Elian arrastró a Sara a una tienda de antigüedades mientras el horror comenzaba: vieron a un hombre cuya cara se borraba mientras gritaba, ahogándolo en un silencio absoluto. La Basílica de San Marcos se doblaba como papel. Dentro de la tienda, la madera se sentía como carne blanda. Elian sintió que perdían su significado, como si fueran tinta barata en manos de un maníaco. La presencia de Thomas era una bota sobre sus nucas, recordándoles que eran simples personajes editables."