Tanto Akane como Xinzuo continuaban caminando, hablando el uno del otro. La chica le contaba sobre sus tradiciones y lo que más amaba de ellas, mientras que Xinzuo le decía las cosas que amaba de su país, la pequeña isla donde creció, explicando lo mucho que había siempre querido enaltecer el nombre de la misma, razón por la cual decidió estudiar en la Yueguang.
Las personas que los miraban de lejos observaban a dos personas que sin dudas estaban conectando como si se conocieran de mucho tiempo atrás. Reían, jugueteaban, bromeaban y hasta exageraban reacciones o ademanes con afán de librarse del estrés que significaba estudiar en el lugar.
–A veces me pregunto porque muchos adultos no se detienen a pensar como lo hacían antes para entendernos mejor... –mencionó la nipón, suspirando al final de decir eso.
–Supongo que, por experiencia, saben a dónde iremos y prefieren guiarnos al lugar seguro a donde ellos saben que llegaremos –dijo el modelo al bajar la mirada y pensar un poco–. Tal vez... No lo sé, hay tantas cosas que me gustaría hablar con mis tíos.
–¿Por qué no lo has hecho?
–Me da vergüenza. Ya pasó un año desde que abandoné su casa y las cosas... Bueno, tal vez es momento de moverme una vez más. Me gustaría independizarme, en realidad. No tener que vivir en casa de alguien más, sino en la propia –explicó el hombre, sonriendo la chica al saber eso.
–Lo lograrás pronto. Te lo prometo –mencionó la joven, recordando algo–. De hecho, hay una casa que está sola en Kyoto. Pertenece a la familia de mi madre. Una señora nos ayuda con el aseo, pero siempre hemos buscado a alguien de confianza que pueda vivir ahí para que no quede abandonada. Podría...
–¡No! ¿Cómo crees? Apenas y nos conocemos. Eso sería muy irrespetuoso de mi parte –explicó el joven, a lo que rio la muchacha.
–También a tus amigos tenías poco de conocerlos cuando te fuiste con ellos. ¿Ahora sientes vergüenza? –resaltó Akane de manera juguetona, provocado que el modelo bajara la mirada, pensativo.
–Honestamente, no es la misma situación. Al menos ahora es sólo mi pena lo que me hace querer irme... –declaró el hombre, extrañada la bióloga al escuchar eso–. ¡Cómo quiera! Gracias por la oferta. Siendo sincero, lo tomaré en cuenta y te aviso. Prometo que les pagaré una renta y mantendré la casa impecable.
–De eso no me cabe duda. –Justo en ese instante, ambos llegaron a la facultad de filosofía, solitaria y misteriosa como siempre lo había sido. –Siento una vibra bastante extraña de este lugar... Como si me invitara a entrar, pero al mismo tiempo sé que no debo hacerlo. Es una sensación extraña... –confesó la nipón, notada su cara de preocupación por Xinzuo.
–No tienes por qué entrar si no quieres...
–¿De qué hablas? Ya he venido hasta acá antes. Sólo trato de ser honesta, más porque quiero saber si sientes algo similar. –El hombre miró el edificio de la entrada con atención, para luego respirar profundo y dejarse sentir lo que sea que la facultad le provocase.
–Siento miedo, incertidumbre y, por alguna razón, nostalgia. Es como si ya hubiera estado ahí alguna vez.
–¿No ha sido así? –El chico denegó con la cabeza sin dejar de ver el sombrío lugar–. Vamos, nos lograremos nada estando aquí como tontos viéndola. Venimos a ver a Zhang-senpai, ciertamente no lo encontraremos aquí. Dudo que use la entrada principal de la facultad. –Akane comenzó a caminar hacia el sitio, seguida por el modelo.
Los escalones de la entrada estaban dañados, algunos rotos y despegados. Las pareces laterales se notaban despintadas y desgastadas, como si hubiera pasado mucho tiempo desde que las pintaron. Las ventanas se notaban muchas sucias y hasta agrietadas, al igual que el techo que se apreciaba tenía en algunas partes telarañas.
A pesar de todo esto, los pisos dentro del complejo estaban limpios, muchas lámparas no funcionaban, así que los pasillos eran oscuros, alumbrados por algunas entradas de luz solar que se notaban como columnas en diagonal desde la lejanía.
A pesar de que se veía terrorífico, los alumnos continuaron su recorrido hacia el gimnasio, escuchados ecos y pasos de repente, lo que les hizo tomarse de la mano de manera instintiva.
Akane estaba que se moría de la pena, mientras que Xinzuo se puso al pendiente de lo que pudiera aparecer en los alrededores.
–De verdad que este sitio da escalofríos. No me imagino cómo será de noche.
–Y-yo no q-q-uiero sab-b-ber –tartamudeó la joven apenada, caminando con cautela hasta llegar a una jardinera oculta dentro del lugar.
Ahí, había un enorme estanque rodeado de verdes y frondosas plantas, con un pasto bien recortado, piedras que funcionaban como losas de unas veredas que daban al piso del edificio y un gigantesco árbol en medio, cuyo nacimiento estaba justo en el estanque, rodeado la mitad por sus raíces.
La luz del exterior entraba al lugar como si de una especie de sitio divino se tratase, iluminando y dando brillo por doquiera, encontrándose una fuente hermosa a un costado del estanque, cuya agua regresaba por un pequeño riachuelillo a la acumulación mayor, teniendo ésta figuras que los jóvenes reconocieron al instante.
–¡Wow! Nunca creí que un sitio así existiera... –emitió la mujer al admirar la belleza que existía frente a ambos, visto que había lirios y lotos en el agua, acercados al estanque para verlas, soltando a la chica Xinzuo, decepcionada aquella un poco de la acción, mas decidió seguirlo.
Ya una vez cerca, los jóvenes notaron dos cosas. La primera es que había un montón de peces koi de muchos colores en el sitio. Se notaban sanos y felices. La segunda es que, en el fondo del agua, parecía haber algo más.
–Mira, creo que hay una placa debajo –mencionó Xinzuo, acercándose la joven, visto que, en efecto, una especie de inscripción estaba oculta en un rectángulo de acero oscuro, cuyos hanzis eran de color blanco.
–"El caos distorsiona la mente".