Nueva versión
—Es demasiada belleza para mis ojos, —dice ella, está apreciando el Golden Gate, uno de los tantos puentes que siempre ha querido visitar. Ella me pide que nos tomemos una foto antes de cualquier otra cosa.
He llegado a plantearme la teoría de que tal vez los lugares tan espléndidos que hemos visitado se debe a que ella los conoce y ha querido viajar a estos lugares. Porque yo no conocía ni la mitad de ellos, si conozco este puente es por su popularidad.
—¿Debo preocuparme por ti? —Le pregunto en un tono serio.
—¿Por qué? —responde confundida.
—Creo que tienes una leve obsesión con el mundo y ciertos de sus lugares, —le digo, tratando de aguantar una sonrisa, —pero leve.
Suelta una risa suave mientras se acerca lentamente a mí.
—Por suerte es leve, nada que un tratamiento no pueda solucionar, —me sigue el juego.
Se sigue acercando a mí, mi corazón empieza a latir tan rápido que temo que me provoque una taquicardia, aunque justo ahora no me puede importar menos.
Sus manos se posan en mis mejillas, con ellas acerca mi rostro al suyo, cuando nuestros labios se juntan hay una explosión en el ambiente que nos rodea. Siento de todo y a la vez nada. Soy consciente de que juntas, lo que tenemos, significa una bomba de tiempo.
Y también soy consciente de que no me importaría explotarla.
Ahí, en medio del Golden Gate, nos besamos como nunca lo habíamos hecho. Como dos locas que solo buscan más y más de la otra y nunca tienen suficiente.
Dos locas que lo único que desean es mostrar su amor al mundo y no tener que guardarlo para sus sueños.
💤
Cinthia suelta un suspiro a causa de lo que le acabo de contar.
—Me dieron ganas de conocer a alguien en mi sueños también, —medio bromea.
—Es tan linda, si pudiera me casaría con ella, —suelto un suspiro al pensar en ella.
—¿Con quién te quieres casar, Kristen? —Remy pregunta apenas llega a nuestra mesa.
—Con nadie, —le resto importancia.
Remy y yo tuvimos nuestra cita, me reí mucho a su lado, me di cuenta de que es una persona demasiado divertida, tiene algo que te hace reír aunque te cuente los peores chistes.
Es adorable.
A su alrededor me siento llena de confianza para decir lo que pienso sin temor a ser juzgada. Él me da seguridad, una seguridad que no muchas personas me han logrado transmitir.
—¿Quieres salir hoy? —pregunta.
Me siento un poco mal al estar saliendo con Remy al mismo tiempo que tengo algo con la chica de mis sueños, por lo mismo, estoy tratando de aferrarme a las palabras de Cinthia.
Puede que esa chica no exista y no puedo privarme de conocer a alguien real.
—Claro, pasa por mí, —termino aceptando.
«Solo disfruta», trato de suavizar el malestar.
💤
—¿Piensas darme una clase de historia? —le pregunto a la chica que tengo al lado.
—Estaba esperando a que preguntaras algo al respecto, —responde al mismo tiempo en el que me percato de que reprime su sonrisa.
Me acerco un poco a ella y le planto un casto beso en la comisura de los labios.
—Se trata del puente Vasco da Gama, se inauguró en mil novecientos noventa y ocho; a tiempo para la exposición número noventa y ocho, fue una celebración del aniversario quinientos del descubrimiento de una ruta marítima entre Europa y la India, descubrimiento de Da Dama.
»Es un puente vehicular, mide diecisiete punto dos kilómetros de largo. Este cruza el río Tagus, cerca de Lisboa. Lleva ese nombre en honor al famoso explorador portugués. Su diseño está pensado para resistir fuertes golpes de aire.
—Así que estamos en Portugal, —afirmo.
Asiente y al mismo tiempo se ríe un poco. Le recuerdo tomarnos la foto y lo hacemos.
Nos quedamos en silencio, uno al que ya estamos acostumbradas. Nos quedamos así cuando no sabemos qué decir, no es incómodo, aunque me resultaría agradable poder llenarlo con cualquier tema.
—Mi maestro de geografía e historia está impresionado por el gran avance que he tenido, me preguntó cuál ha sido mi motivación para saber los temas de repente, —le cuento.
—Felicidades, —responde—. ¿Cuál es tu motivación?, —me pregunta jugando.
Ruedo los ojos porque la respuesta es evidente y ella lo sabe. Aún así decido responderle.
—Sabes que tú.
Ella coloca su brazo alrededor de mi cintura y me atrae hacia su cuerpo.
—Bueno saberlo, —dice antes de besarme.
En cada sueño tenemos algún tipo de contacto, nuestras manos no pueden permanecer quietas cuando estamos cerca. Nuestro cuerpo actúa por inercia.
Es algo a lo que estoy bastante acostumbrada, si en algún momento no nos estamos tocando se siente extraño... erróneo.
Es un hábito que no puedo romper.