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Me desperté al día siguiente cuando la luz tocó mi rostro. Estaba sin prendas, abrazado de Mǐěr, quien continuaba dormido. Me di cuenta que nos descuidados y podía hacer esto más grande, así que me levanté de inmediato, me puse a arreglarme y busqué mi móvil para saber la hora. Estaba muerto.
Fui hasta la sala y en el microondas estaba puesto que eran las 7:15 de la mañana. Duc iba a llegar en media hora aproximadamente. Por ello, corrí de vuelta a la habitación y levanté al mayor.
–Gege, son las 7:15 ya. Por favor, levántate –dije mientras agitaba al hombre, el cual, al escuchar la hora, abrió los ojos tanto cómo sus parpados se lo permitieron, asustado, corriendo a bañarse.
A su vez, abrí la puerta de la habitación y la ventana. Tenía un olor que delataba el suceso, por lo que me puse manos a la obra y empecé a limpiar, encendiendo el ventilador para que circulara el aire más pronto, trapeando con bastante limpiador con un poco de cloro para que el aroma inundara la habitación.
Luego, Mǐěr salió de bañarse, pidiéndole que continuara con el resto de la casa mientras me duchaba. No me dio ni un «pero» y de inmediato comenzó a continuar eliminando evidencias, tomando las sábanas y lavándolas, al igual que el cobertor que usamos.
Al estar en el baño, bajo el agua de la regadera, me di cuenta que había cometido un grave error. Ni siquiera entendía qué demonios había pasado. No era como que me haya disgustado y siempre me pareció muy atractivo Mǐěr desde que lo vi, mas fue un pensamiento pasajero que se quedó dormido conmigo hasta ese momento.
No puede evitar llorar. Me sentía como un estúpido, un traidor y un abusador. Mǐěr no estaba al cien por ciento en sus facultades, Duc era también mi amigo y yo abusé de su confianza. Estaba destruyendo una relación por una estúpida idea que se volvió una fantasía que, a su vez, pasó a ser una realidad.
Me tranquilicé, salí de la regadera y vi a Duc llegar. Nos saludó como siempre, le dio un pequeño beso en los labios a Mier y agitó su mano para mí, con una sonrisa. Yo estaba aún confundido, por lo que agaché la mirada y con una media sonrisa saludé.
El hombre estaba algo sorprendido de que limpiáramos tan temprano, pero Mǐěr sacó una excusa de inmediato, cosa que el más chico creyó sin preguntar más. En cambio, yo decidí encerrarme en mi habitación a pensar en lo que había sucedido, hasta que, luego de un par de horas, Duc se quedó dormido y Mǐěr salió a hacer las compras. Me invitó, pero me hice el que había caído en las manos de Morfeo.
Salí entonces de la casa y caminé en un parque cercano, preguntándome cosas sobre lo que había pasado. No podía creer todo lo ocurrido, parecía ya haber sido un sueño, y no dejaba de culparme. Pensé en hablar con Duc, pero se me hacía más sensato primero hacerlo con Mǐěr, así que lo cité en el lugar.
Cuando llegó, lo vi tranquilo, como si nada pasara. Me saludó con la sonrisa de siempre y se sentó a mi lado. Yo me sentí un poco incomodo y me alejé un poco de él, encarándolo.
–Gege, lo que pasó anoche... Lo siento mucho. Fue una estupidez y no sé por dónde empezar para enmendarlo –comencé a llorar de inmediato. Tenía tanto ahora, amigos, un hogar, una familia que me amaba, un trabajo estable y paz. Perdería todo en un simple parpadeo muy pronto. Estaba seguro de ello.
–¿De qué hablas? –cuestionó el mayor, lo que me dejó sin palabras.
Creí que Mier estaba tan alcoholizado que olvidó lo que sucedió, por lo que empecé por ahí.
–Anoche pasaron cosas, cuando dormimos juntos... ¿Tienes una idea de lo que pasó?
–Claro, tuvimos sexo. –Fue ahí donde me di cuenta que estábamos completamente en posiciones diferentes. El tono en el que Mǐěr lo dijo fue por completo despreocupado, como si fuera cualquier cosa normal. Ahí es donde se me bajó la sangre, me sentí petrificado por la falta de importancia que sentí que le daba, pues yo estaba destrozado por dentro.
–Emm... ¿Tienen una relación abierta Duc y tú? –cuestioné aquello, había escuchado que es una posibilidad un poco común en las parejas homoparentales que llevan más de cinco años, la estadística lo podía indicar y eso me haría sentir un poco menos culpable.
–No, nada de eso. –Una vez más, esa maldita voz serena.
Entendí dos cosas en ese momento. La primera era que Mǐěr no sentía ni un ápice de remordimiento por lo que había pasado anoche. Dos, que tal vez no amaba tanto a Duc como yo lo creía.
–Gege, entonces lo de anoche fue un error. Perdóname si me deje llevar, no sé qué pensar ni hacer. Me siento muy mal.
–No tienes por qué sentirte mal por hacer algo que te hizo tan feliz –contestó el descarado, alegre–. Anoche te escuché y vi a la perfección. Lo disfrutaste tanto como yo y me hiciste sentir joven y deseable, como cuando tenía tu edad. Me ayudaste mucho con lo que hicimos, y también lo disfruté muchísimo, al grado que no quería parar.
Estoy seguro que mi cara me delató. Estaba molesto, asqueado y decepcionado. Es cierto, fui parte del problema, pero me estaba cayendo a pedazos de arrepentimiento y dolor, mientras que Mǐěr parecía que deseaba ver cómo me convencía de repetirlo.
–Creo que vivimos lo mismo, pero tenemos visiones muy diferentes de ello. Fue un error y espero no vuelva a pasar.
–¿Por qué? Lo disfrutaste...
–¿Y eso qué? ¡Estuvo mal! –dije al levantarme y alzar la voz.
–¡Hey! Relájate y baja el tono. Hay vecinos nuestros cerca, no quiero que mal interpreten algo –explicó un tanto molesto y asustado.
–Quieres que suceda de nuevo, pero sin que nadie se entere. Si lo disfrutaste, entonces ¿no debería ser algo de lo que estés orgulloso?
–No juegues conmigo. Mi relación con Duc Tran está en juego por esto.
–Entonces deberíamos decirle, confrontarlo. Tal vez él si te ame tanto para perdonarte, aunque yo...
–No, estás loco –mencionó al ponerse de pie, acercándose a mí, amenazante–. Si le decimos, es capaz de matarnos. No lo conoces, Zhou Xinzuo. Nuestros cuellos están en la línea de corte, y si quieres seguir teniendo vida y techo, será mejor que guardes el secreto. –Al escuchar eso no pude evitar llorar, asustado.