La Caida de Urblux

18.- El dragón. parte 1.

Un dragón.

Eso era lo que estaba viendo una estupefacta Cisi que no daba crédito. Los dragones desaparecieron hace años, siempre había rumores, cuentos y testigos que afirmaban haber visto a un dragón en el cielo recortado, pero solían ser niños o chalados la fuente de esa información, así que Cisi jamás se lo había creído. Era enorme, su piel parecía hecha de roca pulida y brillaba bajo la luz de la luna. Su cabeza, alargada y con una cresta llena de largas púas doradas que le recorrían la espina dorsal hasta llegar al final de su cola. Sus ojos, de un precioso ámbar, eran rasgados, enormes y terroríficos. Cisi quiso llorar, feliz por poder contemplar tal maravilla.

Hasta que el dragón escupió una bola de fuego en su dirección.

El calor abrasador chocó contra el escudo que Cisi había conjurado, los chillidos de los mercenarios que intentaban colocarse bajo su protección perforaron el oído de la sanadora, pero ese sonido no era nada comparado con el sonido de dolor que proferían los gules que intentaban trepar por los muros. El calor cesó tan rápido como había llegado y Cisi abrió los ojos para mirar a través de su escudo dorado y comprobar que ninguna cabeza de gul asomaba. Su mirada se dirigió hacia el cielo donde el dragón seguía sobrevolando, como un depredador vigilando su presa y aunque Cisi no podía estar cien por cien segura, las presas parecían más los gules que los humanos. Los hombres de Isar que quedaban en el claro se replegaron, intentando llegar a las puertas del fuerte que permanecían cerradas…y ardiendo.

Todo el muro de madera ardía y pronto se derrumbaría si Cisi no hacía algo así que sacó fuerzas de su interior para conjurar una ráfaga helada que apagó las llamas. Al menos una parte de ellas.

La parte baja seguía ardiendo y los mercenarios estaban atrapados entre el dragón y el fuego, así que bajó y con su magia abrió las puertas y acabó con las llamas que intentaban devorarlas. Los hombres corrieron hacia el interior pero un par de gules también y detrás de ellos, sobre el claro, se posaba el dragón, con unos impresionantes ojos ámbar y la mirada fija en Cisi.

Todo pasó demasiado rápido, el dragón abrió la boca para lanzar su bola de fuego mientras que Cisi volvía a conjurar su escudo y lanzarlo para proteger a los hombres que corrían en su dirección, por delante de los gules que pronto los alcanzaría. El escudo los alcanzó, a todos menos a uno, que junto a los gules fue alcanzado por el fuego del dragón.

El grito del joven rasgó el cielo y sus compañeros se detuvieron un segundo antes de continuar su carrera hacia el interior. Cisi cerró las puertas con su ultimo aliento y la última imagen del exterior era la del más joven de los mercenarios consumiéndose en llamas con un par de gules aferrados a su cuello.

***

Cisi despertó jadeando y con las pulsaciones a mil. Se incorporó tan rápido que se mareó y una mano fuerte la sujetó contra la almohada.

  • Tranquila – reconoció la voz oscura de Viren y sus ojos viajaron hacia él. Estaba magullado y una quemadura fea le recorría el brazo que apenas estaba cubierto por los jirones de su camisa – Todo ha pasado.
  • Viren, el dragón, había un dragón – Cisi intentó sin éxito levantarse porque el cazador volvió a retenerla sobre la cama con una sola mano – vi a un dragón.

La mandíbula de Viren se apretó y sus ojos se volvieron casi negros por una fracción de segundo, para luego recuperar su tono habitual.

  • El dragón desapareció hace horas pero tenemos otros problemas – masculló pareciendo muy enfadado.

La imagen de Breran ardiendo volvió a la mente de Cisi con un jadeo angustiado.

  • ¡El chico! No pude hacer nada, mi escudo no fue suficiente…
  • Estaba herido, en su pierna, por eso los gules lo alcanzaron. Además ya le habían mordido, se hubiera convertido en uno de ellos con el pasar de los días. Ahora date prisa, debemos salir ya.
  • ¿Por qué?
  • Porque la noticia de que un dragón ha aparecido en el sur viajará al norte en cuestión de días, tenemos que irnos antes de que los soldados de Urblux aparezcan.
  • Pero…
  • ¡TENEMOS QUE IRNOS!

Esta vez Cisi se apretó contra la cama porque por primera vez vio a Viren como alguien peligroso. No sabía si era por su expresión desquiciada, por el nerviosismo de sus gestos o porque es la primera vez que le gritaba, pero fuese lo que fuese, le provocó una gran inquietud. Viren cerró los ojos y tomó una bocanada de aire intentando tranquilizarse cuando notó el efecto que ha tenido en Cisi, odiándose por ello. Cuando los abrió, un atisbo de su mirada suave apareció.

  • Siento haberte gritado, no volverá a ocurrir. Ahora, por favor, vístete para que podamos marcharnos.
  • Necesito unos minutos a solas.

Viren asintió y se marchó a grandes zancadas de la habitación. La furia le corroía como la lava por una montaña mientras pensaba que nunca debió haber secuestrado a Cisi, nunca debió haberse fijado en ella. Pero había sido codicioso; cuando la había visto en los brazos de ese príncipe, con los labios hinchados, las mejillas sonrosadas y los ojos verdes tan brillantes que ni siquiera las esmeraldas podrían compararse, solo pensó que tendría que llevársela con él, y cuando supo que era la aprendiz del Alquimista, no pudo sino considerarlo como un designio del destino. Luego ella lo había visitado en la celda y todo había estado claro en su mente. En ese momento pudo ver que todo había sido un disparate y lo mejor habría sido devolverla al príncipe.




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