La Caída Del Fausto Invierno

4

Frontera de Versteck con Petra, Muro Surcabriznas

Luego del despertar de los cuatro, cada uno reconecta con su vitalidad como mejor les parezca.

Nerevin pasa mucho tiempo en el agua, nadando o a flote en un bote. Fenwer medita en el Desierto de Agniz, bajo el penetrante sol y la arena levantándose con el viento, manteniendo los ojos cerrados. Erdin viaja salvaje por la jungla, arrastrando los pies descalzos en la maleza o en su forma de lobo, conviviendo con los árboles y conectando con el suelo. Y Akter puede tocar las nubes desde la gran muralla que rodea todo Versteck, sentir la brisa fría que trae poco a poco el invierno eterno; el aire que inhala, el aire que expira.

El elemental de aire no huele presagios de victoria cuando abre los ojos, pero tampoco de derrota o, por lo menos, no por las siguientes décadas.

¿Cuánto duró la última guerra semejante? ¿Noventa años? Casi un siglo.

Esta temporada no tardará más de cinco años. El invierno en verano es la primera etapa en el primer lorán, la segunda serán los primeros ataques cuando ya no queden provisiones por culpa del frío y el pueblo quede débil ante la amenaza. Akter no puede predecir qué pasará en los siguientes meses, sólo sabe que, a partir del segundo lorán, empieza la primera batalla real contra los monstruos de la Sombra.

Nadie más que los dioses y los elementales saben que la Guerra Invernal es la continuación de la Guerra Sombría. Es mejor que varios permanezcan en la incertidumbre antes que alterarlos porque, como muchos recordarán, fue la masacre del milenio.

Todavía hacen canciones de esa fatídica época.

Akter bien tiene en mente que muy pronto se deben reunir los cuatro elementales para planear sus tácticas de combate y preparar una buena defensa, ni hablar de una estrategia digna de gloria.

Akter apoya las manos sobre el borde de piedra oscura, empleada para este muro que mandó a construir el consejo por las razones equivocadas. Mirando hacia abajo, la fosa cubierta de neblina, no puede ver nada allá abajo, ni al frente o los lados. Fácilmente podrían atacarle por la espalda, pero el hecho de que el dios de la Luz y la señora de la Oscuridad les concedieron la inmortalidad no provoca que vele por su bienestar, porque por lo único que se debe preocupar es por la vida de toda esta gente que pronto será escoltada a cuatro años del verdadero infierno sobre la tierra.

—Fue lindo nuestro descanso de cinco años —susurra, hablando con sus dioses—. Cinco primeros años que dichosamente aprovechamos para vivir la infancia que en noventa mil años no tuvimos, para conectar con emociones reales. Todavía no comprendo la razón de volvernos carne que siente, pero lo que sí... es que tienen un plan para nosotros más allá de derrocar al Señor Sombrío.

Akter nunca espera una respuesta pronta de sus creadores. Así es como ellos trabajan, es como enseñan a sus súbditos.

Les enseñan a creer en sí mismos, les enseñan a forjar su propio destino, aunque parezca que el suyo ya esté escrito.

Reino de Ninfei, Puerto Arkena

Al cumplirse un mes del despertar, Akter convocó a los otros tres. Primero llamó a Nerevin, porque ella sería quien los transportara a un lugar donde no los oirán y estarán en constante movimiento.

Las botas de la elemental de agua hacen crujir la madera vieja, mohosa y húmeda de uno de los muelles de Puerto Arkena. Su cabello rubio últimamente está rústico por andar siempre mojado y desprende olor a sal de mar, pero eso no la hace menos bella; tanto como la forma de una niña de casi cinco años le permite ser.

En este mes, Nerevin dejó atrás los vestidos celestes que solían ser el estilo de Heavily. Ahora, la elemental empezó a usar algo más rudo que las olas y tan oscuro como las aguas del Mar Prieto. Al pasar más tiempo en puerto, luego del mar, adoró la costumbre de usar sombrero tricornio: es la moda de la década y, para conectar más con sus iguales, decidió añadir el accesorio a su imagen.

Parece toda una marinera. Otros ignorantes la llaman "reina pirata", creyendo que sería una ofensa contra la elemental, sin embargo les salió al revés. Terminó por gustarle el sobrenombre.

—Majestad.

Dos marineros, ambos infantis, en el muelle se inclinan ante la presencia de la pequeña reina, y sólo se enderezan cuando Nerevin hace una señal para que lo hagan.

—¿Saldrá a navegar hoy? —Uno de ellos cuestiona.

—Así es —asiente e inspecciona el área, en busca de algo. Cuando no logra localizarlo, se vuelve a los marineros, cruzada de brazos—. ¿Mi barco?

—Zakarias, el efímero, lo llevó con Gronte a que le pusieran las velas que pidió —responde el más joven.

Nerevin ladea la cabeza y frunce el cejo. No hay otro Zakarias que conozca y sea efímero. Pero saber quién o no es no cambia el hecho de que dejaron a su suerte carne efímera vulnerable ante los depredadores.

—¿Solo? —el chico asiente con la cabeza. Ambos perciben que esa información no le cayó bien a la elemental—. ¿Y por qué no lo acompañaron? El cíclope podría aprovecharse de él.

Ante el regaño, ambos bajan la cabeza, avergonzados. A la rubia no le interesa qué tan arrepentidos están, solamente que Zakarias Doretty regrese a salvo.



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En el texto hay: guerra magica, mundofantasia

Editado: 30.12.2025

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