La tormenta seguía rugiendo sobre Santiago, pero dentro de la casona el silencio era aún más aterrador. Daniel bajó al sótano con el cuchillo oxidado en la mano, decidido a enfrentar lo que la casa exigía. El aire era helado, y cada paso resonaba como un eco de su propia respiración.
En el centro del sótano, el altar improvisado parecía esperarle. Las velas apagadas, los símbolos grabados en las paredes, todo hablaba de rituales antiguos. Daniel se acercó lentamente, con el corazón latiendo como un tambor.
El murmullo volvió, más intenso que nunca. Las voces repetían su nombre una y otra vez, como un coro macabro. —Daniel… —susurraron—. La sangre llama…
De repente, una puerta apareció en la pared del fondo. Era una puerta vieja, de madera oscura, con un pomo metálico. Daniel la miró con asombro. Nunca había estado allí antes. El diario hablaba de “la última puerta”, el lugar donde la verdad se revelaba.
Respiró hondo y se acercó. El pomo estaba helado. Giró lentamente y la puerta se abrió con un chirrido que resonó en todo el sótano.
Dentro, la penumbra era absoluta. Daniel dio un paso y la vio: una figura sentada en una silla, encadenada. Era su padre, o lo que quedaba de él. Su rostro estaba pálido, sus ojos hundidos, su voz quebrada. —No debiste volver, hijo. La casa no perdona.
Daniel retrocedió, temblando. —¿Qué quieres de mí? —La casa exige. Si no das lo que pide, las voces no callarán.
El murmullo se transformó en gritos. Las voces exigían, clamaban, pedían. —¡Daniel! ¡Daniel! ¡El sacrificio!
Daniel cerró los ojos, intentando escapar de las visiones. Pero las imágenes seguían allí, grabadas en su mente: hombres encapuchados realizando rituales, mujeres llorando, niños escondidos en rincones oscuros.
Su padre lo miró fijamente. —Tú eres el último. Si no decides ahora, la casa decidirá por ti.
Daniel levantó el cuchillo, con manos temblorosas. El aire se volvió más frío. El murmullo se intensificó. Las voces clamaban, exigían, pedían.
Respiró hondo y murmuró: —Si la casa exige… entonces la casa tendrá lo que pide.
El relámpago iluminó la habitación, y Daniel tomó su decisión.
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Editado: 07.05.2026