La carrera del fin del mundo

Eureka

Martin quedó maravillado veía ante sus ojos autos 
Mercedes, Bugatti, Ferrari's, Volkswagen y más, dejó de 
acariciar el capo de un pequeño Fiat del año dos mil 
treinta, se dirigió hacia la puerta e intentó abrirla, no lo
logró y trató una vez más, agacho la cabeza para dirigir 
su mirada dentro del vehículo, giró su cabeza y esta vez 
sus ojos observan la puerta de las oficinas abandonadas.
¡las llaves!
¡las oficinas!
Cruzó una puerta, un pequeño pasillo, y llego a las 
oficinas, contaba cuatro, eligió la más cercana y entró 
sin más, al entrar observaba vidrios rotos en el suelo, 
afiches de autos a precios rebajados, y en frente una 
computadora o algo parecido, pues el acondicionador 
de aire había caído encima de ésta y el escritorio donde 
debiera encontrarse estaba partido en dos, siguió 
buscando con la mirada, al lado un pequeño mueble, lo 
que buscaba, cuatro cajones de metal pintados de verde 
oscuro, dio un paso hacia el cajonero, y luego el 
siguiente pie, se resbaló, un puñado de afiches hacía un 
perfecto desnivel en el suelo, al pisarlo, el montón de 
afiches se desordenaron aún más y dieron un susto a
Martin, se agarró de una segunda mesa que se hallaba 
junto al armario.
44
¡Diantres!
Se fijó en el suelo buscando el culpable y volvió su 
mirada al primer cajón, lo abrió, metió su mano y 
encontró papeles y carpetas amarillas, lo cerró de 
inmediato, fue a por el segundo cajón y no halló más 
que bolígrafos, en sus costados un diseño con el nombre 
de la tienda "Iguatemi Automóveis" tomó uno de ellos, 
rayo su mano izquierda para la prueba y la tinta estaba 
seca, lo lanzó al suelo con decepción, fue por el 
siguiente cajón y en su boca dibujó una mueca, no 
encontró lo que buscaba, segundos después salía del 
despacho, ahora se dirigía a la siguiente oficina.
Lily y Jhon entraban juntos a la tienda de autos, a la 
castaña de ojos grises le ardía el tobillo como si una 
cierra haya pasado buen rato tratando de hacer su 
trabajo, cortar, sin embargo, fingía estar en perfectas 
condiciones, "eres una pequeña muy fuerte" se decía así
misma mentalmente. Se ajustó las gafas, expulsó un 
suspiro, y se agarró el cabello.
¿Lily estás bien?
Pregunto Jhon, que la miraba extrañándose, 
presentía que algo no andaba bien.
—Si, estoy bien—
¿Martín dónde rayos estás?
Gritó la canadiense.
Una pequeña vena brotaba de la frente de Lily, su 
pálido rostro se convertía en un rosa encendido, estaba 
molesta, aunque la herida era una tontería, por dentro le 
provocaba estrés, la arena y su salinidad esparcida por el 
ambiente eran sus nuevos enemigos.
Jhon Ekans no preguntó más.
Martín que estaba dentro de una oficina con cristales 
rotos, alcanzó a escuchar el grito y su cabeza la alzó sin 
pensar, dejó en el suelo los cajones de la tercera oficina 
que registraba, corrió desde un piso más arriba y bajó 
las escaleras, lo hizo tan rápido que casi resbala justo 
con el último peldaño. 
—Lily, Jhon tienen que ver lo que encontré—
¡Se sorprenderán!
—No hay tiempo, Lily está heri...—
Jhon fue interrumpido.
¡Que no! Vayamos.
—Por aquí—
Mencionó Martin Mora que trazaba un sendero 
imaginario en cada zancada que daba, Lily y Jhon lo 
seguían, pasaron un par de oficinas, las puertas estaban 
abiertas, dentro se contemplaba que todo estaba 
desordenado, carteles de autos por doquier, papeles y 
cajones en el suelo, dejaron atrás los pequeños 
despachos y al fondo una gran puerta de metal, los 
llevaba a una especie de bodega, Martin la abrió e 
invitaba a Jhon a pasar por aquel limbo, todos 
atravesaron el acceso y sentían que se salía envés que se 
entraba.
Jhon estaba fascinado, sus ojos brotaron de sus 
órbitas y en su cara se pintaba una sutil sonrisa, una 
caravana de autos de muchas marcas prestigiosas, 
muchas reconocidas por Jhon, un sueño para el joven 
Ekans.
¿Martín funciona?
—No encuentro las llaves, ayúdame a buscar—
¿Dónde?
—En las oficinas—
Jhon ojeaba con estupor los autos mientras corría 
junto a Martin hacia las oficinas de la tienda de autos, El 
corredor de fórmula uno se desvió hacia los despachos 
y Martin subió por las escaleras.
—Esas ya las revisé ¡sube!
Lily por un momento se sintió invisible.
¡Hombres!
Se sintió ignorada, su tobillo le ardía, y un montón 
de perfectos cristales de ventanas de autos permanecían
frente a ella, alzo una ceja y hecho un vistazo a las 
escaleras que hace un momento ascendían un par de 
testosteronas, no vio a nadie, dio unos pasos al frente y 
se acercó a un Bugatti Chiron del año dos mil 
veintiocho, volvió a mirar a las escaleras y en la entrada 
a unos cincuenta centímetros de altura en la pared 
colgaba un pequeño tanque de co2, era un extintor de 
