Nueva versión
—¿Me extrañaste? —Pregunta la chica que está frente a mí, con una confianza que casi me provoca girar los ojos.
Pero no lo hago, porque no puedo creer que ella esté aquí, que yo esté aquí, pero resolver mis dudas al respecto no es algo que tenga como principal prioridad ahora.
Me quedo estática al estar plenamente consciente de que tengo frente a mí a la chica que ha estado todo el día en mi cabeza, la misma chica a la que ahora le pertenecen todos mis pensamientos.
¿Cómo es que soy consciente de estar soñando? No lo sé, pero es lo que menos me interesa responder ahora.
—Oye, —la chica sostiene mi barbilla haciendo que la mire directamente a los ojos, me doy cuenta que tiene unos ojos muy lindos, son cafes, pero no un café oscuro o claro, uno intermedio, —responde, ¿me extrañaste?
—S-sí, —me sincero en un tartamudeo.
Ella esboza una sonrisa, claramente satisfecha por mi respuesta. No espera a que mis neuronas procesen todo lo que está ocurriendo, toma mi mano y me jala para llevarme a un lugar; noto que estoy descalza, lo que provoca que ralentice mi paso para tener cuidado de no pisar algo con lo que me pueda lastimar.
Decido dejar de prestar atención a mis pasos solo para observar el lugar en dónde estamos, es entonces cuando me doy cuenta de que estamos en una colina, llena de pasto color verde vivo, casi de un color artificial, pero la textura que siento en mis pies me confirma que es real.
Tan real como puede serlo en un sueño.
Veo flores de varios tipos y uno que otro árbol grande, los suficientes para proporcionar sombra.
—¿Sientes eso? —Me pregunta.
Le doy un asentimiento, a pesar de que no me está viendo. Siento el viento pegando en mi rostro, haciendo que mi cabello vuele hacia atrás, haciéndome sentir libre.
Empieza a caminar y yo la sigo, estoy tan distraída con el paisaje que no me doy cuenta de que se detiene, lo que hace que me pegue contra su espalda.
El golpe la toma desprevenida y cae rodando colina abajo, y ya que nuestras manos están unidas, yo también lo hago.
Al estar la colina algo empinada, nosotras rodamos una buena cantidad de distancia, cuando paramos, nos echamos a reír como locas, como si eso no hubiera sido súper peligroso al existir la posibilidad de estrellarnos contra un árbol.
En el proceso de rodar, nuestras manos se separaron, pero ahora que estamos quietas, ella vuelve a tomar mi mano, y siento que encajan tan bien juntas, como si se complementaran aunque no lo necesiten.
Hablamos bastante acerca de cualquier cosa, como si nos tuviéramos la confianza necesaria para poder sacar a colación cualquier tema, como si nos conocieramos y entendieramos de toda la vida.
La situación parece como si fuera cualquier otro día, en cualquier otro lugar, lo que la diferencia, es que ella está aquí.
Y no puedo evitar tener el pensamiento de que esto se siente tan real.
En algún momento, decidimos hacernos preguntas, las más básicas posibles, para poder conocernos mejor.
—¿Cuál es tu nombre? —Es su primera pregunta.
—Uh, tengo una idea, —digo, emocionada—. ¿Y sí lo mantenemos en secreto? Algún día, cuando creamos que es el momento, nos diremos nuestros nombres, ¿estás de acuerdo?
—Está bien, —suelta un suspiro con lo que parece ser resignación.
De repente, me empiezo a sentir un poco rara, físicamente hablando, me siento mareada y como si mi cuerpo se estuviera transportando a otro lugar, alzó mi vista para verla y al parecer ella está sintiendo lo mismo, puesto que me regala una mirada llena de tristeza.
—¿Puedo darte un beso?
Al principio creo que solo imaginé escuchar esas palabras, pero su mirada llena de expectación me dice todo lo contrario. Doy un ligero asentimiento, esperando que lo haya notado, ya que fue mínimo.
Se inclina hacía mí y deposita un pequeño beso en mis labios, se trata de apenas un roce, casi ni se sintió, me deja con ganas de más, pero es suficiente. Para mí es suficiente.
💤
—Soñé con ella, —es lo primero que le digo a Cinthia al llegar a la escuela, como si fuera lo más normal del mundo.
—¡No te creo! —Me grita.
Estoy tan metida en mis recuerdos que ni siquiera me molesto en reclamarle por haber gritado y con eso haber llamado la atención de las pocas personas que se encontraban en el salón.
—Sí, pero esta vez fue diferente, había más confianza, más libertad, más emociones, más sentimientos, más de todo.
—¿Y cómo se llama?
Hago una mueca y Cinthia al verme pareciera que quiere ahorcarme con sus propias manos.
—Le dije que lo mantuviéramos en secreto, hasta que llegara el momento.
—Estás loca, —me reclama en medio de un bufido—. ¿Cómo es ella? —Pregunta entusiasmada, creo.
—Es más alta que yo, cabello corto, ojos color miel, sus ojos son los más lindos que he visto en mi vida. Es tan linda —doy un largo suspiro.