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Gray
—Entonces estábamos en mi cuarto, ella propuso la apuesta de que si le contaba la razón por la cual no podía hablar me daría un beso, pero después se tuvo que ir. Entonces me dió uno de mis ataques de
Psico-limpieza dental y me lastimé las encías, después llegó Cris (quien justo esa tarde me había pedido que me alejara de Molly) y me dió una muy fuerte cacheta. Ahora ni siquiera me habla —respiré ondo ya que me faltó el aire —si a eso le sumas el hecho de que las palabras que esa chica (que creo es Molly) me dijo esa noche dan vueltas en mi cabeza como buitres sobre un cadáver Entonces como resultado me consigues a mi apunto de pegarme un tiro.
Es casi liberador poder contarle esto a alguien.
Normalmente no me gusta hablar con nadie sobre mis ataques de ansiedad.
—Mmmm... interesante —dijo Mark, el dentista del instituto Green River. Me acababan de hacer un chequeo de rutina. El no paraba de mirarme como si tratara de analizarme.
Mark Es un hombre de 24 años, con lentes de montura redonda negra, pelo corto de color marrón claro, tés blanca, ojeras algo notables bajo sus ojos azul oscuro y barba corta.
En este momento lleva unos pantalones negros, su típica bata de laboratorio blanca y bajo ella una camisa de botones azul rey.
Sacó su doctorado como dentista a muy temprana edad, de hecho es una leyenda en su campo. y por eso lo admiro mucho. Es un gran dentista. Desde que llegué a el instituto vengo con él cada tanto que me siento estresado.
Somos bastante amigos.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —se dio la vuelta y tomó lápiz y papel de una repisa —Podrías escribir aquí —Me pasó lápiz y papel —¿Qué carajos tiene que ver todo lo que me contaste con tus dientes? —me miró amargamente.
Entonces me senté sobre la camilla.
—Bueno... Me lastimé un poco las encias —puse lápiz y papel a un lado de mi —Pero en realidad solo quería contárselo a alguien —sonreí inocentemente.
Él puso los ojos en blanco con fastidio —Admito que tu historia es muy interesante pero yo solo arreglo dientes, no soy psicólogo.
—¿Pero si no te lo cuento a ti, entonces a quien? —lo miré con cara de cachorrito.
Suspiró cansado — Si quieres puedo presentarte un colega experto en psicol__
—No gracias —me levanté de la camilla y busqué en el cajón de las revistas de moda súper viejas que siempre me ponía a leer (más por los horribles peinados que por la moda) Pude oírlo suspirar detrás de mi (cosa que hacía seguido) —Deberías actualizar tu arsenal de revistas para la sala de espera —le dije tomando una de moda de los 80s.
—No importa, igual solo tu vienes para acá —se sentó sobre la camilla y limpió sus lentes con su bata —Escogí mal al venir a este instituto. Me dejé llevar por el espacioso lugar de trabajo y sus maquinas de última generación —Se lamentó en modo nostálgico —Pero resulta que a los estudiantes normales de Green river no les interesa un carajo su salud dental —suspiró entre cansado y triste mientras volvía a ponerse los lentes.
—¿Normales? —pregunté ofendido.
—Tu entiendes —se explicó. Aún así lo miré con mala cara —Solo tu vienes a este lugar. Aunque antes venias más, casi todo los días de hecho —dijo con fastidio —Haz estado distraído con lo de Molly y Cris ¿eh?
—Desgraciadamente si —suspiré sentandome arriba de su pequeño escritorio de madera —¿Me extrañaste?
—Es patético de mi parte decir esto a un niño de 17 años. pero desde que estoy aquí eres la única persona con la que puedo tener una buena conversación. Aún así debo admitir que tu y tú obsecion con tu aliento es una espina en el trasero. —se recostó sobre la camilla de sábanas blancas con las manos detrás de la cabeza —La vida de adulto es una mierda.... —murmuró fastidiado. No se si más para mi o para el —¿Aún no puedes hablar con chicas?
—Aún no —dije mientras pasaba una página.
—En serio deberías ver a un psicólogo.
—Si yo mismo que estoy en mi mente no puedo solucionar mis propios problemas entonces no creo que alguien que esté afuera de mi mente pueda hacerlo —argumenté. Luego solté —Además los desgraciados cobran una millonada por hora.
—¡Debí estudiar psicología! —se lamentó Mark con tono cansado. Ingeniandoselas para sonar aún más deprimido —Moriré sólo, nadie quiere estar con el dentista mal pagado de Green River —Se lamentó.
—Eso es mentira —le aseguré sin despegar la mirada de mi revista —De seguro hay muchas chicas que se mueren por estar contigo.
—Imposible, desde siempre no soy popular con las mujeres... Siempre les soy aburrido, deprimente, raro, feo o...
—¿Que tal tu nueva secretaria? —le propuse.
—¿Que? —levantó la cabeza para verme desde la camilla.
—Se ve linda —comenté aunque sólo la vi un poco al venir para acá —podrías invitarla a salír.
—A mi no me pela ni la de mantenimiento (Que tiene más bigote que yo) ¿y crees que esa hermosa rubia se va a fijar en mi? —soltó una gran carcajada —Im-Po-Si-Ble.
—Si, si, tu ganas —dije fastidiado con la conversación. >>Supongo que solo cambiaré de tema<<—No me haz dicho como se encuentran mis dientes —ignoré sus lamentos mientras miraba a una señora sonriente con un permanente muy bien hecho en una página de la revista.
—Estás volviendo a cepillar tus dientes en exceso, tus encías se ven muy lastimadas —dijo como si lo estuviera leyendo —¿Estas cepillandote 2 minutos como te dije?
—Sip —en realidad lo hago por 5 minutos —2 minutos exactos, ni más ni menos —aseguré.
—¿Haz estado comiendo dulces?
—¿Los de menta cuentan? —pregunté bajando la revista con cara inocente.
—Si, si cuentan —me aseguró seriamente.
—Pues nop... —mentí sintiendo el peso de mis 10 Mentoxics en mis dos bolsillos del frente de mi pantalón.