La caída del sakura

Undécimo pétalo: Culpable

–Amm… No sé ni por donde empezar –confesó Hengwu, bastante confundido e impresionado. –Entiendo todo lo que nos han dicho, pero me sorprende un poco. La universidad tiene muchos centros de entretenimiento, no hay cámaras en las habitaciones y ese toque de queda, además de la prohibición de estar en la habitación de los demás, obviamente desapareció. Me cuentan que tanto Dahua gaoji como gege alzaron la voz en su momento, y creí que irías directo a hablar sobre eso, pero parece que están más centrados en Dahao, el misterioso sujeto de filosofía del cual no supimos este semestre. ¿Tanto tuvo que pasar para levantar sakura meiru o a donde vamos con todo esto? –cuestionó ante todos, extrañado y hasta atemorizado, a lo que su novio le tomó la mano, consiguiendo que lo volteara a ver.

–Creo que no es sólo contar la historia –expresó el deportista y volteó hacia los mayores, los cuales no se notaban nada contentos.

–Yo… ¿Qué pasó?

–Muchas cosas –respondió Arika al matemático luego de un suspiro–. Sé que es confuso. Cuando ustedes entraron, sólo teníamos un semestre con todos los beneficios que ahora disfrutan. Sakura meiru existe por muchas razones. La primera, es rabu rabu meiru, algo que cree sola. Las demás son parte de la historia, y puedo resumirlo ahora mismo si sienten que estamos dándole vueltas o engañándolos con cuentos exagerados.

–Lo siento, pero dudo que Dahao gaoji sea como lo dicen. No sólo eso, Dahua…

–¡Oe! Ustedes querían escuchar la historia. ¿Zhou-san nunca te contó sobre lo que pasó antes de que entraras? Son cercanos, ¿no? –tajó Kichiro, mientras buscaba algo en su móvil y se lo mostraba a los muchachos.

–Conocí a Gege por casualidad en un festival de mi ciudad. Siempre ha sido amable conmigo y congeniamos por ambos ser homosexuales. Es todo, la verdad nunca hemos profundizado en su vida o relaciones… ¿Eres tú? –mencionó al recibir el móvil en mano, en donde mostraba videos de Kichiro peleando contra sujetos en Riben. A veces más altos que él, más musculosos, grandes o en número.

–¡Wow! Esos movimientos son increíbles, senpai. ¿Lo aprendiste de verdad en la calle?

–No exactamente, Lian-kun. Mi familia, al igual que la de Akane-chan, son tradicionalistas. No obstante, mientras que el gremio de los Tanaka se ven a sí mismos como las reliquias que han que cuidar y mantener, los Sato creemos que está en la enseñanza, en el conocimiento. Que cualquiera, incluso los que vienen de fuera, pueden mantener vivas nuestras tradiciones, mientras lo respeten y cuiden como nosotros, con la misma disciplina. Okasan es hija de uno de los luchadores de sumo más famosos de la época y mi padre fue el heredero de una línea de sucesión de un dojo de Judo famoso. Cuando falleció en batalla, mi tío me entrenó cómo lo hizo con él. Además, la esposa de mi tío es hija de un hábil maestro de Karate, cuyo hermano también me enseñó de chico. Yo nunca podré heredar ninguno de esos lugares, soy como el sexto en la línea de sucesión, por eso decidí construir mi propio camino…

–¿No fue eso lo que le dijiste a Dahua antes de…? –confesó Akane, decepcionada.

–¡Ay, pues estos imbéciles se adelantan con sus dudas! –enunció molesto el castaño, cruzándose de brazos, apretando los dientes y retirada su mirada a un costado.

–Sé que parece difícil de creer, pero todo lo que les contamos en verdad sucedió. Lo peor, es que apenas inicia el verdadero embrollo –explicó Kazuhiko, relajado un poco Hengwu por ello.

Gomennasai. Lo que pasa es que una parte de mí siente que gege va a hacer algo malo y es alguien a quien apreció mucho. No me gustaría que hablaran mal de él –confesó el matemático, extrañado Lian.

–¿Eh? ¿En serio? Yo siento que ellos han contado sin pelos en la lengua cosas malas que han hecho y no veo que tengas problema con eso. –El ingeniero hablaba con cierto reclamo, a lo que su novio lo vio con el entrecejo un tanto apretado.

–El detalle es que ellos están aquí. Se pueden justificar y defender. Gege no y me veo en la necesidad de alzar la voz por él. Es lo que hace un amigo. –Esas últimas palabras fueron dichas con pequeñas pausas y una voz más dura.

–Xu Yuxuan es mi mejor amigo, pero no le solaparía sus estupideces. Siento que estás exagerando –respondió también algo molesto, lo que ablando los rostros de los mayores al momento, confundidos e impresionados de lo que presenciaban.

–¿Qué exagero? ¡Cómo hablaron bien de Xu Yuxuan no lo entiendes! Es obvio qué va a pasar algo con Akane-senpai.

–Ella misma nos ha repetido que no tenía las mejores intenciones con Zhou Xinzuo gaoji. ¡Aquí nadie es el villano, Hengwu! ¡Tranquilízate!

–¡No me pidas que me tranquilice cuando tú siempre explotas! –Eso último fue un grito, impresionados los demás, puesto de pie Lian y saliendo del local, bastante enojado.

–¡Wu Lian! Kuso… Yo hablo con él –dijo Kichiro, detenido por Kazuhiko.

–No, déjamelo a mí. Ustedes hablen con Hengwu-kun. –Aunque lo dicho fue enfrente del joven, éste no hizo otra cosa más que bajar la mirada.

Ya afuera, Kazuhiko vio a Lian parado viendo al lado contrario, con la cabeza en alto.

–Lian-kun, escúchame.

–Sí lo entiendo –expresó con una voz quebrada, mirando al mayor con lágrimas en los ojos–, por eso mismo le pedí que tratara de calmarse, que pensara con claridad. –Kazuhiko se acercó a él y le puso una mano en el hombro, asintiendo con su cabeza, para luego abrazar al ingeniero.




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