahora necesito que te quedes en la habitación hasta nuevo aviso.
—No. —Cisi apartó las manos del hombre y se dirigió a Isar, que contemplaba la escena con los ojos entrecerrados. —¿Por qué estáis discutiendo? ¿Es que nadie va a responderme? ¿Y por qué hay tantos heridos?
Al comprobar que Cisi no solo no pensaba rendirse, sino que se colocó en el centro del círculo frente a Isar, el cazador se posicionó a su lado, pasando un brazo por los hombros de Cisi y lanzando miradas sombrías al resto de hombres en señal de advertencia.
—Esta noche un grupo de gules se ha acercado a las inmediaciones del paso; han atacado a la aldea más cercana y a un grupo de mis hombres que patrullaba —respondió finalmente Isar, mirándola por encima de su nariz.
—Y cree que nosotros tenemos algo que ver —aclaró Viren.
Cisi soltó una risita incrédula.
—¿Y cómo podríamos tener algo que ver?
—Nunca un grupo tan numeroso se ha acercado a esta zona; aparecéis vosotros y, de pronto, ellos también. Es una coincidencia extraña.
La noche de la batida en Urblux volvió a la mente de la sanadora, que sintió cómo un escalofrío la recorría al considerar la posibilidad.
—Llevamos viajando días y no nos hemos cruzado con ningún grupo de gules —respondió Viren a la defensiva—. Nuestro último encuentro fue en una aldea contra dos de ellos, y los maté.
Isar enderezó la espalda sorprendido, y no fue el único, a juzgar por el murmullo de asombro que se extendió entre el resto de los mercenarios.
—¿Tú solo mataste a dos de ellos?
—Sí, soy cazador de esas criaturas. No las atraigo, las mato. Mi esposa es sanadora; podrá ayudaros con vuestras heridas. No estamos aquí para haceros daño.
A juzgar por la expresión de desconfianza que se dibujó en el rostro de los hombres, Viren se arrepintió al instante de haber revelado ese dato. La magia no era bien recibida por regla general en el sur, y ellos se encontraban muy al sur.
—Así que una bruja... —Isar dio un paso hacia Cisi casi sin pensarlo, pero Viren la colocó detrás de él; el mercenario apretó la mandíbula, dirigiéndose a Viren. —Quizás eso es lo que buscan esas cosas.
A Cisi le sorprendió lo mal informados que estaban esos mercenarios y no pudo evitar sonar algo petulante cuando respondió a las insinuaciones de Isar:
—No persiguen brujas; persiguen sangre fresca humana. Vuestra sangre. A los gules no les gusta la de los brujos.
Isar se dispuso a replicarle, pero Viren decidió intervenir para evitar que la situación empeorara. Preferiría salir de allí sin tener que matar a un grupo de mercenarios que intentaran retenerlos; además, eso podría llamar demasiado la atención y desvelar su ruta al príncipe de Urblux, que de seguro aún debe de estar buscándola.
—No somos espías ni hemos venido a traeros problemas. Mi esposa es una bruja sanadora; se dedica a curar a gente herida y enferma, nada de lo que tengáis que temer. Yo soy cazador de monstruos; si necesitáis ayuda para acabar con ese aquelarre de gules, me ofrezco. Cisi cuidará a tus hombres durante el día y, a la caída del sol, saldré con vosotros.
—¿De verdad puedes enseñarnos a cazarlos en un solo día? —inquiere con escepticismo el líder de los mercenarios.
Esta vez fue Viren quien sonó petulante:
—¿Quién crees que enseñó a tu padre?
A Cisi le costó convencer a su primer paciente, ya que prácticamente salían huyendo de la sanadora en cuanto sus miradas se cruzaban. Algunos ponían alguna excusa, otros directamente se negaban como si el mismísimo dueño del infierno viniera a por ellos. A Cisi le resultaba cómico que esos mercenarios, que se enfrentaban a criaturas y asesinos, tuvieran tanto miedo de la magia.
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Editado: 12.04.2026