La caída del sakura

Primer pétalo: Cambios

06/01/2021

Las cosas eran muy diferentes entonces. La pandemia había golpeado al mundo y las personas estaban asustadas, no querían siquiera salir del país. En caso de Zhongguo, hizo un trabajo espectacular en contener y erradicar la enfermedad. Tanto así que, para este año, sólo había casos aislados dentro de la ciudad en donde se encuentra la universidad. En los demás estados, las medidas habían sido menos duras, lo que provocó que la enfermedad no sea tan bien controlada.

Por nuestra parte, hubo un fuerte numero de casos al inicio, pero las cosas se pusieron bastante tranquilas una vez que pasó el primer año. Los conciertos regresaron, al igual que las salas de cine, centros comerciales, gimnasios y de más sitios públicos. Cada vez que un restaurante admitía gente otra vez, en Japón festejaban como si fuera año nuevo. Fue algo increíble de vivir.

No obstante, las escuelas jamás se detuvieron. Estuvimos apenas dos meses en línea, y luego nos permitieron ir a la mitad de los alumnos un día, y la otra mitad el siguiente, y así sin descanso. Los días que no asistíamos, de igual manera estábamos en línea. Fue una tortura que no muchos resistieron.

Lo bueno es que, al final, la graduación si pudo ser presencial. Junto con ella, la premiación.

—El primer lugar se lo lleva Yamashita Kazuhiko, con un promedio perfecto —. El anuncio del director hizo que todos aplaudieran. Llevábamos cubrebocas, así que no vi quien se alegró mucho o quien volteó los ojos. Lo que sí es que, ya en el palco, tomé el micrófono y dije un par de palabras que recordé todo el semestre siguiente.

—No importa los retos que nos pongan enfrente. Lo importante es no olvidar cual es nuestro objetivo y luchar por él sin importar lo que cueste. —Vaya imbécil.

Estudié como loco ese verano. Estaba que explotaba de estrés en cualquier momento, porque siempre aspiré a unirme a la yueguang, la universidad más prestigiosa de este lado del mundo. Sabía hablar muy bien mandarín, tenía mis papeles listos y me aceptaron para presentar el gaokao, sólo quedaba ir, participar y esperar lo mejor, que fue lo que pasó.

A los dos meses, los resultados llegaron a mi casa. Quedé sin problemas dentro, mandado un uniforme color verde limón de orillas doradas, lo que significaba que fui de los mejores en el examen.

Sin más, me despedí de mis padres, quienes me desearon éxito, tomé el avión y llegué hasta zhongguo, a la famosa yueguang.

«Es más grande de lo que imaginaba», me dije a mi mismo al recorrer el campus con el uniforme bien puesto y mis gafas nuevas que estaba estrenando. Vi a alumnos de todas las facultades por doquier. La mayoría se notaba que eran oriundos del lugar, salvo algunas excepciones.

—¡No puede ser! ¿Kazu-chan? —reconocí la voz de inmediato y cerré los ojos al igual que aprete los labios en decepción. No podía creer que también había quedado en la universidad.

—¿Tanaka-san? —cuestioné al voltear, notando a la chica de cabello oscuro y sonrisa maliciosa frente a mí.

—¡Claro que eres tú! No puedo creer que hayas venido hasta acá en lugar de irte a meiguo —expresó la mujer, bastante animosa y acercándose para darme unas palmadas un tanto fuertes en el hombro.

—N-no me gustaría irme tan lejos. Además, siempre había estudiado mandarín.

—¿Qué? ¿Desde cuándo?

—¿Tú sabes? —Aquello provocó que la chica pusiera los ojos en blanco y se molestara.

—¿De qué hablas? Fui la líder del club de caligrafía e historia toda la secundaria. ¡Por supuesto que sé hablar mandarín e, incluso, cantones! Sigues siendo igual de despistado, otaku. —Su voz pasó a ser amenazante, además que se acercó mucho a mi rostro, lo que me puso todavía más nervioso.

Yo me había encogido de hombros, juntado mis brazos por enfrente de mi cuerpo y retrocedido un poco. Lo que menos deseaba era problemas ahora que acababa de llegar, pero parecía que me estaban siguiendo.

—¡Oigan! Los nipones de allá —gritó una joven que parecía estar un tanto asustada—. Hay un sujeto que habla como ustedes allá causando desastres y parece que no nos entiende. No escucha razones. —La explicación provocó que más estudiantes nos llevarán a ambos hasta la plaza principal del auditorio manyue, en donde se encontraban reunidos muchos novatos, viendo la escena en particular.

—¡Kusogaki! ¿Cómo te atreves a insultarme de esa manera? ¡Retráctate! —enunció el joven de cabello rubio teñido, el cual tenía un fuerte acento y uniforme color negro, sosteniendo a un tipo mucho más alto que él de la playera, al cual, aunque parezca increíble, había levantado unos centímetros del suelo, aunque tuvo que estirarse por completo para hacerlo, hasta se puso un poco de puntas. Sin el contexto, se veía algo cómico.

—¡Ya suéltame, ridículo! Mejor tírame un golpe para que te largues de una vez, delincuente —incitaba el tipo de uniforme blanco, justo cuando llegamos.

—¡Es él! Díganle algo —pidió la muchacha, a lo que, luego de verlo, de inmediato supimos quién era.

—¡No puede ser! Es Sato Kichiro, el líder de las pandillas de Kanto. ¿Qué demonios hace aquí? —mencionó Akane, lo que me impresionó.

—¿Ta...también lo conocen en Kioto? —pregunté sin creer lo que escuchaba.

¿Eeeh? ¡Claro que lo conocemos! ¿Acaso crees que no sabríamos de él sí tu que estás más lejos, y muy cerca de mí, lo conoces?

—Bueno, es verdad que Osaka y Kioto están muy cerca. S-sólo que me impresiona que exista alguien así. Además, su uniforme es de orilla plateada.

—¡Oe! ¿Qué hay con eso? El mío es bronce.

—¿Eeeeh? ¡No lo sabes!

—No sé qué tanto hablan, pero hagan algo. Por favor —insistió quien nos llevó ahí al escucharlos hablar en su idioma natal, notado cómo Kichiro levantó una mano para golpear al sujeto, lanzado su puño y detenido por un tercero, el cual dejó a todos sin habla, callada la onomatopeya de la impresión.

—Es suficiente. —Aquel era un alumno también de medicina, pero se notaba mayor que nosotros, con seis estrellas en su uniforme. Todas hechas de diamante excepto una de ellas, que era dorada.




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