Al acabar la ceremonia, Akane no perdió tiempo y trató de acercarse a Xinzuo, al igual que Kichiro a Dahua, pero les fue imposible. Los alumnos se dispersaron y entre la multitud, los perdieron de vista.
Esto fue aprovechado también por Kazuhiko, que sabía sus iguales eran buscadores de problemas, o al menos los atraían, así que lo mejor era ignorarlos, al menos por ese momento y concentrarse en estudiar como ya lo tenía planeado.
Por su parte, Kichiro y Akane se reencontraron en su búsqueda de sus respectivos intereses.
–¡Oh-ho! Mukatte kuro no la?
–¡Pff! Sueñas, chibi-chan. Estaba buscando a alguien importante.
–Baaaaaaka. Yo también lo hacía, pero parece que la perdí de vista.
–¡Uy! ¡Ara, ara! ¿Satō-chan ya fue cautivado, acaso?
–¡Urusae, bitchi! Y no hagas eso, me da escalofríos. Me recuerdas a los enfermitos de Akakarasu –explicó el hombre luego de sentir ñañaras.
–Hablando de Otakus... ¿Dónde quedó Kazu-chan?
–Hontō... No lo vi luego que bajó de ser premiado. De verdad es muy listo... no como tú –mencionó al sujetarse el uniforme, con cara de presumido, a lo que Akane sólo pudo reír de forma sonora, burlándose de su compañero.
–¡Ja, ja, ja! Bubuzeke domo donai dosu, Satō-chan. Mañana será un día interesante –enunció confiada la joven, lo que molestó al hombre, quien le pintó un dedo medio a sus espaldas.
–¡Más vale no sigas molestando, baba! –Luego de eso, el alumno se dio cuenta que no había nadie en el campus, sólo él. Al parecer todos se habían retirado a sus habitaciones, escuchando cómo le llegaba un mensaje al móvil.
Lo revisó al caminar a su dormitorio, notando dos avisos: El primero era sobre tarea que era para las materias de mañana. El segundo se trataba de la advertencia del toque de queda, lo que alarmó al hombre de inmediato.
–¡¿Nani?! Toqué de queda. Kuso! –Kichiro corrió hacia los departamentos, pues quedaban apenas 10 minutos para el cierre y no quería saber el castigo. –Encima ya hay tarea cuando ni siquiera sé de qué demonios van las materias. ¿Qué demonios les pasa a los de Zhongguo?
Ya cada uno en su respectiva habitación, comenzaron a hacer la tarea. Hicieron sus respectivas investigaciones y leyeron tanto como pudieron del tema, lo que les provocó sueño a media labor, más acabaron pronto para por fin irse a dormir.
Akane no pudo evitar notar que en la habitación había un montón de cámaras de seguridad. Tanto en la habitación, en la cocina y en los pasillos de la misma, así como en el corredor exterior.
En el baño no encontró ni una, pero se dio cuenta que la cortina de baño estaba hecha de un papel plastificado bastante sensible, fácil de romper. En la cocina no había absolutamente nada pulso cortante. Los palillos igual estaban hechos para no resistir que los encajen.
Por otra parte, a pesar de tener balcón, el acceso estaba cubierto por una malla metálica bastante resistente. Cómo si quisieran evitar a toda costa accidentes.
–Omoishiroi ne... –dijo para sí misma la joven, viendo con una cara maliciosa directo al lente de la cámara.
Al día siguiente, las alarmas del edificio sonaron para despertar a los alumnos. Todos prepararon su almuerzo, repasaron un poco y se alistaron para ir a clases. Casi no hubo tiempo entre eso y la llegada a las aulas.
Una vez ahí, no sé detuvieron hasta que fue la hora de la salida, sólo dándoles 15 minutos exactos para comer lo que llevarán de almuerzo. Frío si necesitaba calentarse, lo que alcanzarán si hicieron mucho.
Los profesores eran más que puntuales y se notaba que iban siempre de un aula continua a otra, coordinados a la perfección. Fue como si un engranaje se moviera luego del timbre de la mañana.
Por fin, la salida sucedió, los estudiantes abandonaron agotados las facultades, muchos hambrientos, sacando la comida sobrante para caminar e irla ingiriendo, porque quedaba apenas media hora para el toque de queda.
Toda la semana fue lo mismo para los tres alumnos de Riben. Se levantaban, iban a clase, regresaban, hacían tarea y dormían. Una y otra vez. Sólo el domingo era el día «libre», pero la tarea era tanta, que sería un milagro que a alguien le quedará tiempo de sobra.
Una vez más la semana inicio. Kazuhiko se sentía un tanto abrumado, pero ya se había vuelto una rutina sencilla para él. Mientras cocinaba revisó weibo y vio noticias de su condado, al igual que cosas sobre la universidad, su prestigio y sobre los alumnos, saliendo su cara en la portada.
–¡Qué pena! –menciono al ver su sonrisa incomoda en la foto de los primeros lugares, saliendo por fin de casa, notando que los superiores estaban haciendo lo mismo.
Kazuhiko entonces se dio cuenta que se le había hecho tarde, por lo que se apresuró a bajar para coger el transporte, visto que el ascensor iba a cerrar, pero entonces alguien lo arrebazó corriendo e interponiendo su mochila entre las puertas, consiguiendo que ambos llegaran a subir.
–Ariga... tō... –Apenas y pudo mencionar esa palabra, por qué lo que sucedió fue algo que jamás se hubiera esperado.
El sujeto alto, de piel brillante, sonrisa blanca y ojos marrones estaba dedicándole una muñeca de alegría y confianza que consiguió hacer al corazón de Kazuhiko palpitar más fuerte.
El rostro del nuevo se puso muy rojo y pronto hizo una reverencia dentro del ascensor, sorprendidos los demás al ver eso.
–¡Arigatō, senpai! –mencionó al ver qué el uniforme llevaba dos estrellas sobre él. Una dorada y otra plateada, siendo del mismo color la orilla del uniforme.
–No pasa nada. No tengas pena... emmm
–¡Yamashita Kazuhiko desu! Hajimemashite, senpai!
–Su-supongo que el gusto es mío. Perdón, no hablo tan bien japonés –admitió el mayor, lo que puso más nervioso y apenado al joven.
–Gomennasai, senpai... ¡Quiero decir! Duibuqi –Lo hecho hizo reír de manera tierna a los presentes, para luego el superior en cuestión acariciar el cabello de Kazuhiko, haciendo que levantará la mirada.