La caída del sakura

Décimo séptimo pétalo: Confusión

Arika caminaba paciente por la acera para encontrarse con Kazuhiko. Eran apenas las cinco de la mañana, había muchos pedidos y quería sorprender al joven con todo ya organizado para que lo tome e inicien las entregas.

Al llegar, se llevó una extraña sorpresa, pues Kazuhiko no estaba solo. Ahí con él vio a Kichiro, Akane y Dahua, los cuales le miraron muy serios, algo que la hizo desconfiar, borrada su sonrisa y poniendo un rostro y tono más serios.

–Nakamura-senpai, tenemos que hablar –expresó Akane, lo que hizo a la mujer levantar una ceja, expulsando un poco de aire al mostrar sus dientes.

–¿De qué se trata todo esto? Parece que tienen ganas de hacerme enojar –respondió la mujer, fastidiada y acercándose de forma amenazante.

–Nakamura Arika gaoji... Por favor, ayúdenos a entender lo que pasa –pidió Dahua al dar un paso enfrente, confundida la rubia ante ello.

–Senpai, mire por favor –expresó Kazuhiko al darle su móvil, tomado por ella y visualizada la imagen en él.

–Es la jardinera central de la facultad de filosofía. ¿A que hora la tomaron? ¿Y por qué no usaron flash? Las cámaras de seguridad no funcionan ahí. –Eso provocó que los jóvenes se vieran los unos a los otros, preocupados y asombrados. –¿Me pueden decir qué sucede?

–Escuche –mencionó Dahua, reproduciendo un audio.

Está padre la imagen, pero a quien se le ocurrió meterle tanto brillo a la configuración de la foto. Parece como si el sol pegara directo al lente. A lo mejor hay un objeto reflejante, pero no lo noto –dijo la voz de un alumno, poniendo Kichiro un audio de sí mismo.

¡Ah! Te pasaste, Akane-chan. ¿Por qué fueron en la noche? ¿Dormiste fuera? –Luego de ese, puso uno de Kazuhiko.

¡Ja, ja, ja! ¿Cómo que de noche? Si lo único que veo yo es pura luz. ¿Usaste flash o qué?

No entiendo... –respondió Arika, secundada por Akane.

–Nosotros tampoco. Ayer a las nueve de la mañana Zhou Xinzuo y yo fuimos a filosofía a buscar a Zhang Dahao-senpai. No lo encontramos, y en nuestro camino vimos ese lugar. Decidí tomarle una foto y enviarla a mis amigos, en el grupo que compartimos. Cuando tomé la foto la vi y estaba normal, ya en la noche es cuando la percibí oscura, como si fuera de noche y no hubiera nada de luz. Otros la ven muy iluminada, como Kazuhiko, quien es el único aquí presente que la nota así, a cómo veo –explicó la chica, seria.

Chotto matte! ¿Me estas queriendo decir que esta cosa todos la ven de una u otra forma? Nadie la ve cómo debe de ser.

–Justo eso estoy diciendo –contestó la pelinegra, regresada la mirada de Arika a la foto.

–No puedo creerlo...

–Más alumnos la vieron cómo Kazuhiko. Pocos, en realidad, pero hay gente. La mayoría la ve oscura, como nosotros. Incluso Zhou Xinzuo confesó recordar ver que la foto salió normal. No sabe porque, ¿o sí? –cuestionó Dahua luego de exponer la información recaudada, impresionada la mayor ante eso, viendo la imagen.

–Ese lugar... Tiene una vibra especial. Se siente una paz impresionante, es un lugar casi sagrado dentro de la universidad. Dicen que fue creado para que los alumnos de filosofía tuvieran un sitio en donde poder aclarar sus pensamientos y poder debatirse lo aprendido. No obstante... –Algo parecía detener a Arika, quien miró a los muchachos y suspiró, cerrando los ojos y tomando una decisión. –Kuso! Olviden las entregas, tenemos que hablar. ¡Síganme! –Los muchachos se vieron los unos a los otros y fueron tras la mayor, misma que los llevó al auditorio manyue, abierto el acceso por ella y acomodados todos frente al escenario principal, recargada la mujer en este con sus brazos cruzados, lista para hablar.

–Senpai. Agradecemos que nos quiera apoyar en todo esto. Ayúdenos a entender qué pasa con esa facultad y con Zhang Dahao-senpai –enunció Kazuhiko antes de la mayor comenzar a hablar, asintiendo todos ante la petición.

–La facultad de filosofía no siempre fue un lugar desolado y horrible a cómo lo conocen. Cuando acababa de entrar a la universidad, fue cuando tenía muy poco de suceder, por eso sé qué pasó, que es verdad, muchos de mi generación lo saben e incluso los pocos que quedan por encima de mí lo vivieron. Por eso hay cámaras donde sea, para prevenir que vuelva a suceder –explicó la mujer, relatando lo que sucedió con franqueza y seriedad.

«No es secreto que esta universidad es codiciada por muchísimas personas. Tampoco que hay carreras que resaltan más que las otras. No era el caso de filosofía, pues la mayoría de alumnos de la misma eran egresados de alguna otra facultad, personas mayores o, incluso, maestros de la misma Yueguang. Eran pocas clases, así que tenían mucho tiempo libre para trabajar, dar clases o estudiar un postgrado. Filosofía siempre fue así de especial y nunca se había visto un alumno que no fuera mayor de 22 años de edad. Hasta que pasó.

En el Gaokao se presentó un muchacho que deseaba entrar a filosofía como primera carrera. En el examen le fue muy bien, 799 puntos. Casi la puntuación perfecta, y ha sido el más salto desde entonces, pero porque no se le conoce como tal. Pues todo fue arruinado por lo que pasó antes en la facultad.

Los alumnos nuevos entran una semana después que los demás. Por si no lo sabían, nosotros empezamos antes, y justo al enterarse los de filosofía sobre este nuevo sujeto, pasó algo que nadie podría esperarse, algo de lo que nadie habla o temer decir por vergüenza o superstición. En el comienzo de clases, todos los alumnos de filosofía se quitaron la vida al mismo tiempo. Algunos en las aulas de la casa de estudios, otros en sus hogares, muchos más en lugares al azar. Todos y cada uno de ellos decidieron irse al mismo tiempo, como si protestaran con su muerte, como si quisieran decir algo. Y sí hubo un mensaje. Libros con texto subrayado, el último escrito o correo enviado, lo último redactado en una libreta, lo último que dijeron en una llamada, video o voz, fue lo siguiente: "Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado. ¿Cómo podríamos reconfortarnos, los asesinos de todos los asesinos? El más santo y el más poderoso que el mundo ha poseído se ha desangrado bajo nuestros cuchillos".




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