El Mar Prieto
A Metros lejanos de puerto Arkena, tal vez un kilómetro, la elemental de agua se teletransporta a sí misma, y con ella su barco. Hace uso del mar para crear un levantamiento de agua que cubriera la nave entera. Y en menos de lo imaginado, frente a ella había tierra a la vista. Ha llegado a su destino.
Una costa de Petra, Ciudad Emerald, en la que nadie más que Erdin, Akter y Fenwer la esperan secretamente. Mientras la elemental de agua se aproxima, ellos bajan a la playa para recibirla.
—No comprendo por qué hemos de hablar en el mar —masculla Erdin y contrae la nariz ante el aroma fuerte del agua marina, echando un vistazo con desagrado a la playa y más allá del horizonte que divide las olas del cielo—. Conozco montañas heladas, montes altos en donde podremos tener toda la privacidad que queramos.
—Ni siquiera sobre el mar estamos seguros, Erdin. —Akter responde, mirándola—. Sé que navegar no es de tu agrado, pero es la única forma de llegar al sitio exacto para platicar de nuestra misión confidencialmente. Sólo será una vez al año.
—¿Por qué no podemos simplemente aparecer ahí?
—Entonces cualquiera podría hacer lo mismo. Es un lugar impenetrable a nuestro poder, hermana.
—¿Cómo puede existir un lugar que no podamos cruzar? —Fenwer se adelanta a formar esa duda antes que Erdin.
—Así como nunca compartimos en la mesa de los dioses, no pudimos entrar en la Ciudad Plateada, ni tampoco pasar a su casa sin la invitación de Luz y Oscuro antes de renacer.
Akter se logra explicar con estos tres claros ejemplos, haciéndoles entender que existe lugar impenetrable en los cuatro reinos porque ha sido creado por los dioses, porque ni siquiera la psique es segura para comunicarse.
—¿Y cómo entramos si es imposible?
—Sólo se podrá abrir ante El Ala de Nerevin. Esa es nuestra llave. —En calma y pausa explica a la elemental de tierra.
Nerevin utiliza telequinesis para anclar el barco a la playa y desciende la rampa para que suban. Ella los espera en la cima de la misma con una sonrisa. La rubia se detiene más tiempo en mirar a su hermana.
—Imaginé que lo odiarías, por eso la traje hasta aquí.
—Imaginaste bien. —Secamente y helada, como la describen en tierra firme.
—Yo soy quien debería odiar el agua, Erdin —comenta el elemental de fuego, divertido ante el nulo entusiasmo de su hermana—. En teoría, el fuego y el agua no se llevan.
La niña de cabellera plateada se limita a cerrar la boca y no seguirle el juego al demonio juguetón en que se ha convertido su hermano de fuego. Extraña cuando solo era una llama candente y callada.
Dejan atrás sus huellas en la arena seca y las que se hundieron en la mojada para abordar la nave. Nerevin vuelve a elevar la rampa y con sus poderes empuja El Ala lejos de la playa.
La licántropo inspecciona curiosa el interior de la nave con sus ojos claros como reluciente agua limpia. Era de esperar que no pusiera buena cara, puesto que la alejan del bosque, de su elemento, donde se siente reconfortada y entera.
Pero esto es por una buena causa.
—Qué lindo tu barco, Nerevin. Él es impresionante —masculla la licántropo, con los brazos cruzados y de espaldas a los tres, terminando de admirar las velas oscuras con una N dorada bordada.
—Gracias. Y de hecho, es ella —corrije, a lo que con una ceja alzada, Erdin gira sobre sus pies para verla—. A los barcos se les dice ella.
—Ah. —Fenwer tiene la atención de los tres—. Ahora entiendo por qué el capitán del barco de la emperatriz Torilia le llamaba ella cuando me llevaban a pasear. No era un viejo loco después de todo.
Siguen el rumbo hasta que llegan al centro, rodeados nada más de que agua.
—Ahora, ¿qué hacemos? —Erdin pregunta a Akter.
—Esperar.
La licántropo no lo cuestiona. Su hermano, el primer elemento, sabe lo que hace.
Aguardan por más de cuarenta minutos, pero no se desesperan. Para que los dioses los escuchen deben esperar, como todos, hasta que acudan a su llamado.
De repente, las olas se sincronizan en contra del viento a varios metros del Ala, formando un remolino que se agranda con la ferocidad de una tormenta y la furia de gigantes.
—¡Llegó el momento! —Akter anuncia a sus hermanos.
—Akter, ¿qué hay del otro lado? —pronuncia Fenwer, sin embargo no contesta exactamente lo que espera.
—Tampoco lo sé.
❅
Reino de Fêanor, Desierto Agniz
Muy próximo a la Frontera Arsone, la que divide a Fêanor de Ninfei, hay una cabaña estrecha, aislada de las otras a las afueras de las aldeas y la ciudad. Allí vive una familia, una pareja de licántropos comunes y sus tres hijos varones. No muy lejos de esa casa, hay un campo abierto, en donde dos niños pequeños se persiguen, corriendo como liebres entre las flores y el alto pasto.
—¡Aryan, Benjamin! ¡No corran muy rápido! —Un muchacho más grande que ellos les advierte, sentado sobre una roca a una distancia cercana a la de los chicos.