La chica invisible

Episodio#4:El Día de San Valentin

La discoteca vibraba como un corazón latiendo con fuerza. Las luces estroboscópicas cortaban la oscuridad en destellos de color, y la música, un bajo profundo que parecía atravesar los huesos, llenaba el aire con un rugido casi físico. Sin embargo, para Seo Bora, todo parecía distante, como si estuviera observando la escena desde el interior de un vidrio empañado.

Ho Byeon Woo estaba en medio de su grupo, su risa resonando con seguridad y carisma mientras su mirada se posaba en chicas que pasaban junto a la pista. Sus cuerpos curvilíneos y su sonrisa confiada parecían atraerlo como imanes, y Bora sintió un vacío en su pecho, un espacio donde antes había confianza y ahora solo había inseguridad.

A pesar de su vestido ajustado que resaltaba sus curvas, del maquillaje que había elegido con tanto cuidado, de la atención que creía que merecía, Seo Bora se sentía invisible, pequeña, como si la luz de la sala la hubiera ignorado por completo.

—Amiga, ¿qué te pasa? —preguntó Lim Daeun, su voz cargada de preocupación, mientras sus ojos recorrían el rostro de Bora, intentando descifrar la tormenta que se escondía tras su sonrisa forzada.

El nudo en la garganta de Seo Bora se hizo más fuerte. Las lágrimas, traicioneras, comenzaron a filtrarse mientras una sensación de desesperación la arrastraba hacia el abismo. Sin decir una palabra, se excusó y se dirigió al baño, buscando un refugio donde pudiera ser solo ella misma, sin máscaras ni expectativas.

En el baño

Daeun la siguió, cerrando la puerta tras ella y sosteniéndola con la mirada.

—¡Seo Bora! ¿Estás bien? —preguntó, acercándose, su voz suave como una caricia.

—No estoy bien… nada está bien —sollozó Bora, su voz quebrada—. No importa cuánto me vista o me maquille, él siempre va a mirar a las chicas con más cuerpo que yo… ¡Mira mis senos! Son pequeños, soy flaca… no tengo cuerpo… —su cuerpo temblaba con cada palabra, las lágrimas cayendo sin freno.

Daeun la abrazó, firme y cálida, como un ancla que evitaba que se hundiera.

—Amiga, eres hermosa… eres perfecta tal como eres —susurró, acariciando su cabello.

—No, Daeun —respondió Bora, su voz cargada de dolor—. No soy perfecta. Soy horrible. Amo a Byeon Woo y no puedo soportar perderlo.

Se lanzó contra Daeun, quien la sostuvo con fuerza, como si quisiera absorber todo su dolor. Por un instante, el mundo se redujo a ese abrazo, y Bora dejó que su tristeza fluyera, libre, sin vergüenza ni control.

Regreso al salón

Cuando finalmente se armó de valor para salir, su corazón se hundió al ver a Byeon Woo coqueteando con una chica rubia, sonriente, con un porte que irradiaba seguridad y sofisticación. La ira y el miedo se mezclaron en su pecho, formando un cóctel amargo que la impulsó a acercarse.

—¡Oh, Seo Bora! Pensé que te habías ido —dijo Byeon Woo, con un gesto casual que no alcanzaba a disimular su sorpresa.

—¿Me puedes explicar quién es ella? —preguntó Bora, su voz firme, pero con un temblor apenas perceptible.

Una chica a su lado intervino con un tono despectivo:

—Mucho gusto, soy Ji Jung. Byeon Woo, ella es tu novia —dijo, la ironía flotando en cada palabra.

Byeon Woo vaciló, su mirada mezclando sorpresa y desdén, y por un instante, Bora vio cómo se quebraba la ilusión que había construido durante semanas.

—Eeeemmm… —murmuró, incapaz de formar una defensa coherente.

—¡Habla! Dile que soy tu novia —exigió Bora, la rabia y la desesperación entrelazadas, su corazón latiendo como si quisiera romper su pecho.

—No es mi novia. Terminamos aquí y ahora mismo —dijo Byeon Woo con frialdad—. Me acabo de dar cuenta de que alguien como yo, tan guapo y con dinero, no debería estar con alguien como tú.

Las palabras atravesaron a Bora como dagas afiladas, perforando su corazón hasta dejarlo expuesto y vulnerable. La risa burlona de Ji Jung, Junho y SeoJun resonaba en sus oídos, un coro cruel que amplificaba la humillación.

—Adiós, fea —dijo Ji Jung, con la crueldad de quien disfruta del dolor ajeno.

El mundo de Bora se desplomó. El suelo de la discoteca parecía desvanecerse bajo sus pies mientras las lágrimas caían, calientes y persistentes, y la multitud se transformaba en un borrón de luces y movimientos que no tenían sentido. El 14 de febrero, el día que debía celebrar el amor, se convirtió en un recuerdo devastador, una herida abierta en su corazón.

Fuera de la discoteca

La brisa fría de la noche la golpeó en la cara mientras caminaba sola, los tacones resonando contra el pavimento húmedo como un metrónomo que marcaba cada latido de su dolor. Cada paso era un recordatorio del rechazo, de la traición de la ilusión que había sostenido durante semanas. La imagen de Byeon Woo riendo con esa y otros chica se repetía en su mente, un film cruel que no podía detener.




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