Héngwû y Lìān estaban fascinados por la historia. No imaginaban que la líder de Sakura Meiru fuera también una persona temida en su propia generación.
–Rabu rabu meiru... entonces usted comenzó la idea, Kamada-senpai. –concluyó Lìān, recargado el matemático en su hombro.
–Fue una combinación de cosas las que me hicieron iniciar el proyecto. Desde que llegué a la universidad, sabía que iba a necesitar algo que me diera la emoción que las pandillas me daban. La adrenalina, que sólo los chismes y conjeturas sobre romances consiguieron otorgarme. Además de otras motivaciones que pronto les contaré en la historia –advirtió sonriente, recordado algo por Kazuhiko.
–Es momento de hablar de él, ¿verdad? –preguntó el mayor de cabello oscuro, asintiendo la rubia.
–Maldita sea... Ya pasó un año. ¿Creen que regrese ese sujeto?
–Ojalá que no, Akane-chan, pero es lo más probable. No creo que se pierda otro semestre –dedujo Kichiro, extrañados los jóvenes.
–Ammm... ¿Nos perdimos de algo? –cuestionó Lìān, sonriendo Arika de inmediato.
–Es justo de lo que van a hablar... –La conjetura de Héngwû, mientras se enderezaba, provocó que Arika continuará con la historia, una parte donde todos los demás la dejaron hablar.
–Rabu rabu meiru era mi proyecto personal. No podía llevar alumnos a mi habitación, pero tampoco era seguro hablar de los encargos en las jardineras o aulas, por lo que se me ocurrió el lugar perfecto para verme con los alumnos, uno que estaba prácticamente abandonado: el gimnasio de la facultad de filosofía.
...
A pesar de ser de día, el edificio estaba oscuro por dentro ya que las ventanas superiores se hallaban cubiertas por periódicos. El ambiente era tétrico, con una cancha de basketball en medio, gradas plegables en los costados y un montón de bancas viejas y rotas acumuladas justo al centro de todo en una montaña dispareja.
Sólo un rayo de luz entraba hasta la acumulación de pupitres, en dónde cerca se podía observar lo que sería la oficina de la rubia.
Los alumnos entraron por una salida de emergencia, misma que estaba un tanto bloqueada por flora del exterior, misma que empezaba a colarse dentro.
–Gomennasai... Supaidaman!!
–Yamero! –Sonaba en el fondo desde una pequeña televisión que la mujer tenía, cerca de un escritorio y varias sillas decentes donde los jóvenes se acomodaron.
–¡Wow! No puedo creer que hayas colado una tele, Kamada-senpai.
–Fue el pago por uno de los trabajos de rabu rabu meiru –confesó la mayor, viendo todos cómo se estaba proyectando una extraña película nipona de superhéroes.
–Bueno, a lo que vinimos, senpai. Las clases inician en media hora y no deseo un retardo –pidió Kazuhiko, sacando la anfitriona tres cartas con un sakura dibujado en ellas.
–Sakura passu. Con esto pueden justificar una llegada tarde. Es mi regalo por contratar el servicio. Tómenlo como iniciativa –explico la mujer, sujetados estos por los jóvenes.
–Siento que esto es una estafa... –anuncio Akane al ver el objeto que no poseía un sello escolar o algo.
–¿Cómo estamos seguros de que encontrará en donde se quedan los alumnos? Hay muchos nuevos y sí nos puede dar un pase, eso significa que no solo tiene permiso, sino que esto está aprobado por dirección. ¿Cierto? –elaboró Kazuhiko, levantada una ceja por Arika, con un rostro alegre, pero enfocado.
–Podemos confiar en ella. Es Desutorukuta Gyaru. Estoy seguro que tiene conexiones...
–Ella hará todo lo que le pidan y más si están dispuestos a pagarle –mencionó una quinta voz desde la oscuridad del gimnasio, pasando por la entrada principal de éste.
–¡Ma, ma! Me alegra que hayas hecho acto de presencia, 张大好-san. –Los tres novatos voltearon sus cabezas para ver quien tenía de frente a la mayor, viendo una figura masculina caminar hacia ellos con sus manos en los bolsillos de su pantalón de mezclilla, llevando botines de colores dispares, gafas bicolores y cabello color castaño oscuro corto.
No obstante, lo que más llamaba la atención era su uniforme, pues era de un lado de color blanco y del otro de color negro, mostrando seis estrellas como Arika y Siming, siendo una de ellas de diamante.
–Mis queridos kohai, les presento al único alumno de la facultad de filosofía, Zhang Dahao –presentó Arika, impresionados todos de verlo, sobre todo Kazuhiko, que recordó lo que dijo Xitian sobre la facultad y el alumnado.
«Seguramente este sujeto conoce a Xitian-senpai», pensó el de gafas, sonriéndole el mayor de piel blanca acanelada que iba hacia ellos.
–Dahao... Suena a apodo para extranjeros...
–Esos ojos me dicen lo contrario... –maquinaban en voz baja Akane y Kichiro en respectiva, deteniéndose el filósofo cerca de ellos.
–¡Qué interesante! Un filósofo griego afirmaba que la comunidad nacía de nuestra necesidad natural de subsistir y alcanzar la buena vida y el bien común. También señalaba que iba de la familia a la polis. No es de extrañarse que siendo del mismo país, se hayan encontrado y llegado hasta un mentor que puedan relacionar con su figura paterna. Lo que me hace reflexionar en su visión de protección y seguridad. ¿Cómo será su relación con sus padres? –cuestionaba el hombre, clavando sus ojos en las caras confundidas y un poco ofendidas de todos, llegando por último a Kazuhiko–. ¿Qué visión tendrán de su vida y entorno? Muero por descubrirlo –ultimó el sujeto, intimidados los menores.