La Caída Del Fausto Invierno

6

Reino de Petra, Wintherdown, La Mansión Rocosa

Un día después de la reunión de los cuatro elementales, Erdin aparece frente a la entrada principal de la mansión del príncipe Lukas. Las puertas gigantes de madera gruesa parecen doblegarse ante su pequeña figura y con un solo pensamiento hace que se muevan para ella, cediéndole el paso mientras no dejaba de caminar con pasos firmes. Cada persona que se encontraba en el pasillo se detuvo a reverenciarla hasta que la elemental saliera de su campo de visión. Las gotas de sudor frío que resbalan sobre sus pieles es la prueba externa del miedo en palpitar veloz de sus corazones.

Usualmente, Erdin ignoraba esas muestras de respeto ligadas al temor. Sin embargo, se encuentra especialmente irritada esta mañana, agotada de la gente que literalmente se tiraba al suelo para no correr el cruel destino a manos de la elemental de tierra. Rumores que ni ella misma sabe cómo tomaron forma, pero hasta el momento, Erdin no ha dado razones para dar miedo real, ni mucho menos ha lastimado a algún súbdito; lo mereciera o no. Es sospechoso.

Demasiado.

Se detiene con lentitud, a pocos metros del umbral que la lleva a los pasadizos de la mansión. Se queda allí por un instante, recordando las voces de sus creadores. Sus hermanos estaban allí también, y al igual que ella no cuestionaron ni protestaron. Harán lo que deben hacer sin vacilación. Y aún así, Erdin se arrepiente de no preguntar si valdría la pena al final.

—Dios de la Luz y Señora de la noche… —susurra para sí misma, no le importa quien pueda escucharla. Sus hombros están caídos, sintiendo el peso del destino que deberá enfrentar. Traga saliva con fuerza, comenzando a percibir un apretón en el estómago y una ligera capa de ardor en los ojos —. ¿Es esto… parte de su plan?

Por un momento, la elemental pensó en darse vuelta y decirles que no hagan eso, que no es necesaria la formalidad, que no deben tenerle miedo y no los lastimaría. Antes de encarnar en este cuerpo, Erdin no conocía la compasión o la empatía, aún le cuesta identificar lo que siente, cada emoción, pero siempre recurre a la frialdad. Apagar sus sentimientos hará más fácil todo.

Ella sigue su camino hasta el salón de estar, donde sabe que puede encontrar la mano derecha del príncipe cuando está descansando. Con la lectura relaja su mente y lo aísla de los problemas de la familia real de licántropos, aunque no lo suficiente.

Bredden levanta la vista de su libro al percatarse de los cortos y ligeros pasos de una criatura imponente. Coloca el libro sobre una mesa pequeña a lado del sofá y se pone de pie justo antes de que la elemental inundara el pequeño salón con su presencia.

—Mar… —Bredden sacude la cabeza, olvidando que la elemental le prohibió rotundamente a todos que la llamaran por el nombre que le dieron al nacer —. Perdón, Erdin.

La niña no se inmuta, le da igual, en especial porque él fue como su hermano mayor durante los primeros cinco años. Tiene en cuenta lo mucho que le cuesta, tanto a él como al príncipe Lukas, quienes cuidaron de ella desde que su madre se fue sin dejar rastros. Entiende que, a pesar de este rostro serio y mirada de hielo, no dejarían de extrañar sus cálidas sonrisas. No había nada que ella pudiera hacer al respecto.

—¿Lukas está aquí?

—No. Está administrando el refugio de Westers y luego irá al Bosque Ashbane para ver cómo van con la construcción del nuevo refugio.

—Eso está bien —murmura —. ¿Tienes un momento para hablar?

—Por supuesto.

Bredden toma asiento nuevamente mientras que Erdin se dirige al sofá mediano frente a él.

—Necesito pedirte un favor, porque sé que Lukas jamás lo aceptará.

Bredden puede sentir el vuelco que da su estómago y presiona la mandíbula, presintiendo que se tratará de algo fuerte, y que tiene mucho que ver con su misión en el mundo.

—El dios de la Sombra ha empezado a preparar el terreno para enviar a su ejército de monstruos y no podemos hacer nada para detenerlos… salvo luchar. —No le contará todo, ni siquiera los detalles clave, pero sí lo suficiente para que se se prepare física y emocionalmente —. Al final de este año, con el eclipse de la luna oscura, se revelarán entre portales y también… —suspira, sabiendo que este es un tema fuerte para él—. La barrera de Hidendom se derribará. Las Hermanas Sombrías quedarán libres.

El corazón del licántropo se saltó un latido y aceleró el pulso. Una ola de emociones y recuerdos aterradores le revolvió el vientre. Ese tema es el único que logra descolocarlo.

—¿Cómo es posible que pase?

—Quizá tu madre no te lo dijo, pero ese eclipse hace que la magia del dios de la Sombra aumente, y con él, el de su ejército. Eso las incluye a ellas. —Erdin se inclina hacia adelante —. Y eso también a ti… Saybrand.

El licano desvía la mirada. Ese nombre lo ha acompañado en cada desgracia que atravesó por culpa de esa secta.

—Sé lo que te hicieron y a los que más querías. —Ella toma sus manos y, por primera vez en semanas, Bredden reconoce el apoyo y la empatía en los ojos claros de la niña —. Yo estuve en cada paso. En cada tramo de tierra que levantabas con tus patas cuando corriste como lobo en el bosque a espaldas de tu madre, cuando debilitaste su campo de protección con nada más que su grimorio y un poco de suerte, o cuando encontraste a esa manada acampando en el Bosque de Raey y encontraste a tu otra mitad, así como todo lo malo que pasó después. Los he seguido a todos ustedes, a Lukas y a su familia también, sin intervenir porque era lo que tenía que suceder para que tú estuvieras aquí y ahora. Bueno… —Ella se endereza, bajo la mirada perpleja de Bredden, impactado por lo que ella acaba de revelar —. Ahora es tu turno de dejar que pase lo que tenga que pasarme para impedir que el Señor Sombrío y su ejército gane.



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En el texto hay: guerra magica, mundofantasia

Editado: 23.02.2026

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