Luego de la noticia del nuevo empleo de Kazuhiko, los demás no hicieron planes como tal. Faltaban 3 días para que Xinzuo y Akane se reunieran en el gimnasio de filosofía, había tiempo aún de hacer algo, y aunque el comunicólogo estaba en eso, Kichiro y Dahua no eran de las personas que sólo esperaban y ya.
Dahua: ¿Cuál es el plan de mañana?
El mensaje fue enviado justo luego de que todos se despidieran en el chat grupal, cosa que en un inicio le pareció extraño al abogado, más respondió sin pensarlo mucho.
Kichiro: ¿De qué o qué?
Dahua: ¿Es en serio que esperaremos a que Kazuhiko haga todo?
Kichiro: Kazu-kun es muy inteligente. Estoy seguro de que va a poder descubrir todo lo que se proponga.
Dahua: Te veo mañana.
Kichiro: ¿Eh? ¿Dónde?
Kichiro: ¡Wong-san! Responde...
Kichiro: ¡Jódete, pues!
Sin más el hombre dejó su móvil al lado de su cama y se dispuso a dormir.
A la mañana siguiente todo fue normal para el rubio. Hizo ejercicio, se duchó, desayunó y fue directo hacia la salida con su mochila. Lo que no fue para nada común es que vio a Dahua esperándolo en la entrada de su edificio, justo cuando estaba distraído, asustándose por el semblante serio y molesto de la mujer.
–¡KYAAA! ¡BAKAYARO! ¿QUÉ CARAJOS TE PASA? ¡NO HAGAS ESO! –gritaba a todo pulmón el joven, sonrojado.
–¿ky...a? –El semblante de Dahua se suavizó al escuchar el primer grito que emitió el hombre asustado, sonrojado todavía más, tomándola de la playera por encima del busto, teniendo que ponerse de puntitas y estirar por completo sus brazos para eso.
–¡Oe! ¡Baba! Más te vale no le digas sobre esto a nadie porque ahora sí te mato –prometió bastante molesto, un poco decepcionada la psicóloga.
–Está bien... Lo prometo.
–¡Júralo! –ordenó el de negro al acercar más su rostro al de Dahua, nerviosa aquella por la falta de espacio personal.
–¡Muy bien! Lo prometo. –En eso, Dahua tomó el brazo del hombre y lo torció para que la suelte. Aquel, molesto, estaba a punto de darle un puñetazo directo en el rostro con la extremidad restante, detenido al último momento en cuanto sintió lo que había pasado al otro lado. –Pinky promise –expresó la alta al entrelazar sus meñiques, cerrando la promesa.
–E-etto... Ari..gato. –La bestia que es Kichiro se sonrojó, relajó y se encogió de hombros, con sus manos juntas por delante de su cuerpo y la cabeza un poco agachada.
–Tenemos que irnos, no es temprano. –Por alguna razón, Kichiro no respondía, así que la mujer lo tomó, lo puso en su hombro y comenzó a caminar con él como si fuera un costal.
Los alumnos vieron la extraña escena y quería decir algo, pero la mirada de Dahua y Kichiro se notaba como la de una imponente bestia asesina con sed de sangre, así que lo mejor era quedarse callados.
Durante el camino, parecía que no hablarían de nada. Sólo pasaban al lado de otros alumnos en silencio, hasta que la psicóloga inició una vez se apartaron de los demás.
–Es una suerte que nuestras facultades estén cerca. Así podemos movilizarnos sin problemas. Además, detrás de trabajo social es donde hay más puntos ciegos y se encuentra entre nosotros, podemos ir ahí a entrenar luego de clases.
–¿Qué tienes en mente, gigante? No me buscaste sólo porque me extrañas o quieras entrenar. ¿O sí?
–Seguro no lo sabes, pero Zhang Dahao pelea usando el estilo Hung ga del sur. Específicamente Nan Pai Tanglang, el cual se centra en movimientos rápidos con las manos luego de recibir un ataque. Es un estilo sólido, requiere rigidez, paciencia y entender la energía de tu contrincante. –Dahua analizaba en sus recuerdos los movimientos y reacciones del hombre, comparándolos con antiguos combates que tuvo ella y sus iguales en el pasado.
–Nunca había visto alguien que pudiera hacer lo que ese tipo. En Riben luché contra muchos sujetos hijos de dueños de dojo. Ninguno consiguió esa precisión en sus ataques y más evadir como si nada los míos.
–El maldito espera el ataque, observa los movimientos del atacante y luego se desliza con gracia para atacar los puntos de presión. Mi abuelo, Wong Taishan, me dijo que, en la antigüedad, algunos monjes usaban los puntos de presión para calmar nervios, e incluso, lograban aliviar dolores que la medicina de la época no podía. No obstante, hay una leyenda. Un día, un grupo de bandidos trató de asaltar el templo de Buddha en el sur, asesinando a los monjes jóvenes al hacerlo, hasta que llegaron con el curandero, quien usando sus manos como mantis logró asesinar a los sujetos por asfixia sin causarle algún moretón visible. Se presume que usó los puntos de presión en algún lugar de la garganta para adormecerla e impedir que respirarán. El hombre acabó con 15 ladrones, pero perdió un brazo en el proceso.
–¡Wow! Suena a puros cuentos para niños tontos. –En eso, Dahua soltó a Kichiro, quien cayó al suelo, golpeándose. –¡Eso dolió, rinoceronte!
–No son cuentos. El sacerdote es un tátara tío abuelo mío y tenemos una estatua en casa de él. La única figura manca que existe en todo el altar de los ancestros. Hablaré con mi padre para ver si me puede dar una estrategia para vencer al sujeto. No importa el estilo, no es invencible.