La alborada todavía estaba en letargo, oscuro el cielo con grandes nubes dispersas y de colores fríos.
La luna y estrellas eran visibles, al igual que los departamentos de los estudiantes de la Yueguang, pues los focos de los pasillos y recepciones nunca se apagaban.
Kazuhiko salió de su edificio con ayuda de Arika, llegando quince minutos antes de lo pactado, lo que fue de mucho agrado para la mayor.
–Gudu Moringu, Kazu-chan! Me alegra mucho que seas puntual –aludió la mujer, entusiasmada–. Siendo honesta, este semestre sí hay mucha demanda. He tenido problemas con las entregas, así que me caíste del cielo, en realidad. Ya estaba considerando invitar a alguien. –La confesión impresionó un poco a Kazuhiko, el cual sonrió y asintió, aunque parecía que la rubia ocultaba algo.
–Me esforzaré mucho, Nakamura-senpai. Dígame qué hacer y lo haré. –La convicción del comunicólogo alegro a la bronceada, mostrándole dos cajas con correas para que se pudieran llevar en la espalda.
–Gracias a qué tus amigos y tú me dieron la información de los nuevos, he podido prometer regalos y cartas a todos ellos. La caja verde está llena de puros encargos para los departamentos de los hombres. La caja púrpura tiene los de las mujeres. ¿Hay acaso una linda chica que te guste? Si es así, puedes tomar el púrpura. –Aquello dejó sin habla al menor, sonrojado por la vergüenza de la realidad, bajada su mirada ante ellos.
–No hay nadie a quien desee ver, senpai. –Arika sonrió entonces, como si esperara dicha respuesta.
–Entonces mi teoría era cierta, Kazu-chan. Huang Xitian parece un buen muchacho, sólo que tiene muchos problemas. Será difícil, pero no imposible –explicó la bronceada, impresionado el de anteojos para luego negarlo al mover sus manos frente a su pecho.
–Senpai... No mal inter...
–No te preocupes. Nunca he estado en contra de eso. Muy por el contrario, te deseo toda la felicidad del mundo con él. –Esas palabras dejaron sin habla al muchacho, quien estaba resistiendo las ganas de llorar.
–Arigatō, senpai... –dijo sonriente y cayendo una pequeña gota salada de su ojo derecho.
–¡Vamos! Tenemos mucho trabajo qué hacer. Cuando termines Te veo aquí mismo, sin falta. Te divertirás siendo parte de rabu rabu meiru. Te lo prometo. Además, aquí los secretos de todos se quedan ocultos. No olvides eso –explicó al hacer la seña de silencio con su dedo índice, afirmando el joven con su cabeza.
Durante toda la mañana Kazuhiko estuvo guiándose de un mapa que le entregó Arika, en donde estaba anotado qué paquete y a qué alumno iba dirigida cada cosa. A veces la información era errónea, por lo que quienes reciban lo rechazaban al no oír sus nombres, pero en esta ocasión, ninguno se negó a decir dónde estaba el verdadero receptor, por lo que el chico pudo entregar todo a tiempo y sin problemas, reunido con Arika frente su edificio.
–Beri gudu woruku! Para ser tu primera vez estuvo impresionante. Y terminaste justo poco antes de tu hora de salida. Si eres muy bueno, Kazu-chan. –expresaba bastante feliz, emocionada también.
–Pensé que fallaría en más de una ocasión, pero muchos senpai fueron amables en decirme donde estaban los demás. Tuve suerte.
–Supongo que, al ser hombre, ellos confían en ti. Cómo lo suponía. Está bien, Kazu-chan. Te ganaste tu primera paga. Espero te guste. –En eso, la mujer le entrega un Maneki-neko.
–¿Ah? ¡Es muy bonito! Muchas gracias...
–Ojalá pudiera darte dinero o algo parecido, pero no tiene caso. Aquí se valoran cosas que no sean libros de estudio y calculadoras. Te irás acostumbrando.
–Arigatō, senpai. Por hacer esto, por iniciar rabu rabu meiru –habló Kazuhiko desde el fondo de su corazón, alegrada la mujer por eso.
–Hoy en la tarde...
–Senpai, perdón por lo que diré, pero está tarde estaré ocupado –tajó de inmediato el muchacho, molesta la mayor.
–¿Se puede saber por qué?
–Huang-senpai... Él... –La rubia notó la pena del joven y captó el mensaje, suavizándose su semblante.
–Naruhodo nee... Nos vemos mañana a la misma hora –declaró la mujer con una tierna sonrisa, agradecido Kazuhiko al hacer varias reverencias y pasar a retirarse de inmediato.
El joven, apresurado, consiguió subir al edificio hasta su piso, notado que su senpai estaba frente a su puerta, esperando ya un tanto mortificado.
–Gomen, senpai... Estuve trabajando con Arika-senpai en rabu rabu meiru... Pero ya estoy aquí, solo tomaré mi mochila y... –mencionaba el joven acelerado, tratando de abrir su puerta sin lograr meter la llave, hasta que Xitian le puso una mano en el hombro y le sonrió.
–Está bien. Ya estás aquí. Tranquilízate para que podamos irnos, ¿sí? –Esto hizo que Kazuhiko se sonrojara, asintiera y por fin abriera la puerta, tomando sus cosas y regresando con el mayor.
Como iban un poco tarde, estaban solos, así que el nipón se atrevió a decir algunas cosas.
–Estoy muy emocionado. ¡De veras! Hoy nos veremos detrás del auditorio, senpai –dijo el de anteojos, lo que provocó una pequeña risa en el mayor, para luego aquel abrazarlo desde atrás, colocado su mentón sobre el hombro derecho del chico, juntando sus mejillas.