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El primer día de clases luego de la ceremonia comenzó...
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–¡Wow! Chotto matte! ¿Vamos a dejar que los kohai se queden con la idea que les metió Kazu-kun de nosotros? ¿Estás de acuerdo Akane-chan? –cuestionó Kichiro aún ofendido por como lo percibió en un principio Kazuhiko.
–Pues sí creo que se pasó, pero es su visión. ¿Qué importa si ya no somos así?
–Demo... ¡Ahhhhh! No es justo. En ese caso hubiera hablado yo primero –respondió el castaño a su amiga.
–Ni siquiera eres bueno contando historias. Yo debería ser quien cuente el inicio.
–Nani? Claro que no. ¡Yo fui el más afectado!
–¿Ehhh? A mí me pusieron como una grosera
–¿Y A MI CÓMO, BAKAYARO?
–ESUTOPU! –grito Arika, para luego suspirar resignada–. ¿Cuánto tiempo tienen? Estos tienen ganas de contar toda la historia de Riben.
Tanto como Lìān y Héngwû se vieron el uno al otro y sonrieron al mismo tiempo. Era obvio que sus pensamientos se habían sincronizado.
–Ya vamos a comer.
–Aún no hay clases.
–Nos quedamos –dijeron el ingeniero, luego el matemático y al final ambos, lo que alegró a Arika.
–Subarashii ne! Kichi-chan primero –enunció la mayor, provocando que Akane girará los ojos y el castaño riera, para luego sacarle la lengua a la de cabello oscuro largo.
–Todo lo que Kazu-kun dijo sobre mí está mal. Arika, Number i, «G.O.A T.», onegai. –La líder de inmediato puso la canción de fondo, a la par que Kichiro continuaba. –Fue mucho más que eso... –Inició el hombre, lo que hizo a sus palabras imágenes para los menores.
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Es cierto, me gané una muy mala fama en gran parte del país. Yo creo que no sólo era el más grande pandillero de toda Kanto, sino de Riben completo. No había un sujeto que pudiera con mi fuerza o poderío.
Luchaba a mano limpia, con bates, cuchillos y muñequeras. Le gané a los que practicaban karate, kendo, judo y cualquiera cosa que haya por en medio.
Burodi Sato, sí, ese era mi apodo favorito, porque mis puños, cara y ropa terminaban manchadas con la sangre de a quienes me enfrentaba, aunque no era todo color rojo como me gustaría.
–¡Kichiro! ¡Ya no podemos estar pagando por los gastos médicos de otro niño al que golpeaste! ¿Qué piensas hacer el día que de verdad mates a alguien? ¿Por qué no piensas un poco? –decía mi madre mientras yo estaba improvisando unas líneas en mi habitación, parada ella en la entrada.
–Wakatayo, Okasan. Wakarimashita, Atarashii Obasan! –respondí rapeando, observado el rostro viejo y molesto de la señora.
–¿Qué tontería acabas de decir? ¿Al menos la escuela va bien?
–Mira tú misma. Sin problemas –mostré mis notas, las cuales todas eran arriba de noventa.
–Te iría mucho mejor si pusiera un poco de empeño. Eres muy inteligente, Kichiro, y lo desperdicias dándote golpes con otros. Uno de estos días te pueden golpear en tu brillante cabeza y ni siquiera eso tendrás. Yo estoy vieja, tienes razón, y pronto entrarás a la universidad y te volverás un adulto. ¿Ya sabes a dónde quieres ir, al menos? –En ese momento, tomé mi móvil y se lo lancé, atrapado en el aire por ella, visto mi destino.
–¿¡Yueguang daxue!? ¿Hontō ni?
–¡Hm! Me cansé de golpear gente...
–¡Ahh! Yokatta...
–¡Ahora quiero hacerlo en Zhongguo! –aseguré al hacer una última pose y reír ante ella.
La mujer, cuya sonrisa desapareció en un instante, acomodó su kimono y se colocó en el suelo para hacer una reverencia completo en mi dirección.
