La caída del sakura

Décimo pétalo: Valor

Kazuhiko no podía creer lo que estaba leyendo. Parecía como si todas las cosas buenas que pudieran pasarle en un instante hubieran sucedido.

La carta no estaba firmada, pero era obvio quien la había mandado, al menos eso parecía. En caso contrario, tal vez recibiría una desilusión, pero la posibilidad de algo igual o mejor.

El muchacho salió de su habitación, nervioso, para luego abrir la puerta y, frente a ésta, ver lo que más deseaba en el mundo.

–¿Estás listo para un nuevo día, Kazu-kun? –emitió Xitian, parado ahí con una hermosa sonrisa, a punto de salírsele el corazón al de anteojos, al igual que las lágrimas.

–Estoy listo para ver lo que trajo la caída del sakura –respondió sin más, lo que provocó el asomo de las perlas del mayor en su faz.

Ambos salieron, sonrojados, listos para tomar el elevador.

–Me alegra mucho que hallamos coincidido. A veces me siento que estoy solo, y la realidad es que no. Parece ser que no –explicó Xitian al poner una mano en el hombro del nipón, lo que le hizo temblar de los nervios.

–Debo estar loco, pero nunca hubiera pensado que algo así fuera posible, senpai. De verdad, debo llevar mi vida entera creyendo en que las historias que cuentan son sólo eso: Historias creadas para distraernos de lo horrible que es la realidad.

–En parte deben serlo. La gente también está cansada. La ignorancia mantenía los engranes rectos y funcionales. La información hace que cada uno de ellos desee funcionar por su cuenta, creando caos. Entonces, ¿Qué es lo mejor? Yo ni siquiera sé si quiero ser un engrane –confesó el de vino, impresionado Kazuhiko por ello.

–Tal vez no un engrane y ya, sino un parte importante, como un chip o algo así. No sé ni lo que digo... –La respuesta provocó unas pequeñas risas en Xitian, acariciándole el cabello aquel al menor.

–Puede ser. Entiendo tu punto. –Los dos llegaron al elevador, en dónde se colocaron un poco más rectos y se introdujeron dentro.

Ya ahí, Kazuhiko sintió la mano de su senpai bastante cerca. El calor de la misma era palpable, por lo que movió un poco sus dedos para tratar de tocarla, aunque sea un poco, pero de pronto, cuando más alumnos entraron al ascensor, decidió regresar la mano a su lugar.

En eso, como si el destino quisiera decirle algo, una conversación sonó más alta de lo que debería entre las que estaban sucediendo alrededor.

–¡Qué asco! No entiendo por qué el gobierno no hace nada. Deberían quitarle su teléfono... ¡El internet! –decía uno de los superiores que estaban con ellos a un amigo, molesto.

–¿Qué? ¡Claro que no! Banearlo no va a hacer nada. Tienen que aplicarle una pena de muerte o un exilió. ¡Gente como él no debería estar en nuestro país!

–¡Ojalá se pudiera! Pero cada día lo aceptan más, como si estuviera bien. ¡Qué horror! Tiene millones de seguidores. De seguro son puras mujeres o depravados como él.

–Lo voy a bloquear. Estoy harto de que me salga en el feed. Adiós, Ji Han Han Ang. –Todo eso tensó a Kazuhiko, el cual miró a Xitian, notándole preocupado, como si toda la felicidad que apenas había sentido hubiera desaparecido.

Una vez los jóvenes bajaron del ascensor, Xitian no parecía querer decir mucho, por lo que Kazuhiko hizo una reverencia frente a él antes de despedirse.

–Gracias por acompañarme, senpai. Espero verlo pronto. Excelente día –enuncio el chico, dándose la vuelta y yendo a tomar su autobús, llorando al darle la espalda a los mayores.

–¡Que suerte tienes, Huang Xitian! Los menores te respetan bastante. Sólo no seas tan bueno, porque la mayoría muerde la mano que les da de comer –advirtió uno de los sujetos que estaban conversando antes, respondido por una sonrisa del de vino, la cual deformó en un rostro de preocupación.

Durante el viaje a la facultad, Kazuhiko ni siquiera pudo concentrarse. Pensaba una y otra vez en cómo unos simples comentarios le trajeron de regreso a la realidad, lo sacaron de la frágil felicidad en dónde apenas estaba pisando terreno.

Las cosas no eran cómo le gustaría, lo que sentía no era lo que todos esperaban de él ni de nadie. Huang Xitian-senpai era demasiado para ser una meta en su corazón.

Fue en ese momento que el comunicólogo tomó su móvil antes de entrar a la facultad y buscó al joven que mencionaron, hallado su perfil al poco tiempo, viendo que se trataba de un crossplayer famoso. Algo muy común en su país de origen, pero ahí no tanto, en la época.

Había un último video subido hace apenas unas horas, el cual abrió. En él, se notaba al muchacho frente a la cámara, hablando.

–Hola gente hermosa de douyin. Hoy tengo un mensaje muy especial. Dedicado a la gente que viene a mis videos a decirme que debería estar muerto, o que nuestra cultura está muriendo gracias a gente como yo o que soy el inicio del exterminio de la humanidad. Mientras digo esto, me gustaría usar esta cremita desmaquilladora que me enviaron para patrocinio desde Tailandia. –El joven en cuestión se veía bastante apuesto, cuya piel brillante y ojos grandes destacaban, además de sus rosados labios y cabello rosa peinado a la perfección.

«¿Hará un tutorial de maquillaje? Así que es una okama. Ahora lo entiendo», pensó el joven, un tanto decepcionado.




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