La cárcel

Capítulo 1: Luli

Esta es la historia de Luli.

Luli ama vivir, pero no el costo de la vida.

Luli ama la naturaleza y a los animales, pero vive encerrada en su casa.

Le gusta estar con otros, reírse y compartir, pero por alguna razón, desconfía de su entorno.

Luli ama el amor, pero tiene el corazón tan herido, que solo siente el amor romántico a través de las películas.

Le gusta correr para sentirse libre, pero fuma para evadir la cárcel en la que habita.

Luli tiene muchos talentos y capacidades, pero no es capaz de reconocer ninguno de ellos.

Luli ama la libertad, pero trabaja encerrada en una oficina, donde se despeja mirando por la ventana el amanecer y los autos que pasan.

Luli vive como si la vida durase una eternidad.

Aunque no vive, simplemente está.

Luli no se reconoce, porque en sus trabajos, en la vida, nunca lo hicieron.

Luli sufre en silencio, porque en el ruido es risa.

Luli tiene el corazón inundado de tristeza, pero finge que no.

Luli finge vivir feliz, porque le da miedo vivir su propia vida.

Vive a través de lo que conoce, de lo que aprendió de otros.

Luli sabe que afuera hay oportunidades, pero la cárcel en la que habita no le permite verlas.

Luli sabe que ama viajar, pero nunca puede hacerlo porque debe trabajar.

Luli ama el mar, pero vive cerca del cemento.

Luli llora cuando recuerda que por trabajar se perdió cumpleaños, momentos importantes de sus seres queridos.

Llora y se lamenta. Pero sigue sin cambiar.

Se aferra a la idea de que su sueño es grande, por ello no se va a concretar.

Llora y se queja encerrada en su cárcel, con poca luz, escondida y refugiada en su mundo, buscando respuestas que tiene frente a sus narices.

Pero como dicen: “no hay peor ciego que aquel que no quiere ver”.

Luli sabe que hay algo que hace que la cárcel se convierta en casita del bosque, que no le permite pensar en tristeza.

Y son sus manos.

Luli mueve sus manos para pintar, escribir, crear y reinventarse.

Recicla, arregla, sana, acaricia.

Mueve su cuerpo hacia el abrazo.

Aplaude.

Las estira en las victorias.

Usa sus manos cuando es feliz.

Pero, ¿por qué Luli no usa sus manos para sacarse la venda de los ojos?

¿Por qué sigue limpiando con ellas sus lágrimas, agarrándose la cabeza?

¿Por qué se lastima con sus manos creadoras?

¿Por qué no es capaz de verse a sí misma por lo que realmente es, por lo que vale?

Luli, teniendo todas las maravillas enfrente, no podía verlas porque así lo había elegido.

Tenía más peso la cinta en sus ojos, que sus manos para quitarla.

Luli elegía comodidad en vez de pasión.

Luli no ve las maravillas de afuera, porque no es capaz de ver las que habitan en su vida a diario.

Luli se olvida de agradecer.

Luli no acarició a un animal.

Luli no llevó sus manos hacia el abrazo.

Luli no pudo ser amable con las personas, como solía hacerlo, porque eligió encerrarse en la cárcel.

Luli no viajó porque tuvo miedo.

Luli no vio a sus amigos, porque prefirió trabajar, de algo que le quitaba pasión, en vez de dársela.

Luli se cegó, porque tuvo mucho tiempo los ojos cerrados y no pudo ver la luz del sol.

Luli no mojó sus pies en el mar, porque no supo cómo avanzar.

Luli no avanzó, no corrió, porque prefirió lamentarse.

Luli nunca va a ser Luli, porque no eligió la libertad.

Luli se apagó, lloró y la efímera eternidad que creía que vivía, la consumieron en un día de depresión.

¿Cuánto tiempo más vas a seguir siendo Luli?

¿Cuándo vas a escuchar a tu corazón?

¿Cuánto tiempo te postergaste?

¿Cuántas veces dejaste de hacer lo que amás por encajar o simplemente por necesidad?

¿Cuántas veces te la jugaste por lo que amás hacer?

¿Cuántas veces confiaste en tus talentos, en tu capacidad?

¿Cuántas veces dejaste los miedos atrás?

¿Cuántas veces te enfrentaste a la realidad y te hiciste responsable de tus acciones?

¿Cuánto tiempo más pensás seguir postergándote?

Paradójicamente, el tiempo es lo más efímero que tenemos en esta vida, el que más rápido pasa.

No es una eternidad, son breves instantes donde elegimos si hundirnos, o tomar el camino a la felicidad.

¿Cuánto más tiene que pasar para que te des cuenta?

¿Hasta dónde le vas a permitir a tu cuerpo, a tu ser, seguir siendo quien no sos o quien le conviene ser hoy?

¿Cuánto más vas a escuchar al resto, en vez de escucharte a vos?

¿Hasta cuándo vas a tolerar la ansiedad que te genera el “no ser



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En el texto hay: busqueda, reinvencion personal

Editado: 29.04.2026

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