La caída del sakura

Décimo quinto pétalo: Seguridad

Un mes antes de entrar al nuevo semestre en la actualidad, Akane caminaba por una vereda solitaria al amanecer, pensativa y conflictuada. Sentía que no era digna de estar ahí, que la pena y la vergüenza le gobernaban, así como la culpa; no obstante, deseaba tratar de enmendar un poco el pasado, por lo que no vio otra manera que tener una conversación intima.

En algún punto se detuvo, suspiró, leyó y comenzó a hablar.

–Es hoy. 20 de julio, cuando todo parecía que iba a derrumbarse por completo. Pienso cada momento que pude haber hecho algo diferente. Debí ser más fuerte, más inteligente, incluso más comprensiva, pero no fue así. Era una niña tonta e inmadura. –La voz de la chica comenzó a quebrarse, cuyos ojos vidriosos revelaban el agua que deseaba escapar de ellos. –Si hubiera hecho un esfuerzo por conocerte, esto no hubiera pasado. Seguirías con nosotros, pero fuimos unos idiotas. Pensamos lo peor de ti y te juzgamos sin que pudieras siquiera defenderte. –En eso, la mujer se colocó en cuclillas y dejó unas flores frente a ella, limpiándose las lágrimas, desconsolada. –Soy mejor por ti. Seré mucho mejor por ellos.

A lo lejos, un par de pasos se escucharon, proyectada una sombra sobre la mujer, justo en el inicio del amanecer.

–No esperaba verte aquí –mencionó una voz, provocando que la chica se pusiera de pie y viera a la figura, frunciéndole el ceño de inmediato.

–Tú...

...

La historia continuaba, Kichiro y Kazuhiko explicaban que no pudieron hallar nada, que trabajaron para Arika y eso sólo los tenía ocupados, además de los combates contra Dahua y las sesiones de noviazgo con Xitian, mientras que la de cabello oscuro estaba de brazos cruzados con el entrecejo un poco apretado y la mirada fija en un punto al azar, sumida en sus recuerdos.

–¡Akane-chan! –emitió Kazuhiko, sacada del trance la mujer, viendo cómo todos la observaban.

–¿Qué pasó? ¿Todo bien? –cuestionaba Arika a la bióloga, un poco extrañada la menor, notada la cara de mortificación de la mayoría.

–Perdón, me disocié. ¿De qué me perdí? –cuestionaba Akane, respondido por Lìān.

–Bueno, Kichiro-senpai nos contó que vivía «muerto» prácticamente por repartir las cosas y luego entrenar con Dahua en el techo de su edificio, durmiendo ahí un día sí y uno no para que tampoco se mal gastara, pues el permiso de rabu rabu meiru no te permitía entrar en las habitaciones –explicó el ingeniero, secundado por su novio.

–Luego de la bella historia de Kazuhiko, dijo que comenzaron a besarme más seguido y se volvieron un poco atrevidos con el contacto físico, nada que terminara de darle entender a los demás que había algo entre ellos, cosa que creo es muy valiente de su parte con tantas cámaras que había –explicó Héngwǔ, tomando la mano de su novio, viéndola y acariciándola–. Yo no sé qué haría si no tuvieras la privacidad de tu cuarto –confesó el de anteojos, sonrojado el más alto.

–Estaría «muerto», pero del corazón. Tal vez un poco loquito, más de lo que estoy hoy. –Todos rieron ante eso, excepto Akane, quien sólo sonrió leve.

–Sigues tú, Akane-chan –dijo Kazuhiko, lo que le hizo reaccionar de momento, como si siguiera dispersa.

–Es cierto. Llegó el domingo. El tan esperado día que me estaba volviendo loca. Ninguno de los tres pudimos conseguir información sobre Zhang-senpai. Las personas sabían sólo rumores y todo era tan diferente, que era descartable. Lo único que sabíamos de verdad era que su presencia intimidaba, que no hablaba con nadie más que con Nakamura-senpai y que se la pasaba en la faculta de filosofía, cosa que no ayudaba mucho. Lo que pasó ese día, me cambió bastante la perspectiva. –Los jóvenes se notaban asustados, porque la expresión de Akane se mostraba molesta, pero también apenada, como si no quisiera decir algo.

...

El despertador sonó, por lo que Akane se puso de pie temprano, preparó todo para estar lista y comenzó a esperar frente a su puerta a que sea tiempo de verse con Xinzuo, pues sentía que si llegaba muchísimo antes, podría malinterpretarse como demasiado interés. No tenía intenciones de verse intensa, sino normal.

Mientras estaba ahí, sentada, vio los mensajes que le había enviado a Arika, pues al enterarse que Kichiro y Kazuhiko estaban trabajando para ella, quería también unirse al equipo. Todo para saber donde estaba el departamento de su interés romántico, además de un beneficio extra, aunque la respuesta no fue la que esperaba:

Akane: Nakamura-senpai, por favor, podría trabajar con usted. «Esto acompañado de un emoji feliz».

Arika: Own, claro que no.

Akane: ...

Akane: ¿En serio?

Arika: ¿Crees que estoy jugando, niña? «Emoji de pistola»

Akane: Esta bien. ¿Algún motivo por el cual no me lo permite? Prometo ser como Kichi-kun y Kazu-kun.

Arika: Aprende a que «no» es «no». Concéntrate de subir de bronce, mejor.

Las palabras fueron duras, pero entendía que tal vez estaba imaginando un tono rudo, cuando en realidad lo hubiera dicho con esa voz dulce que suele entonar, o quien sabe, tal vez si estaba usando esa voz de malhechora que se le salió cuando amenazó a Kichiro.

Al final, la chica desistió y sólo atinó a despedirse de Arika, viendo en redes que tanto Kichiro como Kazuhiko eran populares.




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