La Casa de las Sombras en Santiago

Prólogo

El calor de Santiago se pegaba a la piel como una advertencia. Daniel observó la vieja casona desde la acera, con la carta aún doblada en su bolsillo. Las ventanas parecían ojos cerrados, pero algo dentro lo miraba. Habían pasado diez años desde que se fue, y sin embargo, el aire olía igual: a humedad, a silencio y a recuerdos que no querían morir.




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