La Chica Nueva

CAPÍTULO 16

—Bueno, ya está lista la elección del libro —lo apoyé sobre la mesa y leí—: Santa María de las Flores Negras. ¿Qué les parece?

Los tres me miraron como esperando algo más de mí.

—Buena elección, Charlotte. Me gusta mucho este autor —me dijo Jenny sonriendo.

—Sí, estoy de acuerdo. Es un buen libro. Pero, al parecer, la elección tuvo la influencia de alguien... —me enfrentó Iris, mientras me lanzaba una mirada cómplice.

No pude evitar enrojecer y sonreír.

—Es mejor que nos pongamos a trabajar ya, para avanzar algo antes de que termine la clase —les dije, para desviar un poco el foco de mí.

Nos repartimos algunos puntos del trabajo y empezamos a trabajar. Deben haber pasado unos diez minutos cuando sentí que alguien posaba sus manos en mis hombros. Era él, Sebastián.

—Charlie, ya me voy. ¿Te parece si te espero a la salida? —Sebas se había agachado para hablarme cerca del oído.

—Sí, claro. Ahí nos vemos, Seba —le sonreí como una tonta.

—Vale, los dejo seguir con lo suyo —dijo, y se fue.

—¡Hey, Charlotte! No es que sea de nuestra incumbencia, pero... ¿tienes algo con él? Lo pregunto porque, con el asunto de Francis y todo eso, ella nombraba mucho a Sebastián y decía que él seguía enamorado de ella. Pero ustedes se ven muy cercanos.

Joaquín no solía entrometerse en otros asuntos, por lo que me tomó por sorpresa su pregunta.

—Somos "amigos". Él es del grupo de amigos de mi hermano y por eso hemos compartido un par de veces, además de las clases que tenemos juntos. Pero si te refieres a si somos novios, no lo somos —traté de ser lo más sincera posible en mi respuesta.

—Pero los amigos no se besan... ¿o yo estoy viendo mal? —Iris se las traía. Había estado observando mi encuentro con Sebas.

—No, no se besan. Pero eso no dice nada. O sea, no nos convierte en novios. Aunque sí hay algo más que amistad entre nosotros... Y sigamos con el trabajo, o si no me harán hablar de más.

Los oí reírse y mirarse con satisfacción por mi nueva confesión. Traté de mantenerme lo más concentrada posible en lo que hacíamos, pero me resultaba inevitable a ratos no pensar en Seba y nuestro "beso". Pero sería el inicio de algo más, intuí.

Al pasar un rato, Joaquín habló:

—Ya, chicas, yo creo que hemos avanzado mucho. Podríamos descansar y el resto dejarlo pendiente. Podríamos juntarnos a terminarlo o trabajar cada uno en su casa y luego acá armar todo. ¿Qué les parece?

Me gustaba la idea de Joaquín; leer tanto ya me tenía con un poco de dolor de cabeza.

—Por mí está bien. Pueden ir a mi casa si quieren. Mi hermano se junta a entrenar en la semana, así que no nos molestará —dijo Iris.

—Voto por esa idea —añadió Jenny.

—¿Y tú, Charlotte, puedes?

Joaquín claramente se sumaría a la votación de la mayoría.

—Sí, sí puedo. Solo veamos que no sea en fecha de examen —dije, para no parecer problemática.

El resto del día no pude sacar de mi cabeza el beso con Sebastián. No lograba entender cómo yo, Charlotte Martin, había sido tan atrevida de besar a un chico sin previo aviso, en un lugar público y en pleno horario escolar. Supongo que esas reacciones no se piensan mucho, son innatas y ya. Estaba más ansiosa aún, sabiendo que Sebas me quería esperar a la salida. Algo tramaba, pero no imaginaba qué podía ser. Aunque me daba igual: mientras pudiera verlo un rato, eso me hacía feliz.

En la siguiente clase hubo un cambio, ya que el profesor de ciencias se accidentó y debió irse al hospital. Así que nos tuvieron que juntar con otro curso. Estaban comenzando la clase de música cuando entramos. Había pocos estudiantes, supongo que se debía a que la mayoría elegía talleres deportivos antes que los artísticos. Tomamos los primeros asientos y nos mirábamos unos a otros esperando las instrucciones.

—Bienvenidos todos. No esperábamos esta visita, por lo que no hay instrumentos para todos. Tendrán que compartir por el momento. Formen grupos de tres y practiquen las notas de la pizarra —terminó de ordenar el profesor.

Miré a todos lados buscando algo que supiera tocar y vi que Andrew se acercaba a mí.

—Hola, chica problemas. ¿Cómo estás? —me dijo mientras me guiñaba el ojo.

Lo vi apoyar en la mesa una caja de madera cuadrada; supuse que se trataba de un metalófono.

—Gracias por ese recibimiento. Creo que estoy bien —respondí, mientras aparentaba estar molesta. Claramente no me creyó mi falso enojo, y ambos nos pusimos a reír.

De repente, sentimos carraspear a alguien a nuestro lado. Era Ruth. Buscaba un grupo para integrarse.

—Hola, Andrew. ¿Te molesta si trabajamos juntos?

Me dio la impresión de que me estaba evitando, pero para su mala suerte, tendríamos que trabajar juntas si quería unirse a Andrew.

—Eh, no. Claro que no. Pero yo estoy con Charlotte también. Iré por unas sillas —y salió de la sala en busca de ellas.

Me puse a escribir las notas de la pizarra mientras esperaba el regreso de Andrew, cuando sentí que Ruth se acercaba a mi asiento.

—Hola, Charlotte... Disculpa no haberte hablado antes. Creo que no me comporté como debía contigo. Te debo una disculpa... y también un agradecimiento. Si no hubieras confesado lo de Justin y Francis, me hubieran seguido viendo la cara de estúpida.

Noté cómo hablaba con rabia, pero sus ojos reflejaban tristeza.

—No han sido días fáciles, pero sé que todo fue para mejor.

Notaba cómo su mirada estaba perdida, inmersa en sus pensamientos, pero sonaba sincera en sus palabras.

—No pasa nada. Imagino que no es fácil estar en tu posición... No suelo tener buena relación con las chicas, pero tampoco me esperaba ese matonaje de parte de todas. Sé que lo que dije debió ser en privado y no exponerte delante de todos. Pero era la única salida que tenía frente a las mentiras con las que me acusaba Francis.

Y era cierto. No me sentía orgullosa de tener que gritarle en la cara a una chica, delante de todo un salón, que su novio la estaba engañando. Pero, dadas las circunstancias, eran ellas o yo.




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