Seo Bora se encontraba atrapada en un torbellino de emociones, su corazón latía con una mezcla de ansiedad y deseo. La tensión entre ella y Ho Byeon Woo había alcanzado un punto álgido, como una cuerda a punto de romperse. Cuando sus labios se encontraron, el tiempo pareció detenerse. Fue un instante electrizante, un roce de almas que encendió un fuego que ardía en su interior. Pero lo que comenzó como un momento de pasión rápidamente se tornó en caos.
—Tendremos sexo aquí —susurró Seo Bora, su voz temblando entre la emoción y el miedo.
—¿Por qué no? —respondió Ho Byeon Woo, su mirada intensa y provocadora.
Mientras sus cuerpos se entrelazaban, Bora sintió una mezcla de deseo y confusión. La calidez de su piel contra la suya la envolvía en una burbuja de euforia, pero la vulnerabilidad se cernía sobre ella como una sombra. En ese instante, cuando él le quitó el bikini, la sensación de despojo la abrumó. El mundo exterior desapareció, y solo existían ellos dos en ese pequeño vestidor. Sin embargo,todo era algo planeado,Binnie entró al vestidor silenciosamente.
Ho Byeon Woo, al percibirla,actuó con rapidez giró con suavidad a Bora para que no pudiera ver a Binnie y, ella sin pensarlo dos veces, tomó el bikini de Seo Bora del suelo y salió corriendo. Su corazón se aceleró mientras la furia comenzaba a apoderarse de ella.
—¡Sorpresa! Pensé que estaría bien interrumpir este momento... —gritó Binnie al entrar ahora si siendo vista, sus ojos brillando con una mezcla de burla y satisfacción.
Seo Bora se separó rápidamente de Ho Byeon Woo, sintiendo cómo su corazón se hundía ante la realidad que se desmoronaba a su alrededor.
—Binnie, ¿qué estás haciendo aquí? —preguntó, tratando de recuperar la compostura mientras su mente luchaba por procesar la situación.
—Solo disfrutando del espectáculo. No sabía que te gustaban los riesgos —respondió Binnie con una sonrisa sarcástica, sus palabras llenas de veneno.
Ho Byeon Woo intentó actuar con naturalidad, pero Seo Bora podía ver la incomodidad fingida en su rostro. Una mueca involuntaria cruzó su expresión, revelando la tensión que lo dominaba.
—Amor, fue ella... me sedujo —dijo él, intentando desviar la culpa hacia ella.
Las palabras de Binnie resonaron en el vestidor como dagas afiladas.
—Eres una idiota, Seo Bora —escupió Binnie, su desprecio palpable.
—¡Marcos! ¡Mi bikini! —gritó Seo Bora, desesperada por recuperar lo que había perdido en medio del caos.
—Desgraciada, ¿para qué buscas ropa si ese cuerpo no es tuyo? —replicó,Binnie sus ojos ardiendo con rabia.
La discusión atrajo la atención de otros estudiantes.Ji Jung, al escuchar el alboroto, gritó para llamar a los demás.
—¡Chicos, vengan! ¡Hay una pelea!
Los murmullos comenzaron a crecer a su alrededor, un mar de rostros curiosos que se agolpaban en la entrada del vestidor. El aire se volvió denso con la expectativa y el morbo de la multitud.
—¡Cállate! —exclamó Seo Bora, sintiendo cómo la rabia comenzaba a burbujear dentro de ella.
—Eres una falsa. Fingías querer ser mi amiga mientras tratabas de robarme a mi novio —gritó Binnie, su voz resonando con veneno.
—¡Ho Byeon Woo me enamoró! ¡Anoche estuve con él! —declaró Bora, sintiendo cómo las palabras salían de su boca como un grito desesperado por justicia.
Ho Byeon Woo, acorralado entre las dos mujeres, respondió con desdén.
—Eres una idiota, Seo Bora. Te estaba usando. No me sirves ni de ligue —dijo él, su voz fría como el hielo.
La rabia de Binnie estalló como un volcán en erupción. Sin pensarlo dos veces, agarró a Seo Bora que estaba desnuda del pelo y la arrastró fuera del vestidor, donde todos estaban mirando.
—¡Desgraciada! —gritó mientras empujaba a Bora al suelo.
Los gritos de la multitud llenaron el aire como ecos lejanos. Las palabras hirientes resonaban en su mente como dagas afiladas.
—¡Dale más duro! ¡Zorra! —gritó una voz entre la multitud.
—¡Falsa! ¡Se acostó con tu novio! —añadió otra.
Seo Bora se quedó inmóvil, paralizada por la humillación. No podía llorar; su mente estaba en blanco mientras recibía golpes y palabras crueles que la atravesaban como flechas envenenadas.
—Basta... basta... —sollozó finalmente, su voz quebrándose bajo el peso del dolor.
En medio del caos, Yoon Sanha y Lim Daeun aparecieron. Al ver a Seo Bora en el suelo,desnuda a la vista de todos corrieron hacia ella con determinación.
—¿Qué pasa aquí? ¡Dejen de grabar! —exclamó Sanha, su voz resonando como un trueno en medio del tumulto.
Con firmeza, levantó a Binnie y luego a Seo Bora, sosteniéndola en sus brazos como si fuera un tesoro frágil que necesitaba ser protegido.
—Todos son unos cobardes por permitir esto. Y tú más, Ho Byeon Woo, eres un idiota —dijo Sanha con desprecio, mirando al chico que había traído este desastre a sus vidas.
Daeun rápidamente cubrió a Seo Bora con una toalla mientras los murmullos de la multitud comenzaban a desvanecerse ante la llegada del rescate.
—Ella es una perra. ¡No merece piedad! —gritó Binnie desde el suelo, aún furiosa y llena de rencor.
Sanha, Daeun formaron un escudo humano alrededor de Seo Bora y la llevaron a casa. En el camino, las lágrimas de Bora no cesaban. Cada lágrima era un recordatorio del dolor y la traición que había experimentado en cuestión de minutos.
Una vez en su habitación, Lim Daeun se quedó con Seo Bora mientras Yoon Sanha bajaba con Young Seo. La atmósfera era pesada; el silencio estaba cargado de emociones no expresadas.
Daeun se sentó junto a ella en la cama, tomando suavemente su mano.
—No estás sola —susurró Daeun—. Siempre estaré aquí para ti.
Seo Bora sintió cómo el calor del apoyo incondicional comenzaba a calmar el tumulto dentro de ella. A pesar del dolor que había enfrentado, sabía que tenía amigos que lucharían a su lado.