–Kami-sama.... Dōshite? –cuestionó sin despegar la frente y las manos del suelo.
–¡Párate, Okasan! ¡Tampoco exageres!
Al día siguiente fui a presentar mi HSK y solicitud de entrada a la universidad al director de mi colegio, cosa que el anciano no se tomó nada bien.
–Ammm... Sato-kun.
–Hai? –respondí desparramado en la silla, sin siquiera verlo, con una cara de aburrido.
–¿Por qué quieres irte a estudiar tan lejos? ¿No sería mejor estudiar en una universidad cerca...?
–¿Huh? ¿Por qué? ¿Cree que no soy capaz de aprobar el Gaokao, Jiji? –interrumpí de forma amenazante, lo que puso más nervioso al director.
–I..ie... Es sólo que me parece raro que quieras abandonar a todos sus amigos. Sólo tu irás, apenas un puñado de nipones logran pasar el examen. ¿Lo sabías?
–¡Hm! Ya lo sé. Ni modo... –respondí un poco triste y relajándome de nuevo.
–Sato-kun. Sabes que te apoyo en lo que quieras lograr, pero una vez que quedes allá, no hay vuelta atrás. –Observé al director Kamada, pude notar que sus ojos estaban cristalinos.
–¡Oe! ¡Jiji! No seas tan dramático tampoco. Todos estarán bien sin mí. Regresaré siendo un gran abogado. Lo prometo. –Esas palabras consiguieron un brillo gigantesco en el rostro del viejo, quien sonrió y agradeció.
–¡ARIGATŌ GOZAIMASHITA, SATO-KUN! –grito el hombre al ponerse de pie y hacer una reverencia de 90 grados, lo que me avergonzó mucho.
–¡Oe, Oe! Tranquilo, no es para tanto. Arigatō... Kam...Kamada-san... ¡Arigatō! –No pude evitar ponerme de pie e imitar lo que el director hizo.
En muchas ocasiones nadie creyó en mí, pero Kamada-san, al igual que Okasan, siempre dijeron que mi inteligencia era un regalo que debían cuidar. Por ellos llegué hasta acá.
–¡Bossu! ¡No nos puede abandonar nada más así! ¡Sin usted no somos nada! –decía llorando uno de mis subalternos, escuchando los sollozos de los demás detrás de él, pues lo reuní a todos en uno de los sitios de construcción cercanos a las orillas de la ciudad, donde a veces organizábamos peleas.
Mi pandilla no era muy grande, pero estaba conformada por los tipos más duros y rudos de todo Riben. Verlos llorar era patético.
–Estudie aquí. Cualquier universidad estará feliz de tenerlo.
–Si se va, todo lo que hizo será en vano. –Me cansé de escuchar excusas, por lo que golpeé al primero que vi, y una vez en el suelo aquel, hablé con todos.
–¡BAKAYARO! ¿Cómo que todo lo que hice fue en vano? ¿No lo ven? ¡Mírense, idiotas! Llorando como princesas por mi partida cuando hace un par de años estaban peleándose por territorio. Vencí junto a muchos de ustedes a cada una de las pandillas del condado, liberamos las calles de los asaltos, abusos y, más importante, de la gente que hace destrozos por diversión. Vencí y unifique a todas las pandillas para poner orden, para crear una pandilla que vele por los intereses de los alumnos y controlen a todos los jóvenes para que haya igualdad. Muchos de ustedes eran líderes que aterrorizaban, secuaces que ponían la cara por sus hermanos y gente que era despreciable. Y ahora todos somos una gran camarería. ¡Somos nakamas, baka! Iré a Zhongguo a hacer lo mismo. Golpearé a todos en la cara hasta que las pandillas de allá se unan y tengan nuestros principios. ¡Seré el rey de los pandilleros en todo el mundo! ¡Hahahahahahaha! –Después de reír a todo pulmón con los puños en mi cintura y el pecho alzado, noté que todos se me quedaron viendo raro en silencio. Me puse nervioso un momento, pero...