La piel de Elian empezó a caer como virutas de grafito, revelando líneas de texto que decían: ""Él no es real"". En el callejón, el ángel tocó a Sara y sus huesos se convirtieron en cristal transparente. El horror de ver su propia sangre detenida en venas de cristal le rompió la mente. Thomas no solo los mataba; los estaba convirtiendo en objetos decorativos de su propia locura arquitectónica, conectando el dolor de ambos a través de hilos de tinta."