La carrera del fin del mundo

Bombas que no son bombas

Bombas que no son bombas

"Hola a todos en la Tierra tratare de ser directo, el video presentará fallas por la transferencia, pero tendrán una descripción total, ¿como decirlo ? deben mantenerse dentro de la nave, las tormentas que monitoreamos no son tormentas de arena bueno en parte lo son, pero son  generadas y se mezclan con las llamaradas que desprende el sol, estas alcanzan a la Tierra con el viento solar que acaricia la Tierra y debido al calentamiento global está ya no tiene una capa de ozono suficiente para protegerse, la heliosfera ahora es irregular y la Tierra será desgarrada por llamaradas de este tipo todos los días a las mil ochocientas horas del día terrestre, no salgan de la nave e intenten que el doctor Cooper despierte, solo asi podran salir de allí y sobrevivir, fin del comunicado, suerte"

 

¿Qué les pasó? preguntó Martín.

Esta un poco molesta, se cayó por una alcantarilla y la encontré guindando.

¿Ella está bien?

Me dijo que sí peró…

Jhon relataba lo que sucedió cuando salió de la alcantarilla después de liberar a Lily.

Al salir vio una muchacha tan blanca como las alas de un ángel estaba acuchillada al suelo, lanzando la mano a Jhon para ayudarlo a salir, cuando los dos elevaron sus cuerpos para ponerse de pie, Lily se contuvo por instante luego se enderezó lentamente, para agradecer a su héroe que por segunda vez la ayudaba a salir de apuros, Jhon la miró detenidamente, inclinó la cabeza y miró su tobillo, no alcanzó a ver nada.

¿Estás bien Lily?

—Si estoy bien—

A La enfermera le ardía el tobillo como una salpicadura de aceite hirviendo, ella sabía que un poco de sal la cual se encontraba en la arena esparcida por la avenida, le vendría bien  a la herida ya que el cloruro de sodio, obliga al líquido de las células a salir, este proceso se considera antibacteriano y antiinflamatorio. 

—Vayamos por Martín— manifestó Lily mientras marchaba.

 

Jhon y Martín caminaban hacia la nave con una batería de cuatro kilogramos aproximadamente, dentro de una mochila que ambos sostenían de cada uno de sus sujetadores.

 

¡Es Orgullosa! Vociferó Jhon.

Pretendiendo que lo escuchara la canadiense.

Lane no regresó a mirar, ignoró las palabras y siguió caminando.

 

¿Ella te gusta? Preguntó Martin que preguntaba todo lo que se le venía a la mente.

—De qué hablas, solo somos conocidos—

Por favor no me engañas, si te vieras en un espejo, cada vez que la miras tus ojos brillan.

—Tal vez me gusta pero no se si ella…

Invitala a una cita

¿A dónde? ¿al fin del mundo ?

Oh Lily te invito al restaurante más fino de Brasil, está cubierto de arena pero aun así es el mejor.

—Jajaja—

Martín echó una carcajada y le siguió el juego a Jhon con una voz aguda.

"Lily hermosa deseas un dia de campo en el gran Maracaná junto a misiles de nitrógeno o una cena sobre un ferrari de hace diez años que no enciende"

 

Ambos se vieron el uno al otro y rieron, captaron la atención de Lily que estaba a solo unos metros más adelante, disimuló no echar su cabeza hacia atrás, y se preguntó así misma de que se reían, seguían riendo hasta que vieron a Lily frenar su paso frente a ellos, la risotada se enmudeció por un momento y un viento fuerte azotó la espalda de Jhon y Martín, luego aquel ventarrón alcanzó a Lily y su cabello se mecía junto con la brisa, ella alzó su mano derecha y apuntó con el dedo índice.

Jhon y Martin voltearon al mismo tiempo, el cabello de Jhon se meneaba de un lado a otro, sus ojos captaron lo que apuntaba la enfermera y soltó el tirante de la mochila, Martín hizo un similar movimiento, y la batería cayó al suelo de inmediato.

 

Lily Lane con todas sus fuerzas gritó:

¡Corran!

 

Como una avalancha una nube color naranja espesa se acercaba hacia ellos, los edificios se escondían a su paso, y se desvanecía todo a su alrededor, era una tormenta de arena esta vez diez veces más grande, más rápida y extrañamente más temprano, Lily echó un vistazo a su reloj en su muñeca mientras corría, era  las diecisiete horas y cuarenta y cinco minutos, esperaban que la tormenta se echara andar eso de las dieciocho horas pero se había adelantado quince minutos exactamente, parecía que en cualquier momento la tempestad engulliria  por completo a estos tres simpatizantes.

 

Corrían con todas sus fuerzas Martin, Jhon y Lily se dirigen hacia a la nave, ya faltaba unos cuantos metros por fin divisaron el gran portón por donde debían ingresar, Jhon se extraño y distinguió una figura humana en el portón, los esperaba cual mayordomo, los invitaba a resguardarse.

¡Rápido!

Gritó la silueta borrosa, Lily ingreso primero luego Jhon, que identificó de inmediato de quien se trataba, Martín fue el último en entrar y el acceso se selló, en el exterior una gran tormenta de arena equipada con rayos y algunos objetos que arrasaba en su paso, golpeaba la nave con fuerza, como si tratara se someterle una gran paliza, la tormenta esta vez duró un poco más, llegó más temprano y en el enorme parabrisas se percibía más fuerte.




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