incendios, acarició por última vez los vidrios de aquel 
auto y se acercó con paso firme hacia el pequeño 
cilindro, lo desengancho de la pared y volvió hacia el 
Bugatti. Sonaron los vidrios romperse, Jhon y Martin 
soltaron una sola palabra al unísono.
¡Lily!
Corrieron por las escaleras, y los afiches dificultaban 
las pisadas de Martin, una vez más los maldijo. 
¿Lily estás bien?
Pregunto Jhon buscando con la mirada una cabeza 
color castaña.
—Aquí estoy—
Una mano pálida como la extinta nieve de Canadá 
salía de un viejo Bugatti.
—Está muerto—
—No enciende, la batería debe estar muerta—
Jhon y Martin se acercaron al auto, en el suelo, 
vidrios rotos, y un pequeño extintor de incendios, 
dentro del auto una lívida enfermera con gafas y un 
cabello del color de la melena de un león, se trataba de 
Lily, Jhon le sonrió, se agachó y agarró el extintor con 
ambas manos, repitió lo que la Norteamericana hizo, 
golpeó con fuerza el vidrio de la ventana del auto junto 
al Bugatti, y abrió la puerta, Martin hacia lo mismo con 
una enorme llave inglesa que halló en el suelo, probaron 
algunos autos más, casi terminaban, se detuvieron.
¿Están?
Preguntó Martín.
La salinidad del ambiente aceleró el desgaste de las 
baterías, conectores sulfatados, memorias estropeadas, 
cableado eléctrico desecho.
En sus caras se notaba tristeza, Lily estaba sentada 
en el pequeño Fiat que Martin había encontrado hace 
rato, metió sus manos por debajo del volante y despegó 
una tapa rectangular de plástico, cayeron unos cables.
—Este se ve bien—
Unió un par de cables, las luces se encendieron por 
un instante, un ruido mecánico se escuchó y luego un 
rotundo silencio inundó el lugar, Jhon y Martín 
corrieron hacia el Fiat donde estaba Lily, ella salió del 
vehículo y Martin la reemplazó al volante, Jhon abrió el 
capó a golpes con la llave inglesa, y echó un vistazo al 
interior, era el primer auto que veía en esas condiciones, 
no estaba inmaculado, pero se contemplaba cien veces 
en mejor estado que los demás autos ya revisados.
—Es la batería dio su último suspiro—
Mencionó Martín
—La llevaremos a la nave y…
Jhon fue interrumpido.
¡Hey!
Lily llamó la atención de ambos estaba a lado sentada 
en el asiento del piloto en un Ferrari del año dos mil 
veintiuno, su mano derecha apuntaba con el índice el 
reloj de pulsera de su mano izquierda sobre el volante, 
eran las diecisiete horas y veinte minutos, con esto 
sabían que debían darse prisa en volver, pues la 
tormenta pasaba a las dieciocho horas.
Jhon y Martin se vieron el uno al otro, no dijeron una 
palabra, empezaron a echar mano sobre la batería del 
Fiat, con un poco de esfuerzo prácticamente arrancaron 
la batería del auto, pesaba un par de kilogramos, aunque 
para cuatro manos aparentaba la mitad de su peso, 
después de ambos levantarla, Martin relajo sus manos y 
la dejó caer, esperando que Jhon la llevará, Jhon sostuvo 
un suspiro, luego exhalo un poco de aire, y entre cerro 
sus ojos hacia Martin.
—Lo siento—
¿Qué te parece medio camino?
Preguntó Martín.
"Medio camino" demandó Jhon que llevaba fuera de 
la tienda la batería dirigiéndose a la nave.
Lily apresuró el pasó odiaba el lugar con cada pisada 
que daba, Jhon estaba unos metros atrás cargando la 
batería y Martín lo acompañaba, Lane interrumpió su 
caminata, dio media vuelta y vio un par de tontos y 
lerdos hombres, se acercó a ellos y los detuvo, despojo 
a Martín Mora de su mochila y pidió que insertaran la 
batería, alargó los tirantes e insistió que tomarán cada 
uno una de ellas.
¡Ahora caminemos! ¿sí?
Martin y Jhon se miraron simultáneamente y 
sonrieron.
—No se me habría ocurrido—
Proclamó Jhon
—Tampoco a mí— contestó el mecánico.
En la nave un mensaje al capitán Kirt Hudson le 
había llegado, una notificación adjunta en una de las 
pantallas en la cabina de mando, bajo el mensaje una 
ventanilla electrónica con un símbolo rojo y unas 
cuantas palabras.
"Este mensaje puede contener información 
incompleta y con un retraso de hasta 20 horas"
Abrió el mensaje y era un video que habían enviado 
desde el planeta rojo Marte, pixelado y en minutos se 
entrecortaba, lo detuvo y debajo del video un botón con 
una opción milagrosa, 'transcripción' leyó lo que decía 
el video, sus ojos jugaban de izquierda a derecha como 
una partida de tenis de mesa, "ping pong" ojeaba el 
texto con mucha determinación y de un saltó se levantó 
de su silla, la gorra de marino se le cayó de la cabeza y 
quedó en suelo, el capitán abrió la puerta y se esfumó 
en un santiamén, la pantalla se quedó encendida con la 
transcripción latente.
Ésta mencionaba lo siguiente...




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