Pasó casi un mes desde que Xinzuo se unió a rabu rabu meiru. Los muchachos hacían su labor sin problemas, repartiendo los correos en la madrugada y haciendo otras actividades en la noche. Ahora que tenían el pase que les dio Arika, los muchachos podían aprovechar el tiempo fuera, pues no tenían toque de queda. Esto quienes más lo aprovechaban eran Kichiro y Dahua, quienes entrenaban, además de Kazuhiko y Xitian, pues se perdían por ahí para noviar.
–Ya falta menos de un mes para los exámenes –comentó Akane a Xinzuo, pues se les había hecho costumbre regresar juntos a los departamentos, más por que los demás estaban en su propio mundo y parecía ser difícil para el modelo conectar con la gente.
–Tuviste muy buenas calificaciones en ambas ocasiones. ¿Quieres ganarte el primer lugar?
–No creo ganarle a Liu-senpai o Zhang-senpai. Pero con tener un uniforme dorado me conformo –explicó la joven, acercadas unas muchachas a ambos, tomándoles algunas fotos.
–¡Hola! ¿Podemos tomarnos fotos con ustedes? –cuestionaron las jóvenes, a lo que los amigos aceptaron, posando por separado–. ¿Pueden hacerlo juntos?
–¡Sí! ¡Abrázala, Zhou Xinzuo! –vociferaban emocionadas, sonrojada la chica, notando que el de lila no estaban tan cómodo, pero igual lo hizo, lo que la puso algo triste, pero igual sonrió ante el lente, escuchando los gritos de las mujeres emocionarse y mencionar el nombre de la ship.
Pronto se dispersaron y la expresión de Akane se volvió una que demostraba lo triste que estaba. No sabía si debía continuar con todo eso porque le afectaba, aunque sus números en redes eran altos y pronto podría comenzar lo que tanto había planeado.
–¿Akane-kun? –llamó Xinzuo preocupado por su amiga, la cual salió del trance, sonriendo tanto como podía.
–Gomen! Estaba pensando unas cosas... pero ya todo bien, en serio.
–¿Estás segura? Creo que... –El joven estaba a punto de decirlo, que debían aclarar en redes que sólo son amigos, pero la pelinegra prefirió aferrarse a una pequeña fantasía.
–¡Oye, ya terminaste la bufanda roja! –desvió la conversación al ver las barbas de dicho objeto que sobresalían de la mochila de Xinzuo.
–¡Ah, sí! Justo hoy pude acabarla. –En eso, el joven tomó el objeto y lo mostró a Akane. –¿Qué tal?
–¡Vaya! Es bastante larga, pero supongo que con el invierno que se siente aquí, será bastante útil –calculó la chica al sostenerla, sintiendo lo suave que era y lo bien hecha que estaba–. ¿Puedo probármela? –pidió la pelinegra con cierta timidez, a lo que el modelo rio un poco.
–¡Claro que sí! ¡Adelante! –Emocionada, la joven enrollo el objeto en su cuello, pero no parecía que podía darle forma–. Déjame ayudarte –mencionó el de lila al denegar con la cabeza cuando observó lo embarazoso que era para Akane no poder ponérsela bien, haciendo unos ajustes a la bufanda y dando unos pasos para atrás.
El objeto se distribuyó muy bien en la chica, le cubría su cuello protegiéndolo del frio, a la par que caía por sus hombros al rodearlos de tal forma que parecía un artículo de avantgarde.
–Es muy bella...
–Se te ve muy bien –concluyó Xinzuo, retirándosela–. Luego te hago una del color que quieras.
–El rojo me gusta –expresó la bióloga quedándose quieta y alejando su mirada de los ojos del modelo, a quien tenía enfrente. Era obvio, también implicaba que le gustaría que le regalaran el objeto, pero el modelo, de la manera más amable posible, se mostró reacio a la idea.
–Te haré una pronto, antes que el invierno llegue. Lo prometo. –Esto volvió a sobajar a la chica, para luego ver el de lila que Kazuhiko y Xitian se acercaban a ellos. –¡Mira! ¡Vaya casualidad! –expresó el joven, un tanto molesta Akane por la presencia de los otros jóvenes.
Kazuhiko, al ver a Akane y Xinzuo, se puso más serio y alejó un poco de Xitian, para luego saludar a ambos con una buena sonrisa y ánimo, igual que el mayor.
–Hola, señor primer lugar. ¿Listo para caer de ese puesto? –mencionó bromeando Xinzuo, lo que puso algo triste al politólogo.
–Creo que en comunicaciones sí seré el primer lugar, al menos. Liu-senpai y Zhang-senpai son bastante impresionantes en sus tiempos. A lo mucho creo que quedaremos en cuarto o tercero con mucha fe.
–Sí, es verdad. –La comunicación entre ambos era buena, no parecía haber problemas de ningún tipo, pero el otro par parecía incomodo, sobre todo por la mirada extraña que Akane le dedicaba al superior, lo que notó de inmediato el modelo.
–Será mejor que nos vayamos a casa. Se hace tarde. No vaya a ser que se nos aparezca un fantasma –bromeó el de lila, riendo un poco todos.
–O peor, que salga Zhang-senpai. –Akane trató de seguir la corriente, pero era evidente que puso incomodos a Xitian y Xinzuo, los cuales sonrieron a duras penas, notado aquello por los nipones.
–¿Dónde está Zhang Dahao? –dijo Kichiro al aparecer de entre la jardinera con Dahua, ambos bañados en sudor y con algunos moretones en brazos y piernas.
–¡Wow! Sí que entrenan en serio –mencionó Xinzuo para desviar el tema, cosa que lo empeoró todavía más.
–Si queremos derrotar a Zhang Dahao, tenemos qué ser duros con nosotros mismos –explicó Dahua, levantada la mirada del de vino, apretado el entrecejo del de lila.
–¿Derrotar a Zhang Dahao? ¿En combate? –cuestionó Xinzuo, asintiendo Kichiro de inmediato.
–Ese sujeto es en extremo poderoso. Nos hizo puré la última vez que lo vimos, pero será muy diferente ahora que hemos entrenado más, sobre todo con ayuda de los consejos del padre de Wong-san –explicó el rubio, acercándose Akane a él.
–¿Wong-san? ¿Por qué no Dahua-chan, Kichi-kun? –cuestionó al susurrarle al oído y arrojándole aire, causándole escalofríos al joven.
–¡Bakayaro! ¿Qué te pasa? -gritó Kichiro a la pelinegra, misma que se notaba más relajada.
–Pues yo creí que ya habría más confianza. A mí no me llamas «san».