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Héngwǔ y Lìān estaban pálidos ante lo contado por sus superiores. Héngwǔ incluso estaba temblando un poco, abrazado por el deportista, cosa que le hizo refugiarse en sus brazos, no pudiendo evitar llorar por los acontecimientos tan terribles que se suscitaron en la historia.
–¿Por qué? –cuestionó el ingeniero, llamando la atención de los presentes–. ¿Qué les hizo hacer eso? –Al inicio, no hubo respuesta de los presentes, hasta que Arika habló.
–No nos adelantemos a lo contado. No obstante, si desean saberlo, con eso concluiría nuestra historia, y entenderían porque rabu rabu meiru tuvo que volverse sakura meiru –mencionó la rubia, tomando aire el matemático para hablar.
–¿Deberíamos seguir? Todo esto cada vez se pone peor. ¿Cómo es que la universidad no cerró luego de ese suicidio en masa? ¡Es obvio que algo o alguien los empujó a hacerlo! ¿Qué clase de...? –cuestionaba desesperado, hasta que Arika levantó su palma hacia él en favor de detenerle.
–Ustedes querían saber, y pudimos ir directo a la respuesta sin contar todo esto, pero la realidad, y no me van a dejar mentir los demás, es que ustedes merecen saber la verdad. Creemos que la necesitarán, porque tiempos difíciles pueden llegar a la universidad y confiamos que, con esta experiencia, podrían hacer algo nuevo. Tengo esperanza en que así será.
–¿Por qué? Senpai, sea clara –pidió Lìān, observado por todos, hablando Kazuhiko.
–Zhang Dahao volverá este semestre. No hay duda de eso. Es menester que entiendan lo que sucedió si quieren poder lidiar con cualquier mierda que se presente. Véanlo como eso, la experiencia que necesitan para proteger a sus seres queridos –explicó el nipón de cabello negro, confundido Lìān por ello.
–¿Algo malo va a pasar?
–Siempre que está aquí, algo malo pasa. Algo bueno y algo malo. Equilibrado, como siempre, desde que entró a la facultad. Eso es justo a lo que vamos. –Las palabras de Akane provocaron que los jóvenes la vieran con miedo, a la par que retomaba la historia en sus manos.
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Las labores fueron repartidas entre los ahora cinco miembros de rabu rabu meiru. Arika, Akane y Dahua entregarían a los hombres, mientras que Kichiro y Kazuhiko a los de las mujeres, pues les enviaban menos a ellas.
Antes de empezar, Kazuhiko entregó una carta a Arika, acercándose Dahua para verla con curiosidad, notando que parecía tener pedazos de algo dentro.
–¿Qué es esto?
–Son pétalos de papel –explicó la mayor, impresionada la pelirroja por ello.
–¿Los que cortó ese día Kazu-kun? –cuestionó la bióloga al escuchar la respuesta.
–Los mismos –respondió Arika a la pelinegra, quien se notaba extrañada.
–¿Por qué te la entregó a ti? Ellos entregarán a las chicas. –La rubia entonces miró extrañada a la menor, tomando la carta de manos de Dahua sin arrebatársela, guardándola en uno de sus bolsillos.
–Kazu-chan no quiere que se revele quien es a ustedes o Kichi-chan. Yo la entregaré personalmente más tarde –mintió la rubia, cosa que molestó a Akane.
–¡Jum! ¡Cómo si me interesara saber cuál es su interés romántico!
–Es obvio que quieres saber –concluyó Dahua, sonrojada la bióloga ante eso, alterada.
–¡No es eso! Sólo me duele que desconfíen de mí. Es todo –mintió la chica, caminando hacia los edificios, para luego la rubia entregar la carta de Kazuhiko de forma discreta a la pelirroja.
–Es un secreto. Confío en ti –dijo Arika, adelantándose y ocultando la carta la deportista.
A los muchachos les fue bien con las entregas. Pronto las redes sociales se llenaron de sus fotos, al igual que de las muchachas, pero más de Akane. Llamaba muchísimo la atención de los jóvenes y su popularidad se disparó como nunca antes lo había hecho. Se había vuelto toda una celebridad en internet, más porque, al entregar, hacia reverencias y volvía más notorio su acento de Kyoto, cosa que hizo a más de un muchacho acelerar su corazón.
Por su parte, antes de acabar, Dahua pasó a entregar la carta de Kazuhiko, tocando la puerta del departamento y, por obvias razones, saliendo un hombre de ella, uno cuyo nombre ya había escuchado escapar del comunicólogo.
–Huang Xitian gaoji. Tengo una carta para usted desde rabu rabu meiru –explicó Dahua, entregando el sobre, tomado con una reverencia por el mayor.
–Xiexie, Wong Dahua. ¿Cierto?
–Dui... ¿Cómo lo sabe?
–Eres una de los tres en quedar en el primer lugar de tu generación. La gente te reconoce. Al menos la mayoría. –Eso provocó que la mujer se sonrojara y retirara la mirada, agradeciendo una vez más el hombre antes de cerrar la puerta y retirarse, sostenida por la pelirroja para evitar aquello.
-Huang Xitian gaoji. Perdone si lo pregunto, no tiene que hacerlo si no quiere, pero... ¿Puede mostrarme cómo abre el sobre? –La petición impresionó al estudiante, pero luego sonrió y asintió, levantando un poco la correspondencia y separando la lengüilla que la cierra, brotando de ésta los pedazos de papel rosados, bailando a su alrededor al caer.
–Es lindo, ¿no lo crees? La caída del sakura –preguntó el hombre, a lo que Dahua, con lágrimas en los ojos, asintió.
–Muy bello. –Xitian estaba preocupado y extrañado, a lo que la pelirroja explicó. –Cuando era chica, fui a un torneo en Riben. Era primavera, el sakura estaba por todos lados. Mi padre me dijo que hiciera mi mayor esfuerzo, que era importante ganar. Aun así, fui derrotada con cierta facilidad, lo que me provocó llorar como nunca antes. Corrí lejos avergonzada luego de los resultados, alcanzada por mi progenitor bajo los cerezos, abrazada con todas sus fuerzas, diciéndome a la oreja: «Lo has hecho bien. Hiciste lo mejor que pudiste y estoy orgulloso de ello. Mira estos pétalos de cerezo. Les llaman "sakura". Todo el año, esperan la primavera para florecer y crear esta hermosa lluvia que da la bienvenida a un nuevo comienzo. Dahua, mi pequeño retoño, algún día florecerás y te volverás la más bella felicidad que la vida nos trajo a todos. Ya de por si eres una bendición, tu futuro será brillante». Desde entonces, regreso a Riben con la esperanza de vencer, y ya lo he hecho varias veces, tanto así que pensé no habría ya grandes rivales allá, hasta que conocí a Sato Kichiro. Tal vez el sakura vuelva a caer para mí también –explicó la pelirroja, alegre el hombre de escuchar eso.