Sacudió ligeramente la cabeza para apartar aquellos pensamientos y volvió a concentrarse en la carretera. El frío aumentaba con cada kilómetro. A ambos lados del camino, enormes árboles se alzaban como columnas negras que parecían sostener un cielo sin estrellas. Sus ramas desnudas se entrelazaban formando figuras retorcidas que, bajo la escasa luz de la luna, daban la impresión de ser manos gigantes intentando alcanzar la carretera.
Había algo extraño, algo que no lograba explicar. La oscuridad parecía volverse más densa. No era simplemente la ausencia de luz; era como si la noche estuviera viva, como si respirara. El ambiente comenzó a adquirir un tono antinatural, pesado, sofocante, casi espectral.
Entonces ocurrió. La calefacción del Mustang emitió un crujido metálico. Durante unos segundos expulsó un aire helado antes de apagarse por completo. Dominico frunció el ceño. Aquello no tenía sentido. Él mismo había revisado el automóvil antes de salir. Conocía cada una de sus piezas como si fueran parte de su propio cuerpo. Era prácticamente imposible que el sistema fallara de aquella manera.
Un escalofrío recorrió su espalda. No sabía si era consecuencia del frío... o de otra cosa. Siguió conduciendo. Entonces notó algo aún más inquietante: el silencio. Un silencio absoluto. Miró por el retrovisor, después por los espejos laterales y más tarde observó el camino frente a él. No había un solo automóvil. Ni luces, ni señales, ni siquiera el reflejo lejano de otro vehículo atravesando la inmensa carretera. Nada. Era como si el mundo entero hubiera desaparecido. Solo existían él, su Mustang y aquella interminable cinta de asfalto que parecía perderse dentro de una negrura imposible.
La oscuridad había dejado de parecer una simple noche. Era una masa espesa, profunda y antinatural que devoraba todo cuanto existía más allá del alcance de los faros. Las luces del Mustang ponían todo su empeño por abrir un pequeño túnel de realidad entre aquella inmensa negrura. Y, por primera vez desde que inició el viaje, Dominico sintió que esa oscuridad no estaba esperando que él la atravesara; estaba esperando que él entrara en ella.