Aproveché para ir por mis cosas mientras los demás terminaban de desayunar. De camino al colegio, me sentía muy ansiosa. Supuse que se debía a que vería a Sebastián hoy... Quería verlo, lo extrañaba mucho, pero me ponía nerviosa tener que mirarlo luego de su mensaje.
Cuando llegamos, me demoré más de lo habitual en bajarme; Sam ya me estaba apurando, no quería atrasarse y le gustaba entrar tomada de mi brazo. A veces era tan extraña, ¡jajaja! Nos despedimos de mamá y entramos. Aún era temprano, así que nos fuimos lentamente hacia la escalera. En ese momento escuché que alguien me llamaba: era Christian.
—Hola, Charlie. ¿Cómo estás? Samantha, buenos días —se acercó a saludarnos. Mientras me abrazaba, vi de reojo cómo miraba a Sam un tanto tímido y dudaba si abrazarla también.
—Chris, ¿Cómo te va? —le preguntó Sami, mientras le acariciaba el brazo y le sonreía.
—Bi- bien. Gracias.
El acercamiento de Sam lo había hecho ponerse muy nervioso. Notaba cómo mi hermana también estaba incómoda, pero ella lo disimulaba mucho mejor.
—Quería saber cómo estabas después de lo de ayer. Ruth quedó muy triste, pero más tranquila después de saber la verdad. Aunque creo que esto no acabará bien para alguien... Es lo que pasa cuando te metes con quien no debes —se lamentó Christian.
—Mejor. Ya pasó lo peor, así que, vuelta de página y a seguir —le dije con una sonrisa.
—Solo lo siento por Mick. Él no se merecía todo esto. Creo que iré a buscarlo, debe necesitar con quién hablar. Nos vemos más tarde, chicas.
—Que tengas buen día, Chris —se despidió Sam, mientras se dirigía a su salón.
—Bueno, creo que todo esto fue para mejor... Ya no hay secretos incómodos que guardar y, a pesar de que dos personas salieron lastimadas, es mejor que seguir viviendo en un engaño —me lamenté.
—Tienes razón. No sé qué pasará cuando Ruth encare a Justin... Solo espero no estar presente, porque esos dos sacarán chispas. Te acompaño a tu salón, me toca clase cerca de ahí.
Caminamos en silencio hasta mi salón. Entré algo nerviosa. Me fui a mi asiento y ahí estaban Joaquín e Iris. Me miraban con tristeza. Vi también a esa tal Katherine y a Ruth juntas. También estaba Rosie. Cerca de nuestra mesa estaba Marión, que hablaba con Christopher.
—Charlotte, ¿está todo bien? —me preguntó con tono preocupado Joaquín.
—Sí, está todo bien, gracias —le dije, mientras le regalaba una sonrisa de gratitud.
—Al parecer lograste aclarar todo... Francis llegó antes hoy, pero cuando se encontró con las chicas y nadie le dirigió la palabra, salió de aquí corriendo. Me alegro de que alguien la pusiera en su lugar. Siempre con su actitud de víctima y, en realidad, es la peor víbora.
Me sorprendió oír a Iris referirse de esa manera. Ella solía ser siempre dulce, pero parece que la gente como Francis no era alguien que mereciera su amabilidad.
—Sí, logré confirmar lo que decía. Todo salió bien, chicos. Aunque claro, no bien para todos.
La clase comenzó poco después. Esta vez debíamos comenzar a preparar la tan anhelada exposición de libros, lo que me tenía muy ansiosa y emocionada. La maestra dio las instrucciones, nos dio ideas e hizo referencia a exposiciones anteriores. Ahora podía entender un poco más qué era lo que se esperaba de este trabajo. Decidí que quizás sería buena idea no trabajar sola, por esta vez.
—¿Tienes alguna sugerencia de libro? —le pregunté a Joaquín.
—Charlotte, si quieres, yo puedo preparar la presentación y buscar información, pero te dejo a ti la elección del libro. Yo no disfruto de leer, por lo que mi conocimiento se reduce a la historieta cómica Condorito, y ese sería todo mi aporte.
No pude evitar reír. Si bien no era mi tipo de lectura favorita, disfrutaba mucho de leerla de vez en cuando.
—Ok, veré qué libro decido. Mientras, podríamos buscar algo de inspiración.
Salimos en dirección a la biblioteca, seguidos de Iris y Jenny. Buscamos una mesa y un ordenador para ir armando la presentación. Me fui directo a los libros, mientras mis compañeros buscaban información. Estaba barajando si escogía algo de Rebeca Johns, Diana Gabaldón o...
—Deberías considerar a Rivera Letelier... Tiene obras emocionantes —dijo, mientras posaba un libro en mis manos.
—¿Cómo estás, preciosa? No respondiste mi mensaje ayer. ¿Te molestó?
Era él, Sebastián. Se veía tan guapo como siempre, y traía esa sonrisa tan linda y característica de él. Creo que automáticamente sonreí como boba.
—Precisamente estaba pensando en Hernán. Me gusta mucho Santa María de las Flores Negras. Podría ser una buena opción. No pensé que te gustara ese tipo de autor —le respondí.
—Hay muchas cosas que no debes imaginar de mí, Charlotte —dijo con una sonrisa coqueta—. Pero no has respondido a mi pregunta aún.
—Ah, eso. Estoy bien, eso creo. Mmm... sí vi tu mensaje. Y no, no me molestó —agaché la cabeza, tratando de ocultar mis mejillas rosadas—. Lo vi un poco tarde y no quise responder por la hora. No me pareció prudente molestar si estabas descansando —le confesé mirándolo a los ojos.
—Pero ¿qué dices, Charlotte? ¿Cómo me vas a molestar tú?
Me miraba fijamente y se acercó más. Tanto, que podía oler su perfume, una mezcla dulce y fresca a la vez.
—¿Sabes lo feliz que me hubiese hecho recibir un mensaje tuyo antes de dormir? Hubiera dormido con una sonrisa en el rostro toda la noche.
Le sonreí ampliamente y le mantuve la mirada. Él me rodeó la cintura con sus brazos y me susurró:
—La próxima vez, no dudes en contestar. Todo lo que te dije es cierto, créeme cuando te digo que me resultas una chica increíble.
Lo tenía tan cerca, que era inevitable no mirar sus labios tan sexys.
—Sebas, te creo. Lo consideraré la próxima vez. Pero ahora volveré a trabajar, hablamos luego.
Me soltó de la cintura, pero no se separó de mi lado. Retrocedí para caminar hacia mi grupo, cuando me tomó de la mano.