La Casa de las Sombras en Santiago

Capítulo 7 – La revelación

La noche había caído sobre Santiago con un silencio extraño. Afuera, la ciudad seguía viva, pero dentro de la casona, el tiempo parecía detenido. Daniel se sentó en el comedor, con el diario abierto frente a él. Las palabras escritas por su padre lo perseguían: “La casa exige un sacrificio. Mi hijo debe decidir. Él es el último.” El murmullo volvió, más intenso que nunca. Las voces repetían su nombre una y otra vez, como un coro macabro. Daniel cerró los ojos, intentando escapar de las visiones. Pero las imágenes seguían allí, grabadas en su mente. De repente, escuchó pasos en el pasillo. Se levantó y caminó hacia la fuente del ruido. La puerta del estudio estaba abierta. Dentro, la mujer joven que había visto en el espejo lo miraba fijamente. —No debiste leerlo —dijo con voz suave. —¿Quién eres? —preguntó Daniel, temblando. —Soy lo que la casa recuerda. La mujer desapareció de inmediato, como si nunca hubiera estado allí. El aire se volvió más frío. Daniel respiró hondo y regresó al comedor. Abrió nuevamente el diario. Las últimas páginas hablaban de rituales, de símbolos grabados en las paredes del sótano, de voces que exigían sangre. El diario mencionaba su apellido. La sangre de los Rosario estaba ligada a la casa. Daniel comprendió la verdad: su padre había vivido allí, y la casa guardaba los pecados de generaciones. Cada sombra era un recuerdo, cada ruido un eco de lo que nunca se confesó. El murmullo volvió, más intenso que nunca. Las voces repetían su nombre una y otra vez. —Daniel… —susurraron—. La sangre llama… De repente, escuchó un golpe seco en la puerta principal. Corrió hacia ella y la abrió. Afuera, Don Ramón estaba de pie, mirándolo con ojos cansados. —¿Encontraste el diario? —preguntó el anciano. Daniel asintió, temblando. —Entonces ya sabes. Tu padre intentó, pero fracasó. Ahora te toca a ti. El anciano se alejó lentamente, perdiéndose en la penumbra de la calle. Daniel cerró la puerta y apoyó la espalda contra ella. El murmullo seguía, más fuerte que nunca. Sabía que no podía escapar. La casa lo había reclamado.




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