La cara oculta de la Luna

Dejarte ir

Una gran parte de lo incomprensible de los hechos, proviene de lo que elegimos hacer. Esas pequeñas decisiones que tomamos en momentos de tormento, de desesperación y miedo. Miedo a no recuperar aquello que se perdió, eso que dejamos que marchara.

Me atormenté durante tanto tiempo con la idea de que, si decidieras volver, haría las cosas distintas esta vez, de que me encargaría de hacer hasta lo imposible porque te quedaras conmigo. Simplemente, no me podía permitir perderte de nuevo.

Y fue así durante mucho tiempo. Tanto, que pasé por alto lo ilógico que podría llegar a ser. Hasta que comprendí, finalmente, que no poseía en mis manos el poder de obligarte a cumplir con aquello con lo que no coincidieras.

No podía atacar tu libertad, no podía obligarte a amarme.

Pero, sobre todo, tenía que aceptar que hace tiempo habías dejado de hacerlo.

Y así fue, con el tiempo tu risa dejó de sonar en mi mente y mi pecho ya no extrañaba el calor de tus abrazos. Olvidé el olor de tu pelo, el sabor de tus besos, el color de tus ojos.

Con el pasar de los meses, fui olvidando tu imagen. Mientras, poco a poco, empezaba a comprender la mía.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.