La chica invisible

Episodio#3:La Transformación de Seo Bora

El sol de la mañana se filtraba por las cortinas del cuarto de Seo Bora, iluminando las lágrimas aún frescas en sus mejillas. Su corazón latía con un eco de confusión y desasosiego. Aunque Ho Byeon Woo le había enviado un mensaje de disculpa, sus palabras hirientes de la heladería seguían repitiéndose en su mente, golpeando su autoestima con la precisión de un reloj cruel. Las imágenes de las chicas que Byeon Woo miraba con deseo flotaban ante sus ojos cerrados, cada sonrisa ajena un recordatorio doloroso de su aparente insuficiencia.

Bora se sentó en la cama, abrazando sus piernas, sintiendo un vacío profundo que la hacía dudar de sí misma. No soy suficiente… nunca lo seré… pensó, mientras sus dedos jugueteaban nerviosamente con la sábana. Pero en medio de esa tormenta interior, una decisión comenzó a formarse como una llama tenue. Si él no puede ver lo que valgo, entonces debo mostrarlo yo. Debo cambiar… ser la versión de mí misma que él desearía.

La ansiedad y la excitación se mezclaban mientras Bora se dirigía a la peluquería. Cada paso resonaba en su pecho como un tambor de guerra, y la idea de reinventarse le producía una adrenalina extraña, casi intoxicante. El ruido de las tijeras y el aroma de los productos capilares se convirtieron en un ritual de transformación, un renacimiento que borraba lentamente la Seo Bora que se sentía invisible.

Cuando finalmente se miró en el espejo, apenas reconoció a la persona que devolvía su mirada. Su cabello brillante caía en ondas suaves, el maquillaje resaltaba sus rasgos con elegancia, y cada gesto parecía calculado para encantar. Por primera vez en semanas, su reflejo no le parecía frágil ni inseguro; le parecía poderoso y deseable. ¿Es este el reflejo de lo que realmente soy… o de lo que creo que él quiere? se preguntó, una sombra de duda cruzando su mente, apenas percibida entre la emoción del momento.

Esa noche, Seo Bora se presentó en el restaurante elegante donde había citado a Byeon Woo. La luz cálida del lugar acariciaba su piel, y el aroma a comida recién preparada flotaba en el aire, mezclándose con la tensión que sentía en cada fibra de su ser. Cuando Byeon Woo levantó la vista y la vio, sus ojos se abrieron en sorpresa, brillando con admiración efímera.

—¡Amor, estás increíble! —dijo él, y cada palabra parecía una caricia sobre las cicatrices de su autoestima.

Bora sintió cómo su pecho se expandía con una mezcla de alegría y alivio. Su sonrisa respondió de inmediato, iluminando su rostro con un resplandor que competía con las luces del restaurante.

—Gracias, amor —susurró, sintiendo que por primera vez su transformación externa también empezaba a resonar dentro de ella.

Durante la cena, Byeon Woo no escatimó en halagos. Cada cumplido, cada mirada cargada de intención, era un bálsamo para las inseguridades que habían martillado su corazón durante semanas. La risa que compartían parecía sincera, y por un momento, Bora creyó que la conexión que habían perdido se había restaurado por completo.

Pero la noche apenas comenzaba. Después de la cena, decidieron ir a casa de Byeon Woo, y lo que siguió fue un torbellino de besos y caricias. Bora se sintió deseada y amada, como si cada gesto de afecto borrara las sombras de humillación que la habían perseguido durante días. Mientras se abrazaban, su mente divagaba: ¿Es esto real? ¿O solo estoy viviendo el sueño de alguien que nunca me verá como realmente soy?

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La mañana siguiente llegó con un sol brillante, reflejando la sonrisa desbordante de Bora mientras entraba a la cocina. Byeon Woo había preparado un desayuno elegante, con tostadas doradas, frutas frescas y café humeante. La calidez del momento la envolvía, como si el mundo entero le sonriera por fin.

—Cariño, ¿sabes qué día es hoy? —preguntó, su voz ligera, llena de anticipación.

—El día del amor, eso creo… ¿no? —respondió Byeon Woo, medio distraído, entre sorbo y sorbo de su café.

—¡Sí! —exclamó Bora, la alegría burbujeando en cada palabra—. Tenemos que celebrarlo juntos. Además… ¡tienes que compensarme por lo que me hiciste pasar el otro día!

Pero la respuesta de Byeon Woo la golpeó como agua fría:

—No sé… ya quedé con los chicos.

El corazón de Bora se hundió un instante, una sombra de desilusión oscureciendo su felicidad.

—Está bien… supongo que me quedaré sola en casa —dijo, intentando que su voz no traicionara la tristeza que sentía.

—Pero puedes venir conmigo. Solo asegúrate de ponerte bonita como ayer —dijo Byeon Woo, con un dejo de arrogancia.

—Entonces puedo invitar a mis amigos —propuso Bora, tratando de mantener el entusiasmo.

—¿Para qué? Esos nerds son aburridos —respondió Byeon Woo, con sarcasmo.

—No hables mal de ellos, son mis amigos —replicó ella, con firmeza.

—Está bien, que vengan si quieres. No estoy para pelear contigo —finalmente cedió.

Con un beso tierno, Byeon Woo la llevó a su coche. Bora se sentía como en un sueño, flotando entre felicidad y ansiedad, sin querer despertar de aquella ilusión de amor.

Esa noche, Lim Daeun llegó a casa de Bora, su emoción iluminando la habitación mientras se preparaban juntas.

—Amiga, ¡estás radiante! —exclamó, abrazándola con fuerza.

—Estamos lindas y listas. ¡Vámonos ya! —respondió Bora, contagiada por la energía de Daeun.

En la discoteca, el bullicio del lugar la envolvió como un mar de luces y sonidos que la hizo sentirse pequeña e incómoda. No era el lugar donde se sentía a gusto, pero la necesidad de complacer a Byeon Woo la mantenía firme.

Mientras bailaba entre la multitud, su mirada buscaba a Byeon Woo. Lo encontró rodeado de sus amigos y de otras chicas, riendo y charlando, su carisma intacto. Bora sintió que su corazón se encogía. Había transformado su exterior, pero una pregunta punzante atravesó su mente: ¿Realmente he cambiado por dentro…?

La presión por encajar en la imagen que creía que Byeon Woo deseaba comenzó a pesarle más que nunca.




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