La Caída Del Fausto Invierno

3

Reino de Versteck, Valle Ulrish

Dos semanas después, los elfos mayores de quince años en adelante, portan sus armaduras verdes, para esconderse mejor entre la forestación que esperan rodee el gran palacio. Los druidas van vestidos igual que ellos, ya que ellos no tienen armaduras porque jamás se esperaron algo similar; es más, no muchos fueron los que entrenaron en combate, y por ello irán atrás, cubriendo a sus aliados elfos de los ataques con sus dotes y afinidades en la naturaleza.

Akter se abre paso entre el batallón, yendo directo hacia el poni blanco con pocas manchas oscuras que le prepararon. El elemental carga puestas prendas de colores negros y morado oscuro; estos últimos son los que lo representan. La capa que se arrastra detrás de él, sobre la no muy abundante nieve es negra con violeta en la parte interior. Guantes de cuero, relucientes tal cual azabache. Su cabello poco ordenado, gracias al viento, se asemejan a las alas de un cuervo.

Fiodora se acerca a él para ayudarlo, recordando que Tadeus jamás había montado uno. Sin embargo, ha olvidado que es Akter, el legendario espíritu elemental del aire, el cual ya no la necesita como antes.

—Puedo solo —puntualiza Akter—. Ya no soy Tadeus.

Debía entender que las cosas no volverían a ser como antes, que Tadeus creció más rápido de lo que normalmente debió ser, y que ahora, un ser de milenios ha ocupado su lugar. Pero no volvería a ser un niño débil y pequeño ante tantos que le doblan de estatura.

No más Tadeus.

Solo Akter.

Akter se sube sin ayuda sobre la montura del poni de forma correcta. Sostiene las riendas con la mano izquierda, y con la que queda, acaricia la melena grisácea del mamífero suavemente, antes de colocarla sobre el pomo de su espada; la misma que usó en sus últimos momentos como Tadeus.

—Por donde sea que entremos —musita Ordin, montando su yegua marrón al lado del elemental— nos verán llegar.

—Lo harán —asegura, sin mirarle a la cara—. Pero no se lo esperarán.

Tomando las riendas con ambas manos, emprende un corto galope a unos metros de distancia de la armada. Se ubica a mitad del valle silencioso, con el arrullo de una brisa fresca. El sol está por ocultarse, y la poca calidez se desvanece, para darle más vigor al intenso frío que los arropará en menos de una hora.

Visualiza la gran ciudad en su cabeza, extendiendo los brazos delante de él, con las palmas abiertas, mirando hacia el frente. Tiene detallada toda la entrada del gran palacio.

Puede que Tadeus no haya visto ese lugar jamás, pero Akter ha pasado muchas veces por la Ciudad Capital de Mijdaight. En su forma astral, ha arrasado junto al viento por todo el mundo, porque él es el aire, y así como sus hermanos, son parte de su propio elemento y con él, han estado en todas partes durante todo este tiempo.

El elemental de aire toma parte de su poder y lo transfiere a poca distancia delante de él como una luz brillante amarilla que se expande y abre una grieta en el espacio que, al ver más allá, denota la vista de un par de puertas fundidas en hierro y bañadas de oro.

—Esa es... —Loras balbucea, pero está demasiado conmocionado que no está habilitado para continuar, así que Ordin termina por él, igual de asombrado.

—La entrada al palacio principal de Mijdaight.

—Nos va a teletransportar —murmura Fiodora, tan o más impactada que los otros a sus espaldas.

—¡Síganme! —exclama el elemental, con fuerza, echando a andar su poni en dirección a la luz.

—¡Vámonos! —clama Fiodora, empezando a correr en su yegua totalmente blanca, con Ordin y Loras a su lado. El resto manteniéndose cerca, aullando para que sus caballos se motiven a correr con más prisa.

Esto es... la insurrección.

Reino de Versteck, Mijdaight, Ciudad Capital

Hasta ahora, todo va muy tranquilo en la ciudad más grande y divina de los cuatro reinos; como siempre y era de esperarse. Por ello, los guardias han bajado la guardia en estos últimos años, aunque estén un tanto inquietos por esta nevada rara que se presentó hace casi dos semanas, cubriendo todo rastro de color con su fina capa blanca. Pero en algún momento, Arsedious y Guerrindor iban a unirse para reivindicar, en contra de Mijdaight y la tomarían.

Los guerreros toman por sorpresa a los guardianes de la ciudad. No están preparados y los atacantes se encuentran a menos de cien metros. Ocurre tan rápido que no pueden procesar que un niño de al menos cuatro o cinco años es el cabecilla de todo ese ejército de cientos cuando, con una fuerza que es antinatural, aquel pequeño elfo derriba con su poder los imponentes portones. Solamente él.

En poco tiempo la mitad del batallón de Akter ha irrumpido en el jardín principal del primer palacio. Los guardias tratan de defenderlo como pueden, pero es inútil, perderían. Por las obvias posibilidades de derrota, varios augures retroceden. Utilizan su magia, sus armas, pero los poderosos dotes de los druidas conectados con la naturaleza y las sorprendentes habilidades de los elfos con el armamento conquistan por encima de ellos.

Akter logra entrar en el vestíbulo, con Fiodora, Ordin, Loras y otros miembros élficos de clanes que no son del suyo, con algunos druidas cubriéndoles las espaldas.



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En el texto hay: guerra magica, mundofantasia

Editado: 30.12.2025

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