La Chica Nueva

CAPÍTULO 11

Era Francis. Venía sola y con una actitud altanera. La ignoré completamente y vi que se dirigía a los baños. Después de unos minutos, la vi salir. Me sorprendió verla caminar en mi dirección, hasta que llegó a mi lado.

—Contigo quería hablar, nueva —me dijo, como si mi reciente llegada fuera motivo de burla.

—¿Conmigo? ¿Y de qué sería? —le pregunté con un tono de voz irónico.

—De lo que pasó el sábado en la fiesta de Justin. Supongo que ya te habrás enterado.

Yo la miraba inexpresiva. No me agradaba nada ella.

—Sé que estás poniendo a Sebastián en mi contra, que le estás llenando la cabeza de cosas. Pero debes saber que nosotros tenemos una historia juntos, una relación que ya no está, pero que fue muy importante para él. Sé que no me ha olvidado, por eso se acerca a ti, porque cree que con eso me dará celos. Así que no te sientas segura con él, que cuando quiera, lo vuelvo a tener.

—Creo que la única historia que tienen es la que te inventas en tu cabeza. No me interesa saber de su relación, ni lo que él sienta por ti. Para ti tampoco debería ser tema con quién sale... Tú tienes novio, deberías preocuparte de él y no de tu ex —le vomité sin tapujos.

Figuradamente hablando, claro.

Casi no podía aguantar las ganas de reírme cuando vi su cara desfigurarse de la impresión. Ella no se esperaba esa respuesta de mi parte. A pesar de ser alguien de bajo perfil, tenía mi carácter y no me gustaba que sobrepasaran mis límites.

—Te estás equivocando conmigo. Tú no me conoces y te aseguro que te arrepentirás de haberme hablado así, de conocer a Sebas y de llegar a esta escuela, zorra.

Luego de gritarme, se dio la vuelta y se marchó. Quedé boquiabierta con su última palabra.

—¿Me llamó zorra a mí? —pregunté en voz baja.

No pude evitar soltar una risa cuando caí en la cuenta de que, al parecer, sus palabras no eran más que una proyección de su propia persona.

Y pensar que con el único chico que me he besado ha sido Jamie Fraser... ¡y en mis sueños! Está loca esa chica —murmuré.

Estaba terminando de hablar conmigo misma cuando lo vi aparecer. Hoy se veía más guapo que de costumbre. Traía el cabello despeinado y, al encontrarse nuestras miradas, me sonrió con amplitud.

—Sebas, ¿por qué no estás en clases? —le pregunté, entrecerrando los ojos.

—Hola, Charlie. Vi desde la ventana que Francis estaba contigo y quise venir a ver si necesitabas algo. No quiero que te esté molestando.

Ay, si se ponía tan serio cuando hablaba de defenderme de esa chica... Aunque no tardaba en volver a regalarme una sonrisa. Definitivamente, Sebas sí provocaba algo en mí. Algo que yo estaba ignorando, por mi poca experiencia amorosa.

—Sebastián, gracias, en serio. No quiero que te molestes ni tengas que salir de clases para venir a ver cómo estoy. Pero valoro tu preocupación.

Mientras le hablaba, no dejábamos de mirarnos y sonreír. Sebastián se acercó y se sentó frente a mí.

—No es nada, Charlotte. No quiero que pases un mal rato por mi ex celosa.

—No te preocupes, yo puedo lidiar con ella. No me puede importar menos lo que piense o diga de mí. Pero ella está muy segura de que tú buscas volver con ella. Eso me lo dejó en claro... Ah, y bueno, que hará mi vida un infierno solo por nuestra cercanía.

Vi cómo Sebas se tensaba y apretaba la mandíbula. Se acercó más a mí, estaba serio, y ladeó la cabeza, como tratando de aclarar sus pensamientos.

—Mira, Charlie, no me importa lo que crea Francis. Ella no es importante para mí ahora. Lo que tuvimos ya fue. Ella tiene una nueva relación y, la verdad, no siento nada por ella hace mucho. Yo te quiero conocer a ti, de a poco, a tu ritmo. Quiero que te sientas cómoda, y eso incluye mantener a Francis lejos de ti. Sé que ella es muy vengativa y no aceptará que yo la rechace. Quiero que me cuentes si te hace algo, por favor.

—Sí, claro. Te avisaré si sigue con su hostigamiento. Quédate tranquilo.

Sebas se acercó y me besó... entre el alma y la mejilla. Sentí cómo mi respiración se agitaba y mi corazón pedía más. Cuando lo miré, noté que él se sentía igual. Tenía un brillo distinto en los ojos y su respiración era rápida y fuerte.

Iba a decir algo cuando sonó el timbre del recreo.

—Me debo ir, Charlie. Nos vemos luego —dijo, y se dio la vuelta para caminar hacia la cancha de fútbol.

Lo vi girarse en mi dirección antes de entrar y perderse en ella.

¿Por qué me hacía las cosas tan difíciles? Cada vez que estábamos juntos, me hacía sentir especial. Su cercanía, sus abrazos y los besos que me daba en la cara me dejaban queriendo más de él. Todo se estaba dando tan rápido y naturalmente. No quería ilusionarme. Me asustaba.

Me levanté y fui por algo de comer. Luego de la hora de almuerzo, busqué un árbol que me diera sombra, me senté debajo de él y me puse los audífonos. De repente, vi aparecer a Sam. Vi que movía los labios, así que apagué la música para oírla.

—¡Charlie, no me estás escuchando! —me regañó.

—¿Qué decías?

—Te preguntaba si irías a ver el partido luego de clases. Juega Fede.

—No sé, Sami. Tengo tarea para mañana y...

—¡Ay, Charlotte Martin! Tú buscas la manera de aburrirte. Es solo un rato para apoyar a Fede. ¿Qué dices?

Puso su típica cara de cachorro triste para hacerme cambiar de opinión.

—Bueno, Sam, iré.

Me dio un fuerte abrazo y se marchó.

A la hora de salida, caminé hacia la sala de Sam. No quería irme sola hasta la cancha. Tuve que esperarla un buen rato... Olvidaba que mi hermanita era una cotorra y se detenía a hablar con quien se le cruzara.

—¡Charlie! —gritó cuando me vio—. Espero no me hayas tenido que esperar mucho.

—No, claro que no. El timbre de salida solo sonó hace quince minutos —le respondí, mientras ponía los ojos en blanco.

Sam solo rió y me tomó del brazo. Nos sentamos en la segunda fila de las gradas, cerca de la salida. Ya había varios estudiantes esperando el comienzo del partido. Al otro extremo de donde estábamos, pude ver a algunos chicos de mi curso. Estaban Ruth y su grupo. Y también pude ver a Francis, que no se separaba de Marión.




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