Nueva versión
Aike
La dejé ir, en verdad la dejé ir, ¡¿en qué estaba pensando?!
Soy una tonta.
Esa chica me volvía loca, en serio lo hacía.
Su cabello castaño y ondulado, sus ojos de color verde, su piel trigueña y suave, jamás había conocido a una chica tan linda como ella, y no solo en lo superficial, sino también internamente.
Le propuse matrimonio como una promesa que deseaba cumplir, pero ella sintió más amor por ese chico.
Es lo que más me duele, que me dijera que había conocido a una chica sería doloroso, pero lo entendería. Entiendo que sintiera atracción por este chico, pero hace que me duela más, porque no puedo dejar de pensar en las posibilidades si yo fuera un chico.
¿Me habría elegido? ¿Habría sido suficiente?
Tantas preguntas pasaban por mi mente, y me estaba provocando daño el sobrepensar, lo sé. Pero no puedo evitarlo, de verdad la quería. No sé cómo logré hacerlo, ni siquiera sabía si era una persona real.
Pasé demasiadas noches deseando que no me gustaran las chicas, demasiadas noches en las que pensé que sería mejor ser un chico para que las chicas pudieran gustarme sin problema.
Al final terminé aceptando que me sentía cómoda en mi cuerpo y estaba bien con gustar de las mujeres siendo una.
Pero ella eligió a un chico sobre mí, lo cuál me hace sentir tan miserable, si yo fuera un chico, ¿igual me hubiera dicho que no quería nada conmigo?
En lo profundo de mi cabeza sé la respuesta a esa pregunta, sé que sí. Porque esto no dependía de si soy una chica o un chico, dependía de que a él si lo puede ver en la vida real.
Pero a mí no.
Tal vez él puso más empeño; tal vez yo debí poner más de mí; tal vez debí haber luchado por ella, incluso en nuestros sueños.
Pero esos tal vez solo son eso, unos tal vez.
💤
Un mes después
—Aike, es hora, baja ya, —mi madre me avisa desde el primer piso.
Nos estamos mudando, mi padre obtuvo una buena negociación al otro lado del país, al principio no quería ir, sigo sin querer ir, pero no van a dejar a su hija menor de edad sola.
Ahora tengo que rehacer mi vida en un lugar desconocido.
Nueva casa, nueva escuela, nuevos compañeros, nuevos maestros, todo nuevo. No me agrada esto.
—¡Ya voy! —Grito de regreso, exasperada.
Bajo con mis maletas en mano, cuando llego al primer piso encuentro a mi madre junto a una castaña que conozco muy bien, me percato de las lágrimas en sus ojos con las cuales está luchando por no derramar.
En cuanto su mirada se cruza con la mía corre a abrazarme, por instinto suelto las maletas y le correspondo el abrazo.
—No quiero que te vayas, Aike, —susurra en mi oído.
No me gusta verla llorar, eso provoca mi llanto de inmediato. Ambas nos secamos las lágrimas de la otra y hacemos un pobre intento en dejar de llorar.
—No quiero irme, créeme, —le digo—. Pero no tengo opción, Sofía.
Ella niega repetidamente con su cabeza y vuelve a llorar. La abrazo y trato de guardar en mi memoria la sensación de sus abrazos.
Sofía y yo hemos sido mejores amigas desde que tenemos memoria, básicamente nos criamos como hermanas, así que esta separación es bastante difícil para ambas.
A pesar de ser la persona a la que más le tengo confianza jamás le conté sobre mis sueños, no sé si algún día lo haré, principalmente porque no sé si pueda hablar de ello sin llorar.
—¿Y las chicas? —Le pregunto por nuestras otras amigas.
—Dijeron que nos verían en el aeropuerto.
Asiento y nos separamos para terminar de subir las maletas a la camioneta y las cajas restantes al camión de la mudanza.
No sé cómo sobreviviré sin mis amigas.
💤
Cuando me dormí quería despertar teniendo el recuerdo del sueño con mi chica, pero no hubo ningún sueño, tal y como ha sucedido en semanas.
No tengo ni idea de cómo sentirme al respecto, todo este tiempo he esperado volver a soñar con ella y recuperarla. Decirle que no me importaba que ella quisiera a ese chico, yo podría seguir luchando por su amor, porque ella merece la pena, merece que luche por ella y no un simple: ve con él, sé feliz.
Mis planes fallaron estrepitosamente al no volver a soñar con ella. Se siente raro y no tengo intenciones de pretender lo contrario, se siente raro no soñar con ella después de acostumbrarme a cerrar los ojos y que, al abrirlos, ella estuviera frente a mí.
—¿Quieres que te ayude con tus papeles de inscripción? —Mi madre se ofrece.
—No, gracias, me haré cargo, —ella siente y se va de la habitación.
Paso mis manos por mi rostro, llena de frustración.
Me estoy resignando a que no puedo hacer nada para volver a soñar con ella, intenté hacer de todo durante este mes.