La caída del sakura

Prólogo

El amanecer llegó de nuevo a la universidad yueguang. La luz del sol se filtró por las ventanas y hasta los dormitorios de los alumnos, cayendo un haz sobre el rostro de Wu Lian, el cual continuaba dormido sobre su cama, placido y desparramado en el colchón.

Al abrir los ojos, el joven notó que faltaba alguien, mas luego vio una nota al lado de su cómoda, en un pequeño buro que decía lo siguiente:

«Ya sabes que odio hacer filas. Fui a comprar el mandado de una vez y espero despiertes antes de las 8 para que pases por mí. Te esperaré en la entrada sur.

Nos vemos, baobei

PD. No vuelvas a dejar vasos con té al lado de la cama. Casi te quedas soltero o yo lisiado».

Lian río un poco ante eso, dijo un «duibuqi» a aire al ver el trapeador y el vaso en la tarja. Aunque seguía un poco adormecido, eso cambió cuando notó que faltaban 15 minutos para las ocho, por lo que de inmediato se duchó, se arregló mientras iba a la puerta y salió a toda prisa de los departamentos de la universidad para montarse en su moto e ir por su novio.

Muchos alumnos, en el transcurso al estacionamiento, lo reconocieron y saludaron con júbilo. La gente lo admiraba mucho por su amabilidad, determinación y talento tanto en el deporte como en los estudios. No habrá resultado ser el mejor, pero eso nunca lo desanimó, cosa que hizo a más de uno verlo como un ejemplo a seguir.

Por fin, el ingeniero subió a su moto y verificó en uno de los espejos que se viera bien con la ropa que Cha Ha-Joon había elegido para él. Recordó que le dijo: «parece que vistes como si en cualquier momento te fueras a correr una maratón. Esto se te verá bien por tu tipo de cuerpo». Así que, emocionado, quería darle una sorpresa a su novio, colocándose el casco e imaginando su reacción al verle tan diferente para él.

«Lo llevaré a desayunar fuera. Una cita sorpresa será muy romántico. Le va a encantar», maquinaba el castaño, encendiendo el vehículo y yendo a toda velocidad hasta el centro comercial de la universidad.

Aun faltaba una semana para iniciar el segundo semestre. La mayoría de los alumnos estaban desde hace al menos dos días ahí arreglando todo para su estadía en la casa de estudios. Los únicos que todavía no hacían acto de presencia de su grupo eran Ployshompoo Bumrungkit y Zhao Xiaohuan, pues deseaban aprovechar todo lo que pudieran con sus respectivas familias y amigos.

En cambio, Cha Ha-Joon y Xu Yuxuan regresaron de inmediato porque justo no querían estar en casa. Cada uno por distintas razones.

Por último, Wu Lian y Yang Hengwu se morían por verse. Todos los días hacían videollamadas, se enviaban correos electrónicos, se dedicaban canciones en sus historias de weibo y no había momento en el cual no estuvieran enviándose videos, memes y mensajes llenos de emoción acompañado de: «Ya quiero verte de nuevo».

La sonrisa en el rostro de Lian podía notarse a pesar de llevar el casco puesto, vio a lo lejos la entrada de los supermercados y a su novio parado ahí mismo, por lo que se concentró en ver la calle, acelerar y dar la vuelta a su motocicleta para frenar en seco y quedar justo frente a Hengwu, bajando su pierna, liberando su cabeza del casco con una mano y peinándose hacia atrás con la otra, manifestando una mueca de confianza y pícara hacia el matemático.

Zaoshanghao, baobei —emitió con confianza el ingeniero, visto el rostro tranquilo de Hengwu.

Ohayo, Wu-Kun —saludó Kazuhiko, quien estaba detrás de Hengwu con los demás miembros de Sakura meiru, lo que le generó una vergüenza abismal al joven, haciendo que se cayera con todo y moto, sonrojado a morir.

—¿Estás bien? —cuestionó Hengwu un tanto decepcionado mientras veía al hombre ocultado su rostro en el asfalto.

—¡Olvídate de eso! ¿No se rayó la moto? —secundó Kichiro, acercándose Hengwu al «accidente» luego de poner los ojos en blanco y denegar con la cabeza, colocándose en cuclillas para ayudar a Lian.

—Vamos, que está empezando a hacer calor. —Lian no respondió. De verdad estaba muy avergonzado. —Si sigues actuando así, más vergüenza vas a pasar. Es mejor que ya te levantes.

—¿Por qué no me dijiste que estarían aquí? —dijo en voz baja, todavía sonrojado.

Gomen ne, Wu-chan. No era nuestra intensión molestarte —aclaró Arika, sacando su lengua y agachándose un poco para ver al ingeniero.

—Nos topamos por casualidad. Hengwu nos ayudó a calcular nuestras compras. Es en verdad una calculadora humana —agregó Akane, lo que hizo suspirar a Hengwu.

—Te ves muy guapo con esa ropa. Ponte de pie para que te pueda ver bien, baobei. —Esas palabras lograron que el joven de inmediato se levantara, lo que iba a ocasionar que la moto volviera a irse en contra del suelo, sujeta de inmediato por Kichiro antes del golpe.

—¡Bakayaro! ¿Qué te pasa? ¡No maltrates tu moto! —enunció con un pesado acento, lo que impresionó a los novatos y sonrojó al japones.

—¡Sa! Será mejor que dejemos a los tortolitos solos. Pediremos un auto hasta el negocio. —En eso, Lian notó que llevaban muchas cosas, por lo que no tardó en ofrecerse.

—¡Esperen! Puedo llevar sus cosas en la moto hasta allá. Si no es mucha molestia, será mejor a que pidan un auto —explicó el deportista, lo que hizo sonreír a los mayores.

—Yo les sugerí eso. Por eso te esperábamos. Gracias, grandote —confesó Hengwu, subiendo todo lo que pudieron en la moto y arrancando Lian hacia allá.

Sakura meiru era un pequeño puesto que estaba construido en una zona central del campus. A penas a unos 15 minutos caminando del centro comercial, por lo que no hubo problema para Lian en llevar las cosas. Al poco tiempo, los demás llegaron cuando ya todo estaba descargado. Arika abrió las puertas y los jóvenes se ofrecieron en apoyarles también en meter la mercancía al lugar.

Una vez que terminaron, la mayor tomó unas paletas de la nevera y las repartió a todos, notando Lian que había muchas fotos en una pizarra que estaba cerca de la entrada a la parte trasera del local, en donde se podía ver a los senpai bastante diferentes frente al local en cuestión.




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