Gray
Hola, soy Gray y tengo 17 años.
El día antes a el comienzo de mis vacaciones más cortas empezó justamente a la hora que debía. Me levanté gracias a mi despertador como de costumbre justo a las 7:00am, sabiendo que tenía media hora para salir. Me cepille los dientes por 5 minutos o más, usé enjuague bucal y me limpie con hilo de dientes, me duché, vestí, peiné mi ondulado e insufrible cabello negro, disfruté de mi delicioso desayuno con calma, luego me volví a cepillar, usar enjuague bucal e hilo de dientes y al final acabé en el asiento de atrás del Fiat azul de mi padre escuchando a mi madre hablarme en el asiento del copiloto.
—Gray, hijo ¿Estas nervioso por que éstas van a ser tus últimas vacaciones en el instituto? —preguntó mientras se retocaba el maquillaje, viéndose por el retrovisor.
—En realidad no—respondí sin mucho afán mientras me llevaba 3 Mentoxics a la boca.
Sentí la gran intencidad de la menta bajar por mi garganta y aterrizar en mi estómago, aunque no me trago los caramelos de golpe aún así es como si lo hiciera.
El poder de la menta en los Mentoxisc es muy fuerte.
—¿No es un poco temprano para andar comiendo caramelos? —Por alguna razón aveces parecía que mi madre solo podía expresarse a través de preguntas.
—Son mis caramelos favoritos —respondí con la mirada perdida por la ventana del auto.
Había descubierto los Mentoxics el año pasado cuando la empresa que los fabrica fue demandada por usar demasiada menta en los caramelos.
La empresa se libró de las demandas y siguió produciendo caramelos como si nada.
Como sea.
Es una hermosa mañana de Miércoles, los rayos de sol se notan por detrás de esos edificios empresariales súper altos y grises.
El auto de mi padre siempre está frío y tiene este olor a nuevo aunque tenga años con nosotros.
Párese otro día normal en la ciudad.
Después de un rato escuchando hablar a mi mamá sobre todas las razones por las cuales deberia inscribirme en la universidad en la que ella estudió, por fin habló papá.
—¿Gray, estás seguro de no querer ir al baile de graduación?
Otro más que pregunta demasiadas cosas.
—Muy seguro —dije con dificultad ya que todavía tenía los tres Mentoxics en mi boca.
—¿Seguro? —preguntó nuevamente. Está vez mirándome por el retrovisor.
—Sabes que no sé bailar —dije. mi mamá trató de decir algo rápidamente pero la callé diciendo —Tampoco quiero aprender.
Mis padres saben bien que odio los bailes, no entiendo el objetivo de mover tu cuerpo con el ritmo de la música junto a montones de idiotas pubertos y hormonales que están
haciendo lo mismo en una cancha de baloncesto a la que le tuvieron que hechar mucho desinfectante para que no oliera a calzón de deportista sudado.
Aún falta mucho para el baile pero mis ellos seguían insistiendome desde temprano. Tengo algo contra los bailes sin duda, pero sobre todo contra los bailes de graduación.
No sólo odio los bailes de graduación, si no que también odio a las personas a las que les gustan los bailes de graduación.
Bueno, no del todo. Mi mejor amigo está súper empeñado en ir Si o Si a ese baile con un "mujeron". Es casi su sueño obsesivo. Lleva días hablándome sobre eso.
—¿Ya decidiste a que universidad ir? —preguntó mi padre al ver que me quedé callado por un rato.
—Si —contesté. Entonces escuché la risita de mamá.
—¿A cuál, bebé?
—Es fácil —dije sin apartar la mirada de la ventana —Iré a la que esté más lejos de aquí.
El pequeño Fiat se situó justo frente a los grandes escalones que daban frente al "Instituto público Green River". Le di un beso en la mejilla a mamá y me despedí de papá con la mano como acostumbraba hacer. Luego papá arrancó el auto en dirección al que sabía era el trabajo de mamá, para después ir al suyo.
Afuera hace viento frío, los árboles con sus hojas anaranjadas se movían de un lado a otro y terminaban en el suelo.
Los pubertos se mueven a mi alrededor hablando de cosas, parecen estar emocionados por el comienzo de las vacaciones.
Mis amigos como de costumbre me esperan en la puerta del frente del instituto. ¿A qué me refiero con amigos? Me refiero a dos personitas a las que por alguna razón les caigo medio bien.
Me dirigí hasta Cristina Robins y Pit Oliver Crawn.
Ellos se encontraban hablando del tema diario e inhaburrible que es :El pene de Pit Oliver Cranw. O como acostumbramos decirle:
—Pito, ya callate. A nadie le importa tu diminuto pene —sentenció Cris fastidiada sin apartar la mirada de su teléfono.
—Confirmo —dije mientras les chocaba los cinco —A nadie le importa un rábano tu pene.
—Primero que nada mi Glorioso rifle no es "diminuto" —dijo Pito mirando a Crís. Ella puso los ojos en blanco —Segundo que nada —se situó de puntitas a mi lado para susurrarme a la oreja —¡Creo que encontré a la que podría ser la gran elegida!
Ya sabía a lo que se refería con "elegida". Pito había estado desde la semana pasada hablando de una misma cosa :"El baile de graduación". Él juró buscar y buscar en las infinidades de Green River a su afortunada "elegida" que sería digna de disfrutar (en palabras del propio Pito): "De una noche con el mejor bailarín del mundo, una noche llena de pasión y Sexo rudo con el hombre cuyo sable (según Pito) mide más de 20cm" (aunque tanto cris y yo sabemos que esa última parte es una gran mentira gracias a la vez que Tony >el brabucon del colegio< le bajó los pantalones frente a todos en el comedor cuando este juraba en voz bastante alta tener una "gloriosa ereccion". Por lo que vimos llegamos a la conclusión de que su pene no mide más de 12cm)
Pero bueno, Pito es así, un chico de piel morena, rapado, un pequeñín de 1.59, con lentes con aumento, vestimenta de Nerd de los 80s y por lo menos 100.000 formas de llamarle a su paquete.