La chica invisible

Episodio#8:Bajo la Tormenta

La cena se desplegó como un cuadro pintado en tonos cálidos: luces tenues que acariciaban la piel, el aroma de la comida flotando con delicadeza y el suave murmullo de la música llenando los rincones de la habitación. Seo Bora se dejó llevar, aunque su corazón era un campo de batalla. Ho Byeon Woo la miraba con esa mezcla inquietante de deseo y nostalgia, y cada palabra que salía de su boca era como un hechizo que envolvía su mente y sus sentidos.

—Seo Bora, eres lo mejor que me ha pasado en la vida —dijo Byeon Woo, su voz grave temblando con una emoción que parecía sincera—. Quiero volver a tener algo bonito contigo.

El corazón de Seo Bora saltó, sus latidos resonando en su pecho como tambores de guerra y de esperanza al mismo tiempo. Sin embargo, bajo esa dulzura, una sombra de desconfianza comenzaba a formarse, arrastrando un frío que se colaba por sus huesos.

—Termina con Binnie y volvemos —dijo Seo Bora, su voz temblorosa pero firme, como un hilo que intentaba sostenerse en medio del viento.

Byeon Woo frunció levemente el ceño, y con un gesto rápido cambió de tema. La idea de abandonar a Binnie, la chica perfecta para su mundo, le resultaba inaceptable.

—¿Tú no me amas? —preguntó, como tanteando los límites del compromiso.

—Yo te amo más que a cualquier cosa en el mundo —respondió Seo Bora, y en su interior cada palabra era un juramento silencioso—. Haría todo por ti.

Byeon Woo sonrió, una sonrisa que tenía un brillo cálido pero un trasfondo calculador, un laberinto del que Seo Bora aún no veía la salida.

—Yo igual te amo, y siempre te he amado —susurró—. ¿Me perdonas por todo lo del pasado?

Las lágrimas comenzaron a brotar en los ojos de Seo Bora, arrastradas por la emoción, por la ilusión de que el amor podría borrar las cicatrices.

—Te perdono —murmuró, y el mundo pareció inclinarse un instante hacia la felicidad.

Byeon Woo se acercó, abrazándola con fuerza, y sus labios encontraron los de ella en un beso que ardía y confundía al mismo tiempo. La llevaron a su habitación, y allí la pasión se desató, un incendio silencioso que quemaba la razón. Pero en medio de esa intensidad, un presentimiento oscuro comenzó a crecer en el corazón de Seo Bora, un susurro que le decía que la realidad siempre llega.

La realidad se impone

Después de la noche de suspiros y caricias, ambos yacían abrazados. La habitación estaba en silencio, salvo por el suave palpitar de la respiración compartida. Sin embargo, la felicidad de Seo Bora pronto se tiñó de inquietud.

—Eso fue increíble —dijo Byeon Woo, con una sonrisa satisfecha, como si hubiera ganado un trofeo invisible.

—¿Cuándo vas a terminar con Binnie? —preguntó Seo Bora, dejando que la pregunta flotara en el aire como un cuchillo invisible.

—Por favor, no empieces —replicó él, evitando el contacto visual—. No puedo terminar con Binnie.

Las palabras golpearon a Seo Bora con la fuerza de un huracán. Su corazón, que aún creía en la magia de la noche, comenzó a romperse.

—¿Cómo que no puedes? —su voz se agudizó, cargada de frustración—. ¿Por qué? Dímelo.

—Ella es de mi mundo —contestó él, evasivo, y en sus ojos brillaba un secreto que le estaba prohibido comprender.

—¿De qué mundo hablas? Si es solo una chica rica… yo también tengo dinero, no lo entiendo —replicó Seo Bora, la confusión y el dolor mezclándose en un nudo amargo en su garganta.

—Déjalo, tú no lo entenderías —dijo Byeon Woo, con un tono condescendiente que ardía como sal sobre la piel herida.

—¿Por qué no lo entendería? —su voz se quebró, la frustración convirtiéndose en lágrimas—. Dímelo.

—No te alteres. Podemos estar a escondidas —propuso él, como si el secreto fuera un consuelo.

—¡Vete a la mierda! —gritó Seo Bora, dejando que las lágrimas fluyeran sin control—.

Se levantó de la cama, sus manos temblando mientras buscaba su ropa, mientras el mundo a su alrededor parecía desmoronarse. Afuera, la lluvia golpeaba con fuerza, como si el cielo compartiera su dolor, lavando las ilusiones que se habían formado la noche anterior.

—¿A dónde vas? ¡Está lloviendo fuerte! —exclamó Byeon Woo, pero su voz parecía lejana, como un eco del que ya no podía depender.

—Me voy de aquí —respondió Seo Bora, con un hilo de voz quebrado, y abrió la puerta hacia la tormenta.

Bajo la tormenta

La lluvia la empapó, cada gota fría un recordatorio de la traición y la desilusión. Sus pasos resonaban en el pavimento mojado, y en su mente un torbellino de pensamientos oscuros y autocríticas la envolvía.

—¿Qué tengo de malo? ¿Por qué no soy suficiente para él? —se preguntó, sintiendo cómo su corazón se quebraba en mil pedazos invisibles.

Cada paso hacia su casa era un laberinto, cada pensamiento una cadena que la ataba a la decepción. Finalmente, al llegar a su habitación, se encerró y se miró en el espejo. La imagen reflejada era la de una chica destrozada, con los ojos hinchados y los labios temblorosos, pero también había un destello que brillaba con fuerza: determinación.

—Yo puedo… yo quiero… y voy a conseguir volver con Byeon Woo —susurró, su voz firme en medio del temblor interior—. Solo necesito ser más como Binnie.

Y mientras la lluvia seguía golpeando los cristales, Seo Bora cerró los puños, sintiendo cómo la herida de la noche se transformaba lentamente en un fuego silencioso, un impulso que la llevaría a cualquier extremo por amor, incluso si ese amor la quemaba por dentro.




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