Los nervios no podían con la bióloga. Parecía que estaba por volverse loca ahora que había entregado una carta al joven que no sólo le parecía bastante atractivo, sino que era una pieza importante para lo que quería lograr ahí en la universidad.
–Hola, Zhou-san. Soy Akane, de biología. Bueno, eso es obvio por mi uniforme... Soy de Riben, sí, ya sabes. Tu vecino isleño y... ¡Oye! Nuestros países son islas, ¿cierto? Tenemos tanto en común... –practicaba la mujer con su móvil sirviendo cómo referencia con una imagen de Xinzuo, algo provocativa. –«Tanto en común». Sueno como retrasada... La foto no ayuda, tampoco.
Luego de tomar su teléfono en mano, la chica se lanzó a la cama, contempló el techo e imaginó que todo le salía a la perfección.
–Tanaka Akane, eres hermosa como el atardecer e inteligente como un kistune. Ven a mis brazos y hagamos de esta universidad un paraíso –invitaba al dar su mano Xinzuo en la imaginación de la pelinegra, con una sonrisa de actor y un fondo brillante lleno de colores pasteles y burbujas.
–Zhou-san. Yo no podría... No soy tan atrevida –respondía la de verde, tomando la mano sin mirar al hombre, jalándola aquel hacia ella, sujetándola de la cintura.
–Claro que puedes, Tanaka Akane. Porque eres mía –respondió al acercarse sin más a los labios de la mujer, respondiendo aquella, y antes de besarla...
–¡KYAAAAAAAA! ¡Ya que sea mañana! –gritó la joven sonrojada, abrazando su almohada, escuchando un golpe en la pared de al lado.
–¡CALLATE! NO DEJAS DORMIR.
–¡Urusae! ¡Baaaaka! –respondió a su vecina, para luego suspirar y quedar dormida.
La alarma sonó, Akane se preparó peinándose con cuidado, se maquilló de manera precisa, peinó su cabello hasta que quedara perfecto y usó uno de sus mejores perfumes, llevando también unos aretes lindo y tacones.
Ella se vio en el espejo antes de salir, notándose perfecta, abandonada la habitación un poco nerviosa, pero emocionada.
Clase tras clase, la mujer repasaba en su cabeza lo que iba a decir si todo salía bien. Era simple, pero efectivo para improvisar lo siguiente de la conversación: «Hola, Zhou Xinzuo-san. Lamento haberte hecho esperar, pero me alegra que hayas venido. Soy Tanaka Akane, y estoy muy feliz de por fin conocerte».
Todo el tiempo se estuvo repitiendo eso en su cabeza, imaginando las distintas reacciones del joven, todas bastantes positivas, pues tenía entendido que era un muchacho tranquilo y bonachón. Pero, también parecía que tenía un espíritu rebelde, luego de lo que sucedió en la entrega de resultados.
La última campanada dio anuncio al final de las clases. La mujer, sin pensarlo, se levantó y corrió hacia el punto de encuentro, emocionada y lista para lo que fuera a pasar a partir de entonces. Ese era su primer paso para iniciar su gran plan, el cual estaba por darse.
Xinzuo, en calma total, se hallaba sentado en la fuente de la facultad de economía. Se le notaba pacifico, casi perfecto ante la luz anaranjada del crepúsculo. Cosa que fue la primera impresión de Akane al verlo ahí solitario, tejiendo una bufanda de color rojo granate con un par de agujas, algo que sabía la chica él podía hacer, pues su pasatiempo artístico es el tejido.
La pelinegra respiró hondo, se colocó recta y caminó hacia el modelo a lo que ella imaginó sería grácil, pero en realidad estaba a poco de parecer un robot, pues era un manojo de nervios que apenas y podía fingir estar normal.
El universitario levantó la mirada y sonrió de forma cálida, lo que hizo que la bióloga se pusiera muy roja.
–Hola... –enunció el joven al verla, intrigado.
–Hola, Zhou Xinzuo-senpai. Espero haberte lamentado, pero me hayas venido que alegra. Soy Kanata Akane, y conocerte muy feliz por fin estoy. –Hubo un momento de silencio entre ambos. Akane sabía que había dicho todo mal en absoluto. Sentía que era mejor huir corriendo mientras pudiera, pero las piernas no le respondían y la cara de confusión y asombro de Xinzuo no ayudaba.
–¡Ja, ja, ja! –comenzó a reír el joven, aguantándose las ganas de llorar la de verde–. Tal parece que me conoces de redes sociales. ¿No? –preguntó el chico con una mueca de empatía y serenidad, lo que relajó un poco a Akane.
–S-sí, la verdad es que sí. ¡Ah! ¿A quién quiero engañar? Tengo al menos dos años siguiendo tu trabajo y perfil... Debo admitir que cuando te vi en el escenario del auditorio me emocioné mucho, como una fan tonta... ¡Pero yo de verdad no sabía que eras tan inteligente! Me sorprendió verte ahí con Kazu-kun –explicó la pelinegra, a lo que Xinzuo parecía no dejar de sonreír.
–Bueno, tranquila. No me parece nada raro, ni mucho menos. Al contrario, es muy normal que las personas que me conocen de redes se pongan un poco nerviosas al verme en persona. Así que estoy acostumbrado a este tipo de reacciones –comentó el de lila, lo que le sacó una risa nerviosa a la admiradora, todo esto sin dejar de tejer–. Eres amiga de quien se llevó el título de primer lugar por tiempos, ¿no?
–Ah, sí. Kazu-kun... ¿Qué hay con él? –cuestionó un tanto extrañada que preguntara por el de lentes, a lo que Xinzuo levantó la mirada al cielo, suspirando y poniéndose de pie.
–Vamos a casa. No tenemos mucho tiempo, Tanaka Akane –propuso el modelo, asintiendo la nipón.
Ambos comenzaron a andar en los primeros minutos de la noche, alumbrada la vereda por los faros que ya estaban emitiendo luz, yendo lado a lado sin decir nada al inicio, pes Akane no tenía idea de como iniciar la conversación de nuevo, animándose al ver que continuaba usando las agujas.
–¿Qué estás haciendo ahora? –preguntó curiosa la biologa al señalar el tejido.
–Es una bufanda. Pronto hará frío. ¿En Riben que tan helado se pone el clima en estas fechas?
–¡Bastante helado! Traigo algunos conjuntos de invierno para la ocasión.
–Yo también traigo algunas cosas para invierno. La verdad es que sí soy algo sensible al frío, entonces vengo bastante preparado –confesó el modelo, lo que alegró a Akane.