La cara de fantasma

Capitulo 8

 


De lejos ya se escuchaba el aullido de las sirenas policiales.
El viejo Roger se acercó y le puso la mano en el hombro del chico. 
- Disculpame muchacho, pero...
"Ahora me va a entregar a la policía." - pensó Eddy.
- ...te puedo ayudar muy poco, - continuó el viejo. - tienes que salir corriendo por la puerta tracera. Corre hasta el bosque y trata de esconderte. Mas tarde te van a buscar con los perros. Por eso tienes que caminar a lo largo de algún arroyo para que no detectan tus huellas.
 Roger estaba conmocionado. Metió la mano el bolsillo y saco un puño de billetes.
- Toma. 
Eddy se acercó y lo abrazo al viejo.
- Gracias Roger. Gracias por todo. Queiro que sepas, que yo no hice nada malo.
- Te creo, muchacho. No eres este tipo de gente. Y ahora no pierdes tiempo. Voy a entretenerlos a todo lo que se puede.
Eddy dio otro gran abrazo al viejo hombre y salio corriendo por la puerta en el fondo del galpón. Lo ultimo que escuchó, era el chillido de frenos en parte de adelante del galpon.

Los operativos de la policía están establecidos por las normativas de hace muchos años de experiencia. Eddy sabia poco de eso, pero aun asi se dio cuenta que no llega a escapar. Un auto policial ya estaba en la entrada del galpón. Y otros dos le cortaron el camino por todo el perímetro alrededor.
Eddy se quedo donde estaba con las manos levantadas. Un minuto después ya tenia las muñecas esposadas y en media hora entro a los empujones a la comisaria.
Todos los policías de la comisaria lo quedaron observando.
Parece que el chico era la noticia del dia.
Y era cierto.
En uno de los televisores apareció su foto en primer plano. No era la foto de buena calidad pero claramente se reconocía Eddy.
El periodista del programa de noticias comentó que esta noche los vigilantes del cementerio encontraron a un chico que abrió dos tumbas. Uno de ellos saco esta foto mientras llamaba a 911.
"Ahora entiendo por que me encontraron tan rápido." - pensó Eddy.
- Mira, Cliff, - dijo sonriendo uno de los oficiales al otro que estaba en la barra de recepcion, - ya atrapamos al delincuente y los periodistas todavía lo están buscando.
- Si, - contesto el otro, - les ganamos la mano.
En unos minutos mas el oficial en la barra terminó castigar la computadora y la impresora chillando escupió unas hojas.
El otro oficial las firmó y se dio vuelta a Eddy.
- Vamos pendejo.
Eddy se levantó.
En este momento en el televisor empezó a sonar una linda canción de ritmo movido.
Los oficiales se dieron vuelta a mirar la tele. 
Era la propaganda del recital de la famosa cantante Emilia Strand. Eddy se acordó que vio enormes afiches en toda la ciudad. La chica era mas que hermosa. Era un sueño de cualquier hombre. Eddy se quedó mirándola olvidando de todo el mundo y los problemas. La melodía y la voz lo llevaban al mismo cielo.
- Cliff? - dijo un oficial al otro, - ya sacaste las entradas para ir a ver este bombón?
- Claro! - contestó Cliff, - no pierdo esta oportunidad por nada del mundo.
Eddy se despertó de sus sueños y se zambulló en la cruda realidad.
Lo metieron a una celda y por fin le sacaron los esposos.
Eddy se acostó en el banco que servía de cama y cerró los ojos.
"¿Y ahora que? - pensó. - ¿otra vez la cárcel? Mucho no me van a dar, no mate a nadie. En un año salgo y hay que empezar todo de nuevo. Lo único que se, no voy a trabajar mas limpiando los restos de cadáveres, estoy seguro. Que mala suerte otra vez estar encerrado, la vida libre me gusta mas. ¿Y a quien no?"
Eddy decidió dormir un poco, ahora que va a tener mucho tiempo para poder descansar.
De repente un chillido muy leve se deslizo por el espacio de la celda. Un solplido de aire paso por el pelo del chico y una voz llena de dolor resonó en las paredes.
"¿Que hiciste conmigo?"
Eddy abrió los ojos y se sentó en la cama. 
La voz era real asi como la imagen enfrente de el.
En principio el chico no entendió que es lo que ve. 
Sin duda era la mujer fantasma flotando en el aire en el medio de la celda.
Pero había algo muy rato en todo su aspecto.
Al entender que es, Eddy casi se desmalla del susto. Nunca en su vida vio algo tan horrible.
En el medio de su cuerpo la mujer tenia incrustado a un perro. La cabeza del animal salia del cuello de la mujer casi reventandolo. Las dos patas cubiertas por el abrigo estaban metidas en la pansa.
En el costado, a la altura de las caderas se movía la cola de perro.
Los cuatro ojos, dos humanos y dos caninos miraban a Eddy con rabia.
- ¿Que me hiciste? - repitió la mujer, escupiendo todo el dolor que tenia guardado adentro.

 